2006: nadie sabe quién ganó

Martín Moreno

Martín Moreno

Debieron recontarse 365 mil votos

  • La patraña del fraude vs AMLO

Fanáticos, voceros, analistas, columnistas, periodistas y panegiristas de López Obrador, se llenan la boca, reclaman y como si en sus manos tuvieran las actas, alegan que en el 2006 hubo un monumental fraude electoral en contra de AMLO que le impidió ser Presidente de México. En realidad, están mintiendo. No tienen pruebas ni información dura o confiable con las cuales puedan comprobar que hace 13 años se maquinó una elección fraudulenta.

¿Hubo propaganda negra? Sí. Eso sí hubo. Pero no nos asustemos: ese tipo de información se presenta en tiempos electorales en México y en el mundo. Aun en las democracias consolidadas, esa clase de publicidad política se divulga en contra de cualquier candidato presidencial. Vamos: el propio AMLO ha soltado cantidades industriales de propaganda negra durante su homilía diaria desde Palacio Nacional. Es un ingrediente nato entre políticos de cualquier ideología.

El tema – fraude electoral en 2006 -, vuelve a salir ahora al debate público, porque así lo ha colocado López Obrador para sus fines políticos: esgrimirlo como excusa para justificar los malos resultados de su Gobierno. Apenas el pasado uno de agosto, el Presidente lo sacó a la luz de la siguiente manera: “Hundieron al país. Si no se hubiera hecho el fraude, no estaría el país como está. El fraude causó mucho daño…”.

Los días posteriores, sus fanáticos, plumas y voces afines, revivieron el tema, sin preocuparse siquiera en realizar un mínimo de revisión histórica y metodológica para sustentar su acusación de fraude electoral. Les bastó que lo dijera AMLO para darlo como un hecho consumado, sin ningún pudor. Como los perros de rancho, escuchan ladrar al líder y a coro también comienzan a ladrar, sin saber a ciencia cierta los motivos reales.

La pregunta, entonces, es: ¿hubo un fraude electoral orquestado desde el poder político en 2006 para quitarle la Presidencia a López Obrador e imponer a Felipe Calderón en Los Pinos?

La respuesta, es: no hubo fraude.

La respuesta, es: nadie tiene las pruebas de un fraude.

La respuesta, es: miente quien afirme que sí hubo fraude.

Esa es, precisamente, la desgracia democrática de nuestro país:

Jamás sabremos quién ganó realmente la elección Presidencial de 2006.

Y esa sí que es una tragedia democrática.


¿Ganó Calderón la Presidencia? ¿Con recuento de votos, habría triunfado López Obrador. No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos, es que dejaron de revisarse determinado número de actas y votos que eran necesarios escrutar, contarse los votos dudosos, y así, hubiera ocurrido una de dos cosas: o Calderón habría ampliado su magra ventaja del .56 por ciento y haberse reafirmado como Presidente de México, o AMLO ganaba la elección. Ese recuento que nunca llegó hubiera permitido saber quién ganó realmente en 2006. Lo demás, son suposiciones, fanatismos o mala leche. Aquí, las pruebas:

EL INFORME CRESPO. El análisis más serio, profundo e imparcial sobre las elecciones del 2 de julio de 2006, lo realizó José Antonio Crespo, uno de los especialistas electorales más reconocidos del país, a través de su revelador libro 2006: hablan las actas (Random House/Debate), en el cual reflejó su infatigable tarea de revisar las actas de escrutinio de 150 de los 300 distritos electorales. Compañeros columnistas en las páginas de Excélsior, y durante una entrevista en su casa para mi programa radiofónico, desmenuzamos lo ocurrido en dicha elección. En su libro y en el diálogo, Crespo hace el siguiente diagnóstico:

*Calderón ganó la elección a AMLO por 233 mil 821 votos. Empero, hubo 365 mil 955 votos irregulares que debieron ser contados nuevamente. “Las actas electorales no dan la razón a quienes sostienen que López Obrador ganó la elección y que fue víctima de un enorme fraude, pero tampoco la dan a quienes sostienen que Calderón ganó de manera inequívoca e inobjetable. En cambio, respaldan la posición de que no es posible determinar con precisión y certeza quién ganó la elección presidencial de 2006”. (Archivos del poder. Martín Moreno. Excélsior. 19/Junio/2008).

*“Si quien ocupa el primer lugar con el cómputo de votos, aventaja al segundo lugar por 233 mil 821 votos, entonces 316,539 votos irregulares registrados en las actas oficiales, imposibles de atribuir a alguno de los candidatos, impiden saber con certeza cuál fue el sentido del voto mayoritario del electorado”. (Hablan las actas. Página 99. José Antonio Crespo.).

*A partir de este hallazgo, ¿puede hablarse de fraude electoral? (se auto pregunta Crespo en su libro). “No, en el sentido que suele darse al término: una maquinación fraguada desde el Gobierno o desde un partido, que involucra a un ejército de funcionarios electorales o ciudadanos predispuestos a violar la voluntad ciudadana en favor de un candidato…”.

*“Puede decirse que la elección Presidencial de 2006 representó un fracaso, en tanto no se pudo generar consenso sobre el resultado, es decir, la convicción generalizada de que quien ganó oficialmente lo hizo en buena lid”.

“VAMOS ABAJO…”. En su libro 2 de Julio, Carlos Tello (pg. 160), hace una revelación fundamental para entender este episodio tormentoso en nuestra historia reciente: Ana Cristina Covarrubias, la encuestadora personal de Andrés Manuel López Obrador y que gozaba de todas sus confianzas, asegura: “A la una de la mañana, yo directamente se lo dije al licenciado López Obrador. Andrés Manuel iba 1.3 puntos debajo de Calderón…”. Hasta aquí, la cita de Tello. Esa noche – sin ningún sustento ni prueba sólida-, AMLO declaró que iba arriba “por diez puntos”, y durante los días, semanas y meses subsecuentes, aseguraba que le habían hecho fraude “con algoritmo”; después, que en el IFE ocultaron casillas para no contarlas; luego, que había sido “a la antigüita”, sin jamás comprobar absolutamente ningún fraude. Su defensa se basó más en arengas políticas, toma de Paseo de la Reforma y autoproclamarse “presidente legítimo” en el Zócalo, en lugar de comprobar de manera seria y científica– como sí lo hizo Crespo en su libro – que, efectivamente, le habían hecho un fraude, cuyos saldos políticos sigue explotando hasta nuestros días.


AMLO miente, ya como Presidente, cuando sigue alegando que le hicieron fraude electoral en 2006. Jamás lo pudo comprobar. Ni lo comprobará.

Aún más:

Sabe perfectamente que esa elección se había cerrado y que, como le advirtió Covarrubias ya de madrugada del lunes 3 de julio, iba debajo de Felipe Calderón. Ese momento – ir perdiendo la elección -, le causó con shock emocional a AMLO porque era un escenario improbable para él: perder la elección Presidencial, como finalmente ocurrió. Fue un impacto que le perdura hasta hoy y del cual sigue sacando raja política.

Si esos 365 mil votos irregulares se hubieran recontado, o AMLO gana la elección Presidencial, o Calderón hubiera ampliado su ventaja. Así de sencillo. López Obrador sabía del riesgo real de que tras ese recuento la perdiera, y no quiso arriesgarse al fracaso: prefirió descomponer al país con un supuesto triunfo auto proclamado, en lugar de asumir una derrota comprobada en las urnas.

Esa es la tragedia de México: jamás sabremos realmente quién ganó la elección Presidencial del 2006.

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