Sobre la prudencia

Maricarmen Rivera

Los jóvenes pueden ser geómetras y matemáticos, pero en cambio, no parecen poder ser prudentes.

(Aristóteles)

Hace poco afirmábamos que los jóvenes, en muchas ocasiones, se comportaban de manera imprudente y desmedida, representando ello una desventaja en comparación con los adultos que ya son más mesurados.En esta ocasión, siguiendo a Aristóteles, ahondaremos un poco más sobre el tema de la prudencia. Pues bien, el estagirita considera que la prudencia, junto con el arte, la ciencia, la sabiduría y el intelecto, son las virtudes intelectuales del alma.

Para comprender la naturaleza de la prudencia, valdría la pena cuestionarnos a qué hombres podemos llamar prudentes. Aristóteles considera que el hombre prudente es aquel que es capaz de deliberar rectamente sobre lo que es bueno y conveniente para sí mismo; el que sabe distinguir lo que le conviene para vivir bien en general. Para poder discernir lo que me es bueno de lo que no, necesitamos, al estilo aristotélico, hacer uso de nuestra razón.  La prudencia es entonces una parte racional del alma, una virtud de ella; esun modo de ser racional, verdadero y práctico, respecto de lo que es bueno para el hombre. Ahora bien, si un determinado individuo ha logrado ver lo que es bueno para él, en consecuencia también habrá podido distinguir lo que es bueno para los demás hombres (pues lo que es bueno para mí, también tiene que serlo para los demás hombres que pertenecen a mí misma especie). Por lo explicado anteriormente, Aristóteles sostiene que la prudencia tendría que ser una cualidad propia de los administradores y de los políticos. Sin embargo, Aristóteles en otro apartado de su libro Ética Nicomáquea sostiene que existe una diferencia esencial entre la prudencia y la política; mas en este breve texto no entraremos en estos detalles y sólo nos enfocaremos en el análisis de la primera. De este modo, la  prudenciase refiere, siguiendo a Aristóteles, a uno mismo, al individuo; se ciñe a lo particular y se construye a través de la experiencia. Por esa razón, los jóvenes difícilmente pueden tener una conducta prudente, pues la experiencia no les es familiar, y para adquirirla requerirán de mucho tiempo.

Quizá sea un poco fuerte decir que la juventud está excluida de la prudencia, pero también resulta aventurado afirmar que todos los adultos son harto prudentes; pues así como puede haber adultos imprudentes igual podemos encontrar jóvenes algo prudentes. De modo que, consideramos prudente decir: la prudencia, ciertamente, se adquiere con la experiencia, es decir, con los años; pero esos años pueden estarse viviendo en vano. Por ello, independientemente de la edad que tengamos, es nuestra tarea desarrollar constantemente la prudencia, pues recordemos que ésta es una virtud que se dirige hacia nuestro bienestar individual.

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