El grito del planeta

Greenpeace

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Aleira Lara*

Los líderes globales no pueden seguir con oídos sordos al clamor del plantea. El cambio climático no puede seguir siendo un tema de debate, tiene que ser reconocido como la emergencia global que es y en consecuencia se debe pasar a la acción climática urgente y contundente.

Los incendios en Australia son una gran alerta sobre el equivocado modelo de “desarrollo” de altas emisiones de gases de efecto invernadero que están impulsando los líderes políticos. No es un hecho aislado, los efectos del cambio climático los estamos viviendo hoy en todo el planeta: los incendios en el Amazonas, Indonesia, Congo y México; y el aumento en la intensidad de los fenómenos meteorológicos que han dejado enormes daños en países como Bahamas, entre otros.

No solo el Gobierno Australiano debe actuar con celeridad para atender la emergencia y plantear un plan contundente de reducción de emisiones, el resto de los gobiernos deben hacer lo propio. La reducción de la quema de combustibles fósiles a nivel global es fundamental e impostergable para prevenir más catástrofes ambientales y sociales.
En 2019 Australia fue el segundo mayor exportador mundial de carbón, uno de los principales responsables del cambio climático. Esto está agravando las temporadas de incendios forestales, ya que incrementan las olas de calor y las sequías extremas haciendo que la vegetación se seque y se convierta en material fácilmente inflamable.
Las pérdidas en Australia hasta la fecha son devastadoras:

23 personas han fallecido, miles de familias han perdido su hogar y todavía falta conocer el paradero de las personas desaparecidas.

La superficie afectada es de 8.4 millones de hectáreas, un área del tamaño de Austria. Para tener perspectiva de la magnitud del problema, en los incendios de la Amazonia en 2019 se quemaron 900 mil hectáreas, y en los de California casi 800 mil.

Se estima que casi mil millones de animales han muerto, incluidos miles de koalas, que luchan por escapar y cuya población está disminuyendo drásticamente.

Los incendios están estrechamente vinculados al cambio climático y a la falta de acción de los líderes globales, a la falta de voluntad para cambiar radicalmente la política energética para cumplir con los compromisos de París.

El último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), hizo sonar las alarmas estableciendo que todos los combustibles fósiles tienen que ir en picada a escala global para mantener la temperatura global por debajo del umbral de 1.5 grados centígrados. Para ello es fundamental la reducción en la demanda de energía. El mundo necesita reducir a la mitad las emisiones globales para 2030. En la próxima década la quema de petróleo debe reducirse casi un 40 por ciento ,el gas un 25 por ciento y el carbón 60 por ciento.

México asumió un compromiso en 2016 con el Acuerdo de París de reducción de sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en 25 por ciento para 2030 y a la administración del actual mandatario le corresponde dar pasos contundentes en dicha dirección y no en seguir agudizando la quema de petróleo.

Dentro de todo este gris panorama hay una luz, la luz que emana la solidaridad de la gente, de miles de voluntarios que en todo el planeta acuden en auxilio de afectados ambientales y de animales en peligro. Es el poder de la gente que con el ejemplo hará que los tomadores de decisión tomen las correctas, impulsando fuentes de energía renovable, dejando al petróleo bajo tierra, promoviendo la agricultura ecológica y evitando la devastación de bosques, selvas con su flora y fauna, poniendo un límite contundente a la industria extractivista.

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