El “Ande ayúdelos: crónica de un agravio

Foto: Facebook/Beatriz Gutiérrez Müller

“Cuando la soberbia florece, da como fruto el racimo de la pérdida del propio dominio y recolecta cosecha de lágrimas”.
Esquilo

Luis Martín Quiñones

La mitología griega creó a las Erinias, seres castigadores, implacables y temibles que simbolizan la conciencia y el remordimiento. En la cumbre, en los tronos de terciopelo donde la política seduce hasta el alma más pura, suelen cometerse abusos verbales donde las Erinias, vertidas en las voces del pueblo castigan con la más mano dura: la crítica.

Verse en el otro, en el inframundo del extraño y lejano mundo de los que sufren, necesita una fuerte dosis de humildad, virtud que difícilmente se tendrá si ha ascendido al trono del mirar por encima del hombro.

Hace unos días un tweet desafortunado levantó la hoguera del desprecio. “Yo no soy médico, a lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos”, frase que no fue del agrado de los que padecen alguna enfermedad o han vivido el trasiego doloroso al lado de un enfermo. Enfermedades extrañas para la cotidianidad podrían servir de ejemplo. Como el Síndrome de Pick, por mencionar alguno, que además de manifestarse como un Alzheimer, los órganos se van deteriorando hasta causar la muerte. Pero no haría falta escuchar la extrañeza para que la sensibilidad surgiera del yo encumbrado en el altar de la egolatría. Con darse una vuelta por el mundo de los otros, sería suficiente para comprender el dolor y el sufrimiento.

El cáncer es la epidemia más grande de la humanidad, pese a los grandes avances, el temor a padecerlo nos causa desvelo. Y lo más trágico, e inconcebible que provoca los cuestionamientos espirituales más profundos, es el cáncer de los niños.

En un reclamo social legítimo, la comunidad del ciberespacio levantó su voz de inmediato para mostrar su encono y desacuerdo con la respuesta de Beatriz Gutiérrez Müller respecto a la pregunta sobre el “¿Cuándo atenderá personalmente a los padres de los niños con cáncer?”. El “Ande ayúdelos…”, desató la guerra digital de pedradas y dicterios de indignación social. ¿Era para menos? En tiempos de crisis financiera, social y precariedad de un sistema de salud anquilosado, no fue la más afortunada respuesta.

Acaso no se necesita ser médico para comprender y practicar las virtudes: generosidad, dar aquello que hace falta; justicia, dar lo que se merece in stricto sensu; misericordia, cuando se simpatiza con el miserable.

Las enfermedades son del que las padece, y sólo quien las vive conoce las desdichas de la cotidianidad, el mundo donde la realidad es la monstruosidad de lo absurdo.

Aunque una disculpa puede desvanecer el encono, no fue suficiente. Una disculpa a medias deja un resabio de ofensa.

Al parecer la empatía se ha quedado a medio camino y la soberbia impide ver el horizonte y saber que ahí están los otros: los que sobreviven al sufrimiento en las trincheras del dolor.

Los quebrantos y mandobles morales no sanan fácil. Tampoco las voces que laceran lo de adentro, lo más íntimo, el último reducto oculto de la sensibilidad humana.

Las Erinias mediáticas no perdonan, como la Hidra, se duplican implacables. Ojalá laven la conciencia de los que ostentan el poder, para que los padres de niños con cáncer sean atendidos.

Paréntesis

One Response to "El “Ande ayúdelos: crónica de un agravio"

  1. Marcela Cosío R.  6 julio, 2020 at 7:11 pm

    Nos gustó mucho leer tu artículo, con decencia sin ofender, limpio.
    Ojalá y que la Sra., Gutiérrez Muller tenga oportunidad de leer éste artículo.
    Nos dejas una lección de aprendizaje.
    Gracias, Martín una delicia leerte.
    Saludos, Pepe y Marce.

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