Itinerario visual de Juan Rafael Coronel Rivera invita a reflexionar

Virginia Bautista

Gente viajando, en movimiento, fuera de su cotidianidad; durmiendo en aeropuertos, tomando fotos o posando, caminando, comiendo, observando. Las imágenes de Juan Rafael Coronel Rivera (1961) invitan a reflexionar sobre la relación entre el hombre y el objeto, sobre esos momentos privados en espacios públicos.

Soy fotógrafo viajero. Es raro que tome fotos de manera cotidiana, lo hago sólo cuando viajo o me muevo. Puede ser un viaje a otro país o al centro de la ciudad. Cargo mi cámara en momentos específicos”, comenta en entrevista con Excélsior.

El poeta, crítico de arte, ensayista, curador y editor confiesa que le encanta viajar. “No lo padezco, como muchas personas. Desprenderme de lo cotidiano es algo que me da tranquilidad, al revés de a la mayoría”.

Pero el artista de la lente no regresa con las manos vacías de estos viajes. El libro La plaga (Talamontes Editores), que se presentará el 14 de noviembre en la galería Patricia Conde, reúne unas 90 gráficas en blanco y negro captadas los últimos 25 años.

Es su mirada crítica sobre la realidad, “un análisis visual alrededor del turismo”, dice. Es la respuesta a cómo miramos al otro, cómo nos desplazamos en tierras ajenas, cómo nos comportamos, lo que llevamos en las maletas.

Me interesan muchos los fetiches. Cuando viajamos, siempre llevamos alguno. Es interesante cómo el tránsito, el desplazarse, cuesta mucho trabajo, porque dejamos una parte de nosotros en lo cotidiano y, al dejarlo, nos tornamos en otro. Y ese otro a veces resulta un desconocido, descubrimos cosas, no siempre agradables, que estaban ahí.

Nos vemos asidos a la pasta de dientes, a la maleta. En los aeropuertos, la gente se aferra a su equipaje, no porque tema perder el veliz, sino la identidad. Se extravía nuestro interior. Lo que hago es una similitud entre el objeto y el individuo. Por eso me interesa lo que la gente va dejando: un suéter en el camino, un par de zapatos en una borrachera”, explica.

El hijo del pintor Rafael Coronel —fallecido en mayo pasado— y nieto del célebre muralista Diego Rivera piensa que en la maleta de viaje llevamos los espíritus. “La gente carga con sus muertos, con lo que dejó, con lo que quiere recordar y ahí viene la cuestión de los fetiches. Hay cosas que no son necesarias para el viaje, como una foto, una tela, hasta aromas, un jabón que le recuerda su baño. Se va zurciendo la personalidad con lo que viaja”.

Detalla que en el volumen hay una imagen que le gusta mucho, llamada Poema. “Es el parabrisas de un coche y lo que se ve adentro: un caracol, un libro abierto, una flor marchita, pues precisamente esa persona fue recopilando eso que le daba un estado de seguridad en el viaje”.

El autor de los libros Rituales atmósferas (2000) y Ce acátl: cuando las piedras hablaron (2005) admite que cuando capturó las imágenes que ahora publica no había teléfonos celulares, las personas aún se daban el tiempo de contemplar los paisajes citadinos y naturales.

Algunas de las gráficas tienen diez, 15 y 20 años de haber sido tomadas. No estaba ese fetiche tan tremendo que es el celular, pero sí la cámara. Tomé a fotógrafos ocasionales y profesionales haciendo imagen. Una de las cuestiones importantes del celular es que ya todo mundo tiene una cámara. La foto se ha vuelto un acto cotidiano y exponencial. Y, dentro de estas personas que no se saben fotógrafos, están compilando la memoria de una época”, agrega.

INTIMIDAD PÚBLICA

La plaga también da cuenta de infinidad de momentos privados, íntimos, que vive la gente, pero en lugares públicos. Se puede dormir a rienda suelta en un parque o en el pasillo de un aeropuerto, conversar con un amigo en medio de la multitud o verse en la vidriera de un aparador ante la mirada de curiosos.

Capté a una persona que está sentada en medio de una plaza pública en China, con sus dos maletas y un mapa abierto. Imagino que él está buscando en su interior, se está buscando a sí mismo. Cuando uno se traslada, va en busca de algo que le interesa, la búsqueda interior. En el viaje, si uno no detiene lo privado se pierde, pues ya dejó los hábitos del día a día. Somos animales de costumbres”, añade.

A través de esta crítica visual al turismo, Coronel Rivera desea comunicar que no cree que el ser humano tenga viabilidad como especie. “Vamos para ocho mil millones de habitantes en el planeta y todos queremos acceder a los mismos bienes de satisfacción, entre ellos, viajar. Lugares como Venecia sufren el turismo masivo, se hunde como isla. Lo que no termino de comprender es cómo pensamos en una continuidad, si sabemos que realmente es inexistente”.

En la antesala de sus 60 años, el artista desea dedicarse a propuestas creativas propias. “Estoy muy contrariado conmigo mismo por haberme distraído. Cuando hago cuestiones externas, le llamo lavar ajeno, una labor contratada por un tercero. Pero ahora quiero regresar a mi orden, retomarme”.

Así, ya elabora tres libros de foto, dos sobre aves y uno sobre el paisaje, las montañas y el volcán Popocatépetl.

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