Novela ‘El amante polaco’ de Elena Poniatowska, una historia de amistades y amores

Virginia Bautista

“Tenemos que saber hacer… Un pueblo entero se salva si sabe hacer”, dijo Stanislaw August Poniatowski (1732-1798), el último rey de Polonia, cuando, al ver las salas derruidas del Palacio Lazienki, descubrió que debía levantar su reino desde cero.

Hacer todo. Desde cultivar la tierra hasta encuadernar libros, desde levantar un puente hasta cocinar una buena sopa, desde amasar pan hasta repartirlo. Saber hacer es la salvación de todo”, señaló.

Este esfuerzo educador del monarca “es tal vez su mejor enseñanza, la que más me marcó, no dejarse derrotar por la adversidad”, afirma la escritora Elena Poniatowska (1932) sobre su ancestro, cuya vida recrea en su novela El amante polaco (Seix Barral).

En entrevista con Excélsior, la Premio Cervantes 2013 habla de la segunda parte de esta biografía novelada de Stanislaw Poniatowski, nacido justo dos siglos antes que ella y famoso por ser uno de los amantes de Catalina II de Rusia.

Él apoyó la cultura, la ciencia y el arte; construyó centros de estudio, laboratorios y campos de entrenamiento físico. Propuso en 1771 una de las constituciones más avanzadas de Europa, que apoyaba la igualdad de las mujeres.

Aun así, el país se deshizo entre sus manos, se lo repartieron Rusia, Austria y Prusia; Polonia desapareció de la faz de la Tierra en 1795, durante 123 años, incluso quedó prohibido pronunciar su nombre. Me intrigó conocer por qué este hombre no pudo defender a su patria si tomó el camino correcto”, explica.

Sentí simpatía por él desde el principio, porque no se creía y era muy afectuoso con la gente que trabajaba con él, con sus sirvientes y los campesinos”, detalla la novelista en la sala de su casa de Chimalistac.

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