Prostitución: la cara evidente del tráfico de personas

Foto: Amsterdam/PublicDomainPictures/Pixabay

Márcia Batista Ramos

La lógica de la trata de personas es la lógica de la delincuencia, por lo tanto, no tiene límites en sus propias búsquedas por el poder y por el placer. Representando una fuente inagotable de riquezas, por los actos criminales como es el tráfico y la trata de personas y, también por otros actos delictivos que andan hermanados como el tráfico de drogas y armas, incrementando el caos. Todo sin importar la cuota de dolor que se impondrá a los demás.

Entre los dolores que construyen nuestra realidad, el terrible drama del tráfico y trata de personas representa una de las transacciones más escalofriantes que vulnera la libertad y todos los demás derechos humanos. Es un vil negocio que mueve miles de millones de dólares al año, ya que, a las personas, se las vende como a objetos. Atentando contra su dignidad. Las víctimas, en su mayoría son mujeres y niños obligados al trabajo sexual en una horrenda práctica de esclavitud moderna, donde hombres psicópatas, enfermos mentales lucran con sus cuerpos y\o los utilizan para su placer, pagando por ellos.

El dolor y el infortunio de algunos seres humanos, infelizmente, representa riqueza, poder y placer para otros seres humanos. Las mujeres y los niños representan el 80 por ciento de las víctimas de la trata de personas en todo el planeta, por su condición de desigualdad y, por ende, de mayor vulnerabilidad. Sumados al hecho de que sus cuerpos son altamente demandados en la industria sexual, a quien no interesa si tienen mentes o almas; como tampoco interesa, cuál será el resultado de la devastación que les será impuesta.

Lógicamente, que la industria sexual es un negocio de hombres enfermos, incapaces de dar y recibir amor; son hombres, incapaces de conquistar a otra persona; lo que les lleva a comprar cuerpos que satisfagan sus taras; teniendo en cuenta que existen otros psicópatas, sin escrúpulos, con la capacidad de ofertar los productos que los primeros pueden pagar. Las drogas favorecen al acercamiento de esos criminales entre sí, además de ayudar al sometimiento de las víctimas, reforzando la dinámica del poder por la fuerza bruta, en un marco delictivo sin precedentes.

Esa siniestra actividad criminal, transaccional crece rápidamente en todos los países, dejando al descubierto la ineficacia de los Estados para proteger a las mujeres y niños, permitiendo que crezcan los índices de crímenes de lesa humanidad. Mostrando que los ciudadanos están nadando en la profundidad de los mares de la inseguridad jurídica y ahogándose en el sufrimiento.

La prostitución como actividad normada, sirve para disfrazar el comercio sexual forzado, pero cuando se trata de niños y niñas, adolescentes y menores de edad, invariablemente es prostitución forzada por proxenetas inescrupulosos que los tienen sometidos contra su voluntad y bajo amenaza. Es fácil detectar la infame dinámica de la trata y la miseria que construye.

La faz más explícita del tráfico y trata de personas es la explotación sexual. La otra cara del tráfico y trata de personas es la extirpación de órganos para el comercio ilegal, además del trabajo forzado.

El trabajo forzado es un mal fomentado por la pobreza, por las pocas oportunidades laborales en un país que no logra resolver los problemas estructurales que conllevan a la inmigración, dejando a las personas en situación de vulnerabilidad y riesgo ante el crimen organizado.

Las largas franjas fronterizas poco resguardadas, favorecen al traslado ilegal de personas para que sean esclavizadas en países vecinos o acarreados a lugares inescrutables que tornan imposible su localización y regreso, perpetuando el infortunio de cual son víctimas. Dejando establecido que las personas no pueden gozar de sus derechos individuales y que los Estados no garantizan los derechos colectivos.

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Márcia Batista Ramos, nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidade Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Radica en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Editora en Conexión Norte Sur Magazzín Internacional, España. Columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y Columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, Mandeinleon Magazine, España, Archivo.e-consulta.com, México, Revista Barbante, Brasil, El Mono Gramático, Uruguay. Además, es colaboradora ocasional en revistas culturales en catorce países (Rumania, Bolivia, México, Colombia, Honduras. Argentina, El Salvador, España, Chile, Brasil, Perú, Costa Rica, USA, China, Nepal, Uzbekistán, Paquistán, Arabia Saudita). Publicó: Mi Ángel y Yo (Cuento, 2009); La Muñeca Dolly (Novela, 2010); Consideraciones sobre la vida y los cuernos (Ensayo, 2010); Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX (Esbozo Biográfico, 2011); Tengo Prisa Por Vivir (Novela Juvenil, 2011 y 2020); Escala de Grises – Primer Movimiento (Crónicas, 2015); Dueto (Drama, 2020); Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad –Violencia Contra la Mujer. (Ensayo, 2020); Universo Instantáneo (Microficción, 2020).

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