Vidas anticipadas

Foto: YouTube/Milenio

Luis Martín Quiñones

“El futuro es ese periodo de tiempo en el que prosperan nuestros negocios, nuestros amigos son verdaderos y nuestra felicidad segura”.

Ambrose Bierce

En nuestra desesperada y vertiginosa necesidad por el disfrute de las épocas del año, anticipamos las celebraciones, como si en ello, pudiéramos gozar de una fiesta más placentera y prolongada.

Tal vez, ahora más que nunca, en tiempos pandémicos, en los que, bajo un pesimismo justificado podríamos llamarlo “el año perdido”, intentamos prolongar los festejos para paliar un poco la desesperada cautividad de nuestras vidas.

Como cada ciclo anual, vemos diciembre como la culminación de nuestro esfuerzo y el fin de un ciclo que debe ser cerrado con grandes banquetes laborales, abrazos y brindis bohemios. Así, ya nos saboreamos la precuela navideña, la saga guadalupana como nuestro mayor ritual nacional, y el inevitable nostálgico treinta y uno de diciembre depositario de las promesas incumplidas.

Durante el “Buen Fin”, por cierto engañoso y de muy dudosos descuentos, las plazas comerciales, restaurantes, y cualquier negocio ya han dejado ver sus adornos decembrinos (¡pero estamos en noviembre!). Luces, árboles, y alguno que otro regalo ya ilusiona a su destinatario. Y quizás, con algo más que razón, en este 2020, más vale anticiparse ante la dudosa estabilidad económica y sanitaria que se vive con terror. Ante la muerte que ronda y roza constantemente nuestras vidas, más vale uno o muchos brindis, por si acaso.

Quizás, este año sea la excepción a valorar dicha anticipación obsesiva, medidas que desde hace muchos años se observa como la conducta colectiva de un desbordado consumismo.

Ya es una costumbre vivir en el futuro. La fugacidad de las celebraciones también se han hecho desechables como un objeto de consumo. Jamás alcanzamos a tener el último producto de moda porque a la semana siguiente ya es obsoleto. Las fechas conmemorativas, como las noticias, cada vez son más perecederas.

Antes celebrábamos el mes de noviembre, ahora se termina el día dos, y adiós muertos, se acabó su tiempo, ni modo, a lo que sigue. La patria también ha tenido su devaluación: el mes patrio se ha colapsado a un grito a las once de la noche. Los muertos de hoy, se olvidan mañana. La inundación de Tabasco y Chiapas, fue olvidada antes de ser noticia.

Diciembre comienza en diciembre. Pero qué más da, lo podemos comenzar en noviembre. El colapso de nuestra ya de por sí devastada economía, ha inhibido al mecanismo elemental de supervivencia: el miedo. Por tan mal año, comerciantes y compradores han salido a las calles a una pequeña satisfacción, a la onírica epopeya de adquirir una porción de felicidad.

No obstante, las recomendaciones, las aglomeraciones para las compras son ya una neocostumbre: juntos con cubrebocas, hasta que la muerte nos separe.

El futuro se ha convertido en la preventa inmobiliaria de la eternidad: “compre su parcela de tiempo, contamos con facilidades, aproveche, el tiempo se va”; “viva por adelantado, disfrute de la felicidad que le depara el futuro”; “celebre una Noche Buena para que goce de la nostalgia”.

El futuro es nuestra caja de Pandora, los males ya han salido, queremos la esperanza anticipada.

Leave a Reply

Your email address will not be published.