La angustia de la página en blanco

Foto: Chalkboard/742680/Pixabay

Márcia Batista Ramos

Estuve allí, frente a la página en blanco. No sabía sobre qué escribir y las ideas, como pompas de jabón, brillaban por un instante, luego se explotaban, se reventaban en el aire, haciéndose diminutas, haciéndome incapaz de atraparlas…

Dejé la hoja en blanco abandonada, sabiendo que un sufrimiento quería apoderarse de mí en pleno proceso de escritura y fui hasta la cocina con un paso automático; entré a ese espacio tan familiar, donde busco o preparo alimentos todos los días, y vi una puerta roja entreabierta en pleno espacio de circulación. Dudé por un momento, luego traspasé el umbral abriendo más la puerta roja. Para mi sorpresa, entré a una cocina rústica, con fogón de barro y fuego de leña; acogedora con toda su simplicidad.

Sentada en un banco, frente a la mesa cubierta con un mantel de estampa colorida, estaba la mujer arrugada por el tiempo, con su cabello blanco y su cuerpo caquéctico, tenía una especie de bañador sobre las piernas y movía sus manos dentro del bañador, como si estuviera descascarando o desmenuzando algo; no levantó la cabeza, apenas dijo:

-La literatura es el lugar donde lo absoluto se relativiza y se disuelve, como el azúcar en el agua que la endulza, cambiando su sinsabor. El resultado es agradable al paladar, aunque ni siempre el dulce, sea un sabor apreciado por todos. Las historias son prodigiosas, basta contarlas…

-Buen día de Dios…

-Sé que estás sorpresa. Lo que sucede es que la literatura es un lugar común que permite la existencia del tiempo sin tiempo. Como en el sueño donde la temporalidad logra ser infinita…

Inmediatamente, pellizqué mi mano izquierda y dolió; al tiempo que supe que no estaba soñando, percibí los olores de aquella cocina: fuego a leña y dulce de coco.

La anciana usaba un vestidito de fondo blanco con una estampa suave en tono lila, llevaba un delantal rosa, bien ceñido a su cintura diminuta. Me repuse rápidamente de la sorpresa de encontrarla allí con su cocina, sus apetitosos dulces y su mente brillante.

-Me siento honrada por estar aquí, en este preciso momento, sé que es real, aunque parezca un sueño.

– Valoro los sueños, porque sencillamente es la otra parte de la vida que viví. En ellos estaban los bailes con zapatillas de cristal, mientras que en vigilia caminaba, muy temprano, con chinelas por la estrada polvorienta que me llevaban hasta la ciudad, donde podía vender los dulces que cargaba sobre la cabeza, para comprar los alimentos que sostenían a mi prole. Los sueños, siempre sirvieron para reaccionar frente al entorno y mis propias circunstancias. Gracias a los sueños, viví muchas vidas paralelas y así, alivié los fardos de la vida. Los recuerdo ahora, como una especie de metáfora de la aventura, porque, al fin y al cabo, lo que hacemos cuando soñamos despiertos es precisamente eso: inventar otras existencias o cambiar, incluso, de identidad, pasear por sitios insospechados. ¿Qué sería de la vida sin el sueño, los sueños?

-Pienso que los sueños son necesarios, frente a la vida caótica y absurda. Sin ellos creo que ya me hubiera autoliquidado.

-Es fácil depararse con el caos, pues es inmenso lo absurdo de la vida, empero, no es necesario alimentar un sentimiento de autodestrucción. La vida siempre se acaba sola. Hay que buscar sus momentos mágicos, para garantizar que valió la pena vivirla.

-La vida y sus eternas sorpresas, hay que esperar que acabe para saber que valió la pena ser vivida.

– Si, no cabe duda, de que la vida es una especie de laberinto lleno de sorpresas, no da tregua, siempre presenta nuevas preocupaciones al medio del camino y al final despegas para el “cielo” desconocido, donde las preocupaciones son vanas y los dolores que te causaron o que causaste, ya están perdonados.

-Todo nos pasa. Todo nos pasa por ser.

-La vida es una historia tragicómica que siempre acaba. Apenas empieza, y ya parece que hubiera pasado varios años.

– ¿Y Dios?

– Para Dios todo es deliberado y fatal. Dios es profundo como el cosmos y capaz de todo.

– La lectura, así como los sueños, ayuda a completar la vida de muchas maneras…

– ¡Lógico! Para mí la lectura es la metáfora de la aventura, porque siempre nos lleva a otros mundos (en una especie de viaje) otras vidas y nos provoca sentimientos. Además, es bonito ver la fusión de lo real y lo irreal, combinar elementos mágicos y pasajes realistas, igual que en la vida, cuando caminan la vida y los sueños juntos… ¿Percibes que la lectura es una manera de soñar despierto? ¿Percibes que la lectura es un sueño soñado por otro?

– Muchas veces, pienso que estoy soñando cuando estoy leyendo. Otras veces, hay lecturas tan vívidas, que parecen recuerdos. ¿Tienes muchos recuerdos?

– No siempre los recuerdos son inmediatos, pero aparecen, a veces, en media calle o entonces, cuando estoy probando el punto de la calda que espera el coco rallado fino. Los recuerdos sorprenden. No sé qué es lo qué les pasa.

– Le comento que quería escribir y de repente, se fueron las ideas. Me quedé bloqueada con la página en blanco y vine a la cocina a buscar algo… A pedir socorro. Me siento feliz, por haberla encontrado. Parece un sueño…

– La angustia de la página en blanco, para mí es algo inventado. Porque soy de un tiempo donde escribía el que sabía escribir y, además, sentía la necesidad de hacerlo.  Escribíamos, sin necesitar ideas nuevas, porque, sencillamente, en mi tiempo no escribíamos ideas, escribíamos sentimientos. Y los sentimientos afloran en cascadas cuando estás vivo. Sin embargo, el bloqueo es algo que pasa, según mi percepción, con aquellos que están entrenados para escribir, entonces la falta de entrenamiento (por el motivo que sea) impide que realicen la tarea. No hay que perder de vista que la literatura, como todo arte, también es un juego muy serio, que desarrolla la creatividad de los seres humanos. Pero trate de sentir.

– No me creo insensible, apenas trato de ser un poco lúcida, la literatura puede promover una ruptura contra un orden establecido, muy al margen de retratar una realidad. Casi siempre es difícil ser coherente, porque estamos dotados de un mundo propio.

– Creo que tú no podrías escribir con lucidez. Para eso, deberías primero ser, para después escribir… No es un cumplido, pero tengo que decirte lo que pienso, para que dejes de nadar por aguas que te complican.

– Estoy asombrada con su lucidez. Con razón, su nombre se quedó inmortalizado.

– ¡No es cierto! Todo es ilusión del ego que es miope, casi ciego, y permite que la vanidad lo sostenga. En realidad, a la distancia, el olvido entierra a los poetas… Tal vez, nunca imaginaste, que son muchos los versos que se encuentran olvidados en bibliotecas silenciosas y vacías. Con el pasar del tiempo, serán muchos más. Por eso, no importa si escribes con carbón en un muro, o si tus versos están lujosamente empastados en cuero con letras doradas; tampoco, importa si el cuaderno de recetas permanecerá cerrado y nadie se enterará del poema entre la receta de tablillas de zapallo y del dulce de coco húmedo. Hay muchas cosas que el mundo no entiende… El reconocimiento universal es una especie de barniz que hace brillar al ego cuando estás viva. En la muerte, descubres que el universo es tan grande y aquello que llamabas de universal es menos que un pequeñito grano de azúcar molida.

– Todo parece lleno de misterio, la vida parece complicada, pero, cuando empezamos a entender cada momento, podemos unirlos como una colcha de retazos y es impresionantemente colorida y bella, escribiste algo así. – Noté que apenas me prestaba atención, mientras remecía algo en el bañador. Luego de una pausa volvió a hablar:

– Cada quien tiene sus claves precisas, para vivir o escribir, por eso la escritura es sui generis. En muchos casos, se renueva constantemente; intenta encontrar otros matices. Otras veces, casi se confunde con la vida; depende del ritmo; depende de la pluma.

– Me tranquiliza saber.

– A mí, me gusta saber que, lo posible y lo imposible tienen una relación de implicación; me percato que ambos mundos se invaden, pues las esferas de la realidad y la fantasía no se excluyen entre sí. Son como la vida. Un espacio parcial y fragmentado. Donde reside la ambigüedad. Por eso es posible el deslizamiento del sueño a la realidad y viceversa.

Dijo eso y se desvaneció, con cocina dulces y todo. Me quedé medio paralizada en mi cocina, muy cerca al fregadero. Lo único que atiné fue gritar:

– ¡No te vayas, Cora! ¡Regresa, Cora Coralina!

El miedo de la página en blanco, ha sido una de las angustias más comunes de los escritores, dicen que algunos han hablado abiertamente de ello, o bien han dejado algunos consejos para eludirlo.

***

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidade Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Radica en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Editora en Conexión Norte Sur Magazzín Internacional, España. Columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y Columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, Mandeinleon Magazine, España, Archivo.e-consulta.com, México, Revista Barbante, Brasil, El Mono Gramático, Uruguay. Además, es colaboradora ocasional en revistas culturales en catorce países (Rumania, Bolivia, México, Colombia, Honduras. Argentina, El Salvador, España, Chile, Brasil, Perú, Costa Rica, USA, China, Nepal, Uzbekistán, Paquistán, Arabia Saudita). Publicó: Mi Ángel y Yo (Cuento, 2009); La Muñeca Dolly (Novela, 2010); Consideraciones sobre la vida y los cuernos (Ensayo, 2010); Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX (Esbozo Biográfico, 2011); Tengo Prisa Por Vivir (Novela Juvenil, 2011 y 2020); Escala de Grises – Primer Movimiento (Crónicas, 2015); Dueto (Drama, 2020); Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad –Violencia Contra la Mujer. (Ensayo, 2020); Universo Instantáneo (Microficción, 2020).

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