Puntos suspensivos

Drojan Lugo

No puedo escribir más que puntos suspensivos, puntos suspensivos que cuelgan de otros puntos interminablemente suspensivos, y es inútil querer huir de la soga que cuelga como una invitación al cuello. Ël y ella estuvieron ahí desde un principio, cogidos de la mano, como si quisieran decirme la noche que aún me falta para poder gritarla. Estoy ciego, es cierto, y mudo y manco y los puntos me acorralan, y soy yo quien los prosigue como un animal que teme el filo de la espada y lo embruja, lo acaricia y le dice «eres mío».

No puedo escribir, como ya he dicho, como lo ha dicho el que me mira y me reclama la falta de firmeza para ya no arrastrar los miedos en las celdas de los otros.

Si pudiera morir, lo haría con el gusto de saber que los puntos son los cerrojos que la muerte coloca en el cuello de los vivos. Si pudiera morir, ah, sin tan sólo pudiera morir por un momento al menos, si pudiera lograr que mi vida ya no fuera mi vida, y si pudiera ser capaz de olvidarme de los puntos suspensivos, como me he olvidado de lo que ya he olvidado, la vida sería entonces mi vida.

Pero ahí están los puntos suspensivos, ahí están Él y ella, como siempre, royendo mi cuerpo, atando en mi cuerpo una agonía de que me deja caer y me levanta…

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