Sabía que estaba muerto

Gabriel Mejía Pérez

Cuando vio la luz y escuchó el estruendo, sabía que estaba muerto, pues era imposible a esa distancia regresar al refugio: «lástima por tanto alimento», se dijo. Pocos metros lo separaban de su recién estrenada cripta, pero la lluvia sería implacable y no le daría tregua. Triste la vida de un caracol panteonero, pensó, y siguió arrastrándose.

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