Latinoamérica alimenta el ‘China Dream’

Sara España

 

Todavía no sale un solo plano de la cabeza de su creador, pero no es difícil imaginar algunas de las secuencias de Montevideo. El cineasta ambateño, Paúl Venegas, está a punto de embarcarse en una trama de 90 minutos de duración –y 30 días de grabación– donde retratará a las colonias chinas en Latinoamérica. En Guayaquil, como en Nueva York, en Madrid o en cualquier otra gran ciudad, hay un barrio que habla mandarín, que negocia en mandarín y que, en definitiva, todo lo hace en mandarín. Y hasta allí ha llevado su cámara el director de cine ecuatoriano.

Cuatro manzanas del sector de la Bahía serán el centro del rodaje que empezará el seis de septiembre con la recreación de la llegada, hacinados en un barco, de un grupo de migrantes chinos. En la ficción será el puerto colombiano de Buenaventura el que reciba a la colonia asiática, pero en realidad el 95% del proceso cinematográfico pondrá a Guayaquil como escenario. Dos actores principiantes, seleccionados entre la verdadera comunidad china ecuatoriana, se acompañarán mutuamente en un viaje tridimensional: el de su propia relación, el de los migrantes que buscan en Latinoamérica el China Dream y el geográfico que llevará a la película a tres localizaciones (Colombia, Ecuador y Uruguay).

Las primeras 15 escenas se filmarán en el puerto colombiano, pero las seis que despedirán al espectador adornarán el horizonte con el río de La Plata, a su paso por Montevideo. El resto, en el barrio chino guayaquileño. De allí, además, han salido los protagonistas. Un casting de cuatro meses y varias pruebas sacaron a relucir el talento interpretativo de Fu Jing, una profesora universitaria de mandarín; de Daniel Meng, un artesano de zapatos taiwanés que será el malo de la película; y de Mario Zhu, un polifacético traductor asistente, actor y reportero. Los tres tienen su propia historia de migración en busca de un sueño chino, más allá de las fronteras de China. En total, por la pantalla pasarán los rostros de cinco actores chinos, un taiwanés y cinco ecuatorianos. Hablarán español y mandarín y así se escuchará en el cine (con subtítulos en español o inglés).

«Es una especie de thriller dramático que recoge el sueño chino, un sueño colectivo de competir con el americano, pero que lleva a su comunidad a migrar. La película recoge la evolución en los últimos 15 años del tejido social chino que busca salir de su país por razones económicas, pero también existenciales; para alejarse de una sociedad con una competencia brutal», comparte el guionista y director, que vivió cinco años en China en los 90, ha viajado constantemente y conoce cómo marcar esos códigos de identidad.

Por eso, asegura que la fraternidad entre los personajes principales no eclipsará la crudeza del proceso migratorio: el rechazo al elitismo de las comunidades, los abusos de las organizaciones clandestinas o la confrontación territorial con los comerciantes nacionales.

Lei (interpretada por Fu Jing) será una joven que toma un barco rumbo a Nueva York donde quiere instalarse como peluquera y desarraigarse de la sociedad machista que no la deja crecer en su pueblo natal. Hará una escala en Ecuador en la que, pese a sus planes, quedará enredada. En el barco, conocerá a Wong (a cargo de Mario Zhu), un chico que busca en Latinoamérica una alternativa de vida, alejada de la voraz competencia china, a la que algún día pueda traer a su hijo. Sus sueños, como los de Lei, se pierden en una vorágine migratoria que se repite en cada país y en cada ciudad. Un círculo vicioso que conmueve en plano y secuencia y no acaba sino con un final desalentador.

Cada escena está medida, está planificada y está ya en el imaginario de Venegas. Y cada vez también más cerca de la cinta. El miércoles se enciende la cámara de un proyecto que, para empezar ganó hace dos años el Beijing Film Festival Pitch Forum Best Project. Hasta 2018 no estará en pantalla.

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