Cernuda, el maestro

Luis Cernuda Bidón nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902. Su padre, Bernardo Cernuda Bousa, era natural de Puerto Rico, aunque los abuelos paternos procedían de España,ejerció la carrera militar. Su madre, Amparo Bidón Cuéllar, era sevillana, con ascendencia francesa por la rama materna. Estudió el bachillerato en el colegio de los escolapios y escribió sus primeros versos a instancias de su profesor de retórica, don Antonio López. Ya en la pubertad el poeta se da cuenta de sus inclinaciones homosexuales, lo que, en la sociedad de la época, le acarrea profundos conflictos internos. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla, allí conoció como profesor de Literatura en a Pedro Salinas que le recomienda leer tanto a los clásicos como a los franceses, esto será fundamental para el equilibrio perfceto entre tradición y originalidad que mantendrá la futura obra del poeta.
En 1920 falleció su padre, poco después tuvo que realizar el servicio militar y fue en esta época en la que decidió definitivamente su vocación poética y empezará a publicar en revistas lo poemas que acabarán configurando su primer libro: Perfil del aire. Terminó la carrera pero nunca llegó a ejercer la abogacía sino que se volcó en su pasión literaria, lo que le llevó conocer a Juan Ramón Jiménez y publicó en Revista de Occidente y a viajar a Madrid donde conectó con los círculos intelectuales.
1927 fue un año fundamental para la historia de la poesía española ya que una generación inigualable de magnos poetas, que serían conocidos como la Generación del 27, se aunaron para realizar el homenaje a Góngora, allí conoció Cernuda a Federico García Lorca, al que le uniría una profunda amistad. En abril de ese año la revista Litoral, de Málaga, dirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, le publicó, como cuarto suplemento de la revista, su libro de poemas Perfil del aire.
En 1928 murió su madre y poco después el poeta fijó su residencia en Madrid donde conoció a Vicente Aleixandre, pero al cabo de poco tiempo se fue a Toulouse para un lectorado, viajó a París y volvió a Madrid al año siguiente. En 1930 comenzó a trabajar en la librería de León Sánchez Cuesta. De 1932 data su relación amorosa con Serafín F. Ferro, que inspiró los poemas de Donde habite el olvido. Sus simpatías republicanas lo llevaron a impartir conferencias por los pueblos de España, con el Patronato de Misiones Pedagógicas y Culturales, institución creada por el gobierno, en 1934, ese año salió a la luz Donde habite el olvido. Aunque era su quinto libro de poesía, fue sólo el segundo publicado, lo que lo llevó a realizar una edición conjunta de su obra: La Realidad y el Deseo, que José Bergamín editó en las ediciones del Árbol de Cruz y Raya, donde apareció el 1 de abril de 1936. El 20 de abril los escritores le dedicaron un homenaje a Cernuda en un restaurante de Madrid. Lorca, a quien le habías impresionado mucho el libro, hizo la presentación.
Al estallar la sublevación militar se marchó a París como secretario del embajador Álvaro de Albornoz, y con la hija de éste, Concha. Regresó con ellos a Madrid en septiembre, donde participa en algunas emisiones radiofónicas y como voluntario, dentro de las milicias populares, del Batallón Alpino, en la sierra de Guadarrama. A principios de 1937 se trasladó a Valencia, donde funda, junto con Rafael Alberti, Juan Gil-Albert y otros escritores la revista Hora de España. Desde esas páginas, Cernuda le dedicó a Lorca una de las más sentidas elegías que aparecieron por todo el mundo. En febrero de 1938 salió de España rumbo a Paría, esta vez a un exilio del que nunca más regresó. Desde París pasó a Inglaterra, tras bastantes penúrias consiguió una ayudantía académica en la Cranleigh School durante un trimestre. Después consiguió un puesto de lector de español en la Universidad de Glasgow, donde se instaló en enero de 1939. Entre 1940 y 1941 compuso la primera versión del libro de prosa poética Ocnos, que apareció en Londres en 1942. En agosto de 1943 se trasladó también como lector, al Emmanuel College de Cambridge. En junio de 1945 termina su lectorado en Cambridge y regresó una vez más a Londres, donde trabajará como lector en el Instituto Español, dirigido por republicanos españoles en el exilio. En 1947 abandonó Europa camino de América, y trabajó como profesor en Mount Holyoke College, South Hadley, Mass, desde 1947 hasta 1952. En 1949 viajó por primera vez a México, en 1952 decidió trasladarse a este país. De 1954 a 1960 dio clases sobre teatro español y francés del siglo XVII en la Universidad Autónoma de México. Todavía regresó a Estados Unidos, en 1960; permanece allí casi tres años dando clases, lecturas poéticas y conferencias en universidades e instituciones de Los Ángeles, San Francisco, Berkeley, pero sin abandonar, entre medias, sus visitas a México. En 1962 publicó Desolación de la Quimera. En junio de 1963 regresó a México con intención de volver a ejercer como profesor en una universidad californiana, pero los trámites previstos para el visado lo hicieron desistir. En el domicilio de Concha Méndez, en el amanecer del 5 de noviembre de 1963, falleció repentinamente de un ataque al corazón. Fue enterrado en el Panteón Jardín de la ciudad de México.
Para Cernuda, el respeto a la tradición literaria y la aportación de originalidad en su obra deben ir en perfecto equilibrio. No se debe dar mayor peso a una o a otra. Para él, el respeto a la tradición es algo fundamental, pero no entiende esa tradición solamente como el respeto a la obra de autores españoles, sino que abarca el conjunto de la literatura europea.

Cuerpo en pena

Lentamente el ahogado recorre sus dominios
Donde el silencio quita su apariencia a la vida.
Transparentes llanuras inmóviles le ofrecen
Árboles sin colores y pájaros callados.

Las sombras indecisas alargándose tiemblan,
Mas el viento no mueve sus alas irisadas;
Si el ahogado sacude sus lívidos recuerdos,
Halla un golpe de luz, la memoria del aire.

Un vidrio denso tiembla delante de las cosas,
Un vidrio que despierta formas color de olvido;
Olvidos de tristeza, de un amor, de la vida,
Ahogados como un cuerpo sin luz, sin aire, muerto.

Delicados, con prisa, se insinúan apenas
Vagos revuelos grises, encendiendo en el agua
Reflejos de metal o aceros relucientes,
Y su rumbo acuchilla las simétricas olas.

Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos,
Flores de luz quizá, o miradas tan bellas
Como pudo el ahogado soñarlas una noche,
Sin amor ni dolor, en su tumba infinita.

A su fulgor el agua seducida se aquieta,
Azulada sonrisa asomando en sus ondas.
Sonrisas, oh miradas alegres de los labios;
Miradas, oh sonrisas de la luz triunfante.

Desdobla sus espejos la prisión delicada;
Claridad sinuosa, errantes perspectivas.
Perspectivas que rompe con su dolor ya muerto
Ese pálido rostro que solemne aparece.

Su insomnio maquinal el ahogado pasea.
El silencio impasible sonríe en sus oídos.
Inestable vacío sin alba ni crepúsculo,
Monótona tristeza, emoción en ruinas.

En plena mar al fin, sin rumbo, a toda vela;
Hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre.
Atravesar ligero como pájaro herido
Ese cristal confuso, esas luces extrañas.

Pálido entre las ondas cada vez más opacas
El ahogado ligero se pierde ciegamente
En el fondo nocturno como un astro apagado.
Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre.

Estoy cansado

Estar cansado tiene plumas,
Tiene plumas graciosas como un loro,
Plumas que desde luego nunca vuelan,
Mas balbucean igual que loro.

Estoy cansado de las casas,
Prontamente en ruinas sin un gesto;
Estoy cansado de las cosas,
Con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

Estoy cansado de estar vivo,
Aunque más cansado sería el estar muerto;
Estoy cansado del estar cansado
Entre plumas ligeras sagazmente,
Plumas del loro aquel tan familiar o triste,
El loro aquel del siempre estar cansado.

Diré cómo nacisteis

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un
hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces la mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio,
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

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