La derecha y la izquierda ante la crisis climática

Antonio Salgado Borge

Antonio Salgado Borge

Algo va muy mal cuando 11,000 científicos deciden firmar una carta alertando que, de continuar su curso, la actual crisis climática producirá “un sufrimiento incalculable”, y asegurando que esta crisis se ha acelerado más rápido que lo que se había previsto.

A estas alturas, las evidencias y advertencias de lo que se avecina difícilmente pueden ser más claras. Sin embargo, tal parece que en México éstas han sido insuficientes. En nuestro país muchas personas siguen desestimado la crisis climática asignándole un lugar muy bajo en su escala de prioridades.

En este artículo argumentaré que tanto para las personas que se identifican con el lado derecho como para las que se identifican con el lado izquierdo del espectro ideológico esta actitud, por contradictoria o inconsistente, es francamente insostenible. Mi intención aquí no es evaluar la sensatez de las principales causas de la derecha y de la izquierda en México, sino subrayar que, si se cree en ellas sinceramente, no hay forma congruente de catalogar a la emergencia climática como un asunto secundario.

Empecemos por la derecha. Una de las causas más importantes para buena parte de las personas radicalmente conservadoras es su oposición a la legalización del aborto. Su argumento central es que el aborto implica la pérdida de vidas humanas, particularmente el “asesinato de niños”.

Pero quienes suscriben estos postulados tendrían que responder por qué no merece su atención el hecho de que entre las personas más afectadas por la crisis climática se encuentran las mujeres embarazadas, las niñas y los niños. El calor, la contaminación, la escasez de agua o las picaduras de insectos producen efectos que lastiman determinantemente y ponen en peligro a estas personas. [1] Por ejemplo, el calor extremo aumenta el riesgo de partos prematuros, [2] debilita la placenta y se traduce en complicaciones como la hipertensión o la ruptura prematura de membranas.[3]

A lo anterior no se puede replicar que estas condiciones no son equiparables al aborto. Y es que, aunque es difícil calcular el número, la emergencia climática incrementará, definitiva y significativamente, el número de abortos. Y no, esto no es una exageración ni una premonición: las evidencias ya apuntan en este sentido,[4] y esto ya ocurre en países como Bangladesh.[5] Además, la crisis climática produce menor peso en recién nacidos y con ello se aumenta el riesgo de problemas de desarrollo cerebral, infecciones, y subdesarrollo pulmonar; es decir se pone en riesgo las vidas de los infantes.[6] Las mismas vidas cuya defensa es el eje central de algunos movimientos conservadores.

Hay, eso sí, una precisión fundamental que es necesario considerar: mientras que quienes luchan por legalizar el aborto lo hacen para que quienes así lo consideren puedan recurrir a ello, los abortos producidos por la crisis climática afectarán por igual a quienes quieran o no quieran dar seguimiento a su embarazo. Dado que serán miles de millones afectadas por esta crisis, quienes consideran que el aborto es condenable, tendrían que estar alarmados.

Sin salirnos del lado derecho del espectro ideológico, pasemos ahora al caso del matrimonio igualitario. Las ideas centrales de algunos grupos conservadores para rechazarlo son que reconocer el derecho a personas del mismo sexo va “contra la naturaleza” y que el matrimonio igualitario terminaría “destruyendo a la sociedad” al modificar su núcleo.

Al ello se podría responder que es difícil pensar en algo que vaya más contra la naturaleza que la crisis climática. El impacto de los efectos humanos sobre la biodiversidad es masivo; de continuar la actual tendencia, alrededor de un millón de especies podrían extinguirse en los próximos años.[7] Dos tercios de las especies de aves en America del Norte se podrían extinguir debido a la crisis climática. [8] Las imágenes de las consecuencias del cambio climático en animales, como morsas rodando cuesta abajo en despeñaderos, crías de albatros arrojadas por el viento fuera de sus nidos u osos polares raquíticos, son verdaderamente desgarradoras.

Los conservadores podrían argumentar que han sido malentendidos y que lo que les importa es la naturaleza humana, y no la naturaleza simplicter. Desde luego, no sería la primera vez que ideas conservadoras son utilizadas para legitimar la superioridad humana sobre otros animales o sobre otras formas de vida. Pero a quienes defienden esta reducción de lo “natural” a lo humano se podría replicar que la crisis climática, a través de asuntos como cambios demográficos, económicos, o de salud, transformarán radicalmente a las sociedades humanas.[9] Y, por ende, transformará también la “naturaleza” entendida antropocéntricamente.

Lo que importa para efectos de nuestro contraargumento es que si la idea detrás de la oposición al matrimonio igualitario es el temor al cambio social, y si este miedo está fundado en la idea de que lo que altere las actuales formas de convivencia es antinatural, quienes se oponen al reconocimiento de este derecho tienen, si pretenden ser congruentes, un asunto mucho más urgente y con un potencial transformador exponencialmente superior al que supuestamente representa la unión entre personas del mismo sexo.

Dicho lo anterior, cambiemos ahora de frecuencia para enfocarnos en el lado izquierdo. Es bien sabido que una de las causas principales de quienes se asumen como progresistas en México es la igualdad. Las personas que se identifican con la parte izquierda del espectro ideológico consideran, con razón, que este es uno de los principales problemas de nuestro tiempo. El foco de la atención está colocado, también con buena dosis de razón, en los efectos del neoliberalismo y de la influencia política de los grandes capitales.

Pero quienes piensan que la desigualdad es un asunto clave suelen perder de vista que la emergencia climática es uno de los factores que mayor desigualdad producirá en todo el planeta.[10] Es más, los efectos en este sentido ya son cuantificables; la crisis climática ha reducido entre 17% y 30% el ingreso per cápita en los países más pobres.[11] Además, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Stanford, los cambios de temperatura han enriquecido a países como Noruega o Suecia y han empobrecido a otros países, como Nigeria.

En este sentido, llama la atención lo poco que la izquierda mexicana parece haber querido o podido entender este fenómeno. El propio Gobierno federal, cuyo discurso está enfocado a su compromiso en combatir desigualdades, ha optado por mantener esquemas que contribuyen a la crisis climática, ninguneando así los efectos que estos esquemas tienen en la desigualdad en México.

Otro asunto fundamental para las personas progresistas tiene que ver con los derechos humanos. Sin embargo, cuando se piensa en derechos humanos suele ignorarse lo relativo a la emergencia climática. Pero esta crisis es ya considerada como la amenaza más grande que ha habido para estos derechos.[12] Vale la pena subrayar que grupos que han padecido condiciones de opresión, como mujeres o comunidades indígenas, están siendo particularmente afectados por esta crisis; descargando así un cargamento monumental de piedras en su ya de por sí empedrado camino.[13]

Además, los derechos a la vida, a la salud, a la comida, o a un nivel adecuado de bienestar son gravemente comprometidos por esta crisis.[14] Las migraciones masivas, uno de los principales asuntos de derechos humanos de nuestro tiempo, también están siendo agravadas por esta emergencia. Por ejemplo, la crisis climática ha aumentado el flujo de migración de Centroamérica hacia América del norte, con todas las consecuencias que de ello se derivan.[15]

La carta firmada por miles de científicas y científicos tendría que ser un fuerte llamado de atención en este sentido. En este documento se lee: “declaramos clara e inequívocamente que el planeta tierra enfrenta una emergencia climática”. Esta emergencia “es más severa delo que se había anticipado, amenazando a ecosistemas naturales y al destino de la humanidad”. Por fortuna, la suerte todavía no está echada. Quienes firmaron la carta lo tienen muy claro: es momento de acudir y hablar directamente a quienes toman decisiones de política pública. Y, por las razones explicadas arriba, no hay motivo para no hacerlo; desde la derecha o desde la izquierda.

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