José Carlos Becerra, poeta de las minorías

Mario Alberto Medrano

En verso aprendido de memoria permanece intacto a pesar del paso del tiempo. Lo mismo ocurre con la imagen de quienes mueren en la juventud. Mirar a José Carlos Becerra es mirar al mismo de siempre: la fotografía inmóvil del novel poeta de cabello lacio, el bigote, la barba, el rostro más joven que la edad, curioso. En cada imagen se detuvo a inventar aquello que miraba, parafraseando su poema El pequeño César.

Con motivo del 50 aniversario luctuoso del poeta tabasqueño José Carlos Becerra (1936-1970), Excélsior platicó con un grupo de escritores acerca del autor.

SILVIA MOLINA

Autora de la novela La mañana debe seguir gris, con la cual obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia, donde da cuenta de su relación sentimental con el poeta tabasqueño y cuyo telón de fondo es Londres, Molina contó en exclusiva sobre su encuentro con el poeta. “José Carlos fue un ser excepcional: curioso, como pocos, simpático y culto. Quería mucho a sus amigos, a quienes trataba de complacer a toda costa.

Siempre preguntaba por el nombre de los árboles y de las aves. En los museos disfrutaba de su conocimiento para explicarme cualquier detalle. Era pésimo para el inglés y yo era su traductora. Cincuenta años  de la partida de José Carlos han pasado rápido, pero su poesía permanece. Su mirada, sus palabras…  Su poesía es única, esos versos largos que platican con naturalidad de cosas profundas o juguetonas, que añoran, que buscan, que aman”, evoca la también ensayista y editora.

José Carlos fue autor de la plaquette Oscura Palabra y de los libros de poesía Relación de los hechosLa ventaFotografía junto a un tulipánFiestas de invierno Cómo retrasar la aparición de las hormigas. Posterior a su muerte, producto de un accidente automovilístico, en Brindisi, Italia, los poetas José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid reunieron su obra bajo el nombre El otoño recorre las islas. Ganador de la beca de la Fundación Guggenheim, en 1969, Becerra perteneció al Centro Mexicano de Escritores (CME), donde también fue becario.

GERARDO DE LA TORRE

Compañeros en el CME en la generación 1967-1968, De la Torre y Becerra compartieron curiosidades y amistad. “En agosto de 1967 me otorgaron la beca del Centro Mexicano de Escritores. Allí comenzó mi breve amistad con José Carlos. Los demás becarios de la generación éramos Nancy Cárdenas, Miguel Capistrán, el narrador peruano Edmundo de los Ríos y yo. Los mentores eran el doctor Francisco Monterde, Juan José Arreola y Juan Rulfo.

Algo que llamaba la atención en José Carlos era su plena seguridad. Era un poeta, se sabía un poeta, hablaba con firmeza y convicción de la poesía, de los poetas, de literatura y de todo lo que sabía y lo que no sabía. Era por cierto un hombre de curiosidad siempre insatisfecha”.

Encarcelado junto al poeta Carlos Pellicer debido a sus protestas en el centro de la ciudad en contra del gobierno de Estados Unidos, De la Torre recuerda esta militancia. “Conocí a José Carlos [en 1962 o 1963] en una situación que nada tenía de literaria: militando en el Movimiento América Latina, una organización dedicada a la defensa de la incipiente Revolución Cubana. Desde el principio me impresionaron su entrega a la actividad política, la pasión que ponía en el debate y la verticalidad y justicia de sus apreciaciones”.

KYRA GALVÁN

Poeta, traductora y novelista, es autora de Un pequeño moretón en la piel de nadie,  por el que recibió el Premio de poesía Elías Nandino. Kyra habla de la poesía de Becerra. “El amor y la soledad son los ejes sobre los que gira su poesía, pero en la intensidad de su discurso también está implícita la semilla de la autodestrucción, como que vibra subyacente la pulsión de muerte.

Su poesía se mantiene fresca, vibrante, eternamente provocativa. Descubierto por José Emilio Pacheco y ratificado por Octavio Paz, Becerra entró por la puerta grande al círculo de los elegidos. En este caso se lo merecía. Pero nunca podremos saber cómo hubiera evolucionado su poesía. Sabemos que la voz de Becerra que conocemos no era su voz definitiva”, reconoce la autora.

ROGELIO GUEDEA

Poeta y crítico literario, Guedea ha escrito Poetas del Medio Siglo: mapa de una generación y Reloj de pulso, crónica de la poesía mexicana de los siglos XIX y XX.

Considero que la obra de Becerra gravita en círculos un tanto cerrados, en donde sin duda sigue vigente y continúa su magisterio. No es, por lo demás, un autor de grandes masas, sino, como decía Juan Ramón Jiménez, de la ‘inmensa minoría’.

Yo destaco en la poesía de Becerra dos elementos: es una poesía de una emoción exaltada  y voraz (de ahí que tienda al versículo largo y vertiginoso) y es una poesía de una inteligencia sutil, pero vehemente. Becerra murió joven, es verdad. Pero su poesía nunca fue joven. En los verdaderos poetas la poesía siempre nace madura.

ALEJANDRO ESPINOSA FUENTES

Narrador y ensayista, Espinosa escribió la novela Agenbite of inwit, cuyo cordón umbilical es el poeta José Carlos Becerra.  “Me identifico con él en la necesidad del viaje, el gusto por ser un desconocido en lugares remotos cumpliendo vagos retos poéticos que a nadie le importan. Eso quería contar en Agenbite: que la búsqueda de un significado siempre implica la pérdida de otro.

Desafortunadamente, ni siquiera en la carrera de Letras Hispánicas se mencionaba a Becerra o sólo como una anécdota pasajera con relación a su muerte. Sin embargo, su obra tiene vigencia para el lector paciente, porque sus poemas son largos procesos tortuosos”.

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