«Sibelius Fractal»

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por José Falconi


La imaginación lúdica y alegórica de Alejandro Aldana Sellschopp ha encontrado su acertada expresión literaria en una narrativa de densidad poética: la novela Sibelius  Fractal, publicada por la editorial Camelot América en este 2021, año aún pandémico. El autor nos muestra en una sucesión de sueños y pesadillas sus amplias facultades para construir una erotizada trinidad —mundo, deseo y muerte— que se potencia en ese penumbroso y especular juego de múltiples personajes en que Ángel Sibelius se «fractaliza».  Él es el personaje paradigmático (el fractal) que se repite a diferentes escalas emocionales, en las estructuras básicas de la espesa o volátil humanidad que lo rodea, en medio de una cantidad ingente de peripecias en un mundo que avanza por el sendero de agujas o por el de alfileres hacia el apocalipsis, hacia el caos. Las referencias históricas y el escenario cultural que hay en esta novela es, a mi sentir, el telón de fondo de esta pieza (pieza, en sentido teatral) en que se expresa una percepción neo-barroca de la realidad, aderezada  con aromas balsámicos o fragantes de diversidad de plantas, bulbos, hierbas y flores; humores malignos de infecciones mortales o de exoneraciones de animales y gentes; sabores de íngrimas colaciones o pantagruélicas comilonas; visiones de espanto mortuorio de rostros deformados por los bubones de la peste negra entre esputos sanguinolentos, o de  féminas de belleza angélica, de piel turgente de la madre mítica, lúbrica mujer-niña cuyas piernas pueden alargarse de manera interminable. Madre-mujer-niña libidinosa que escenifica con su vástago una leyenda de los bosques, de la selva negra europea, a la que se le restituye toda su carga erótica y perversa: el hijo Ángel-lobo convida a Ofelia, la madre-niña-mujer, que exhibe sin recato su desnudez, a un ágape ritual en que se ayuntan Eros y Tánatos: comer la carne de la abuela y beber su sangre en una heterodoxa eucaristía.

La peste negra

“Sibelius Fractal” de Aldana Sellschopp: historia de conceptual barroquismo entramada a través de una tensión articulatoria en el lenguaje que dinamiza el corpus narrativo por medio de una selección de imágenes que tiro por viaje, para decirlo coloquialmente, poetizan la realidad objetiva. Así, verbigracia, tenemos que “los años pasan como un cortejo de sombras”;  “ruinas de un pasado incierto como la noche”; “vigilia reflejada en el espejo del sueño”; “la niñez, una flor que se deshace en las manos de la eternidad” y muchos ejemplos más. Formas de dicción que le confieren misterio, fantasmagoría, voces nostálgicas y líricas que le dan a la fábula un acento funambulesco.

El viaje de la troupe de Edmundo Piler —el Maestro, la encarnación del deseo de Ángel Sibelius de ser poseído, gobernado, amado y castigado por un padre-rey, así sea éste un cómico alcohólico y demente—; viaje mágico y misterioso de iniciaciones férvidas para presentar en Londres, ante la reina Isabel I y su corte de notabilísimos, una obra que al cuestionar el linaje real pone en entredicho la legitimidad de Isabel I. Es entonces que, como en un cuento de Edgar Allan Poe  —“La máscara de la muerte roja”— se manifiesta la ominosa realidad que genera el pánico, aun en la propia reina que huye transformada en un rinoceronte blanco, la siniestra peste ha llegado al recinto palaciego.

Alejandro Aldana Sellschopp
Alejandro Aldana Sellschopp

El origen de esta mortal calamidad tiene un nombre: Yersinia, la mala mujer, la bruja encantadora que seduce al santo varón Fray Rodrigo de Asís y que en un diabólico ayuntar frente al Altar Mayor transmite al fraile la bacteria de la peste. Yersinia, Yersinia, Yersinia pestis. Despecho, desencanto, angustia han acompañado siempre el destino de los hombres, así que ¿por dónde caminaremos? ¿Por la vereda de agujas o de alfileres?

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