Por amor a los gatos

Foto: Gato mascotaguia.com

Aldo Fulcanelli

Sobre los gatos, alguien dijo que “es el único animal capaz de domesticar al hombre”. Ciertamente, el gato es el más feral de los animales domésticos, o yendo incluso más lejos, me atrevería a decir que aun cuando se trata del más querido de los felinos, presente en nuestras vidas a través de la puerta giratoria de la infancia, jamás se le consigue domesticar a plenitud.

¿Quién no ha tenido alguna vez a un gato? O bien, ¿Quién no conoce a alguien que tenga o haya tenido a un gato como mascota? Pocos animales causan al mismo tiempo la más simpática de las devociones, la intriga más irrefrenable, o inclusive, un acendrado temor cercano a la superstición. ¿Quién no ha meditado, aunque sea por curiosidad, en el supuesto mal agüero de toparse con un gato negro por la calle?

Hay quienes, viendo en los singulares felinos, una creación más de la indómita madre naturaleza, se dedican a recogerlos, buscando proveerles un hogar digno de su demandante personalidad. Pero también, hay aquellos que los detestan, encontrando en su conducta animal, una muestra de maledicencia, por aquello de su penetrante mirada, a la que algunas creencias populares; han atribuido una vinculación con la brujería.

Pero la relación de los gatos con el ocultismo, al menos en el imaginario popular, es muy anterior a nuestros días, y se remonta incluso a la Europa medieval tan azotada por la peste, también como lo hemos comprobado, por una ignorancia galopante. Pero más allá de la esotérica presencia de los felinos, a la que autores como Edgar Allan Poe y el propio Stephen King, han dedicado cuentos de carácter insólito, o la más rendida afección intelectuales de la talla de Julio Cortázar y Carlos Monsiváis, los intrigantes hábitos gatunos, catalogados muchas veces como indescifrables, son explicados por la etología, rama de la ciencia dedicada al estudio de la conducta animal.

Siglos de observación, han permitido determinar el proceder evasivo de los gatos, así como su repentina actitud distante, erróneamente asociada con la pereza, la arrogancia y hasta la traición, comportamientos propios únicamente del animal humano, y no de los encantadores felinos, a quienes pareciéramos no perdonar su ancestral independencia. 

El temperamento de los gatos, está muy lejos de ser nervioso, estos permanecen en guardia, como parte de un proceder instintivo que los impulsa a defenderse de cualquier intempestivo ataque. El no convertirse en presa fácil de algún depredador, permite a los gatos, dotados por la natura de un inmejorable organismo que los convierte en verdaderas máquinas de supervivencia, revisar en cuestión de segundos el entorno, checando posibles rutas de escape, ayudados igualmente por sus poderosos músculos, con los que multiplican varias veces su tamaño de un solo brinco.

Ciertamente, el salto de un gato, poderoso como un rayo, certero como la flecha, es uno de los espectáculos más vibrantes que nos ha regalado la biología. Muchos hemos quedado prendados de la ensoñadora mirada de los gatos, que, de plácida, pasa al desenfreno más instintivo, sanguinario, cuando se trata de saborear algún pájaro, y hay quienes se refieren a los felinos, como inmejorables catalizadores de ansiedad, cariñosos o decididamente ferales, según el día y la hora.

Hay quienes somos adictos al calor que los gatos nos brindan cuando brincan a nuestras camas, o al imperdible ronroneo cuyas propiedades respiratorias y relajantes, la ciencia aún se encuentra dilucidando, lo cierto es que, acerca de la comunicación gatuna, podrían escribirse libros enteros, hoy sabemos que el maullido de los gatos nunca es el mismo, varía según el estado de su necesidad.

Feroces como machos dominantes, celosos, diligentes y evasivos con los humanos, codiciado trofeo de los perros callejeros, cuyas cuitas frente a los felinos dejaron consagrados los dibujos animados de la Warner Bros, los gatos continúan siendo un acertijo, un exótico libro que la naturaleza ha preferido dejar entreabierto.

Bukowski, Diego Rivera, Marlon Brando, Audrey Hepburn, Frida y hasta Ernest Hemingway, célebre no únicamente por sus novelas, sino por su enorme espíritu aventurero, fueron amantes de los gatos, quedando el testimonio para contento de la posteridad, en fotos de total antología. 

¿A dónde van los gatos cuando no los vemos?  ¿Hacia dónde miran exactamente? cuando pasan largas jornadas con la vista fija en un punto, son algunas de las preguntas, que todo apasionado de la vida debe hacerse en más de una ocasión. Melindrosos, ariscos, amorosos y juguetones, debemos admitir que la irredenta arrogancia humana, no ha podido con la habilidad de los gatos para tripular a cierto tiempo nuestras vidas.

Mientras que la pupila de un felino se contrae al incesante ritmo de una duda, cabría preguntarnos si un gato acompañará a la última generación de sobrevivientes del agónico planeta Tierra, o si la próxima arca de Noé, será una nave intergaláctica que sembrará los restos de la fauna en otras ignotas latitudes.

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