Silvestre Revueltas, el irredento genio tormentoso

Foto: wikimexico.com/

Aldo Fulcanelli

Miembro de una familia de artistas, entre quienes destacaron: José (escritor), Rosaura (actriz), y Fermín (pintor), Silvestre Revueltas fue un compositor, violinista y director de orquesta nacido en Santiago Papasquiaro, Durango, el 31 de diciembre de 1899. Su estilo de creación musical, de gran vitalidad, aunado a un temperamento que sin abandonar jamás lo melódico, transita de lo polifónico a lo disonante, le llevaron a provocar un interés sui generis por su obra en los noveles intérpretes, quienes lo han retomado mucho tiempo después de su muerte, la cual transcurrió entre la precariedad económica, el alcoholismo y el olvido.

En una entrevista para la televisión mexicana de los años 70’s, su hermano, el notable escritor José Revueltas, definió la obra de Silvestre como constante y orgánica, impulsada por la inconformidad ideológica que posibilitó una verdadera revolución musical en México. Ciertamente, Revueltas, el músico que nació-metafóricamente- colgado de un resquicio, con el tronco abandonando apenas el agónico siglo XIX, y las extremidades inferiores prestas a deambular por el nuevo siglo XX, vivió su infancia y juventud entre el aroma suave de la provincia, los estudios de violín en el Conservatorio Nacional de Música, o los atronadores ecos de la Revolución, pero también gozó de la innegable influencia impresionista del músico francés Claude Debussy.

Las  divergencias de Revueltas frente al academicismo, aunado a su clara desconfianza por la vida cultural de México, influida ya por el nacionalismo revolucionario en pleno auge de los años 20’s, motivaron al novel Silvestre a deambular entre Texas, Chicago y Alabama, donde además de trabar relación con movimientos obreros, formó parte de diversas conformaciones musicales y orquestas, fue en la Unión Americana donde el músico duranguense contrajo matrimonio con la cantante estadounidense Jule Klarecy, de la que se separaría tiempo después.

En 1928, Revueltas retorna a México, invitado por el también compositor y director Carlos Chávez, quien le ofrece el cargo de director asistente de la entonces recién creada Orquesta Sinfónica de México, posición que Revueltas desempeñó con denuedo, y que sirviera como escaparate para la difusión de la vanguardia musical que ambos autores proponían.

El retorno de Revueltas a su país le enfrentó de nuevo con la dura realidad de una vida cultural montada en el artificio y la politiquería, en diversos comentarios, Revueltas se queja insistentemente de la ignorancia de la “crítica especializada”, la que a su juicio recarga su poderío en el snobismo de un público aleccionado para aplaudir las bagatelas pseudo artísticas.

Lacónicamente, expresó su repulsión por el abandono manifiesto de los artistas en México, disparó ideológicamente contra la crítica otra vez, al considerar que malentienden al arte motivando con su perfidia los desvaríos de un pueblo cuya educación, reservada al Estado, se encuentra siempre en ciernes, mientras que a la burguesía se le conceden las butacas de oro, y el placer de amaestrar a los músicos cuales “bufones de la corte”.

El temperamento vanguardista de Revueltas, lo impulsa al socialismo, su concepción de la música como una militancia lo convierte en un marcado disidente que ha de alternar sus elocuentes alegatos, entre los aires de la composición, las envidias de los integrantes del rancio academicismo, y las cada vez más poderosas crisis por su rampante alcoholismo.

No conforme con su trabajo como músico, Revueltas encabeza en los años 30’s la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, y luego de su ruptura con Carlos Chávez, viaja a España para apoyar en la Guerra Civil, mientras que desalentado por los horrores de la cruenta guerra ibérica, dirige orquestas desde Madrid y Barcelona. Antes, concibe “Redes”, música para la película homónima de 1936, dirigida por Fred Zinnemann y Emilio Gómez Muriel, la misma que el tiempo convirtió en objeto de culto internacional, mientras que la partitura, grandilocuente por la gracia de Revueltas, le otorgó a su autor la estatura de un gigante.

“Redes”, no fue la única experiencia fílmica de Revueltas, también compuso las partituras para las cintas: “Vámonos con Pancho Villa” (1935), “Los de abajo” (1939), “La noche de los Mayas” (1939), en esta última, al igual que en el caso de “Redes”, la música trascendió por mucho a una obra fílmica, que de no ser por el trabajo inmenso del fotógrafo Gabriel Figueroa, pasaría a ser un mediocre esfuerzo fílmico. El 5 de octubre de 1940, el autor del bello poema sinfónico “Sensemayá”, muere abruptamente de bronconeumonía, sin poder acudir al estreno de su ballet sinfónico “El renacuajo paseador”, y dejando inconclusa su obra: “La coronela”.

Su fallecimiento puso fin al calvario de un alcoholismo que incluso lo llevó a ser internado en un psiquiátrico, pero igualmente, privó a nuestro país de una genialidad imprescindible ya, originada en la vanguardia y estacionada por heredad en la creación musical del Siglo XX desde Latinoamérica. Silvestre Revueltas, el inquebrantable socialista, autor de poemas sinfónicos, música de cámara y música vocal, es hoy por hoy, luego de su notoria reivindicación, uno de los músicos mexicanos-junto a Moncayo y Chávez-, mayormente aludido por las orquestas del mundo, interpretado por directores como Stokowski, Bernstein y Dudamel. Como autor, fue dueño de un estilo tan melódico como grandilocuente, que pone a prueba la eficacia de la orquesta como el músculo armónico-sensorial por excelencia.

Su profunda musicalidad, es extraída de los aires poéticos de la provincia, muy lejos del suvenir que propone cualquier clase de nacionalismo pernicioso por rebuscado, retiene igualmente como un pasaje de la infancia, las canciones populares que la acción del tiempo llevó al olvido, transmite la emotividad que se agolpa en la orquesta, como un embravecido mar que arrastra plegarias en su cristalino abrevadero.

El hombre que conoció la providencial pobreza, que no temió a los viajes o a la guerra, tampoco a la implacable ceguera que provoca la intriga, fue engrandecido aún más por el poeta Pablo Neruda, cuando este escribió en su honor un poema, que él mismo leyó durante su entierro, y del cual extraigo solo un fragmento:

En este día solemne de despedida eres tú el despedido,

pero tú ya no oyes,

tu noble frente falta y es como si faltara

un gran árbol en medio de la casa del hombre.

Pero la luz que vemos es otra luz desde hoy,

la calle que doblamos es una nueva calle,

la mano que tocamos desde hoy tiene tu fuerza,

todas las cosas toman vigor en tu descanso

y tu pureza subirá desde las piedras

a mostrarnos la claridad de la esperanza.

Reposa, hermano, el día tuyo ha terminado,

con tu alma dulce y poderosa lo llenaste

de luz más alta que la luz del día

y de un sonido azul como la voz del cielo.

Tu hermano y tus amigos me han pedido

que repita tu nombre en el aire de América,

que lo conozca el toro de la pampa, y la nieve,

que lo arrebate el mar, que lo discuta el viento.

Ahora son las estrellas de América tu patria

y desde hoy tu casa sin puertas es la Tierra.

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