Despiden a José José

Por Lucero Calderón

Después de tanto sufrimiento, incógnitas y desazón, el pueblo de México pudo despedir a su querido José José con entrega, amor, pasión, porras, canciones, llanto, oraciones y bendiciones que se efectuaron al interior del Palacio de Bellas Artes, en el centro de la CDMX.

La cita para que entrarán a despedirse de El Príncipe de la Canción fue a las 10:00 horas, sin embargo, el ataúd dorado con la urna de sus cenizas se posó en el centro de las escalinatas internas del recinto cultural a las 10:42 horas, sobre una alfombra roja, rodeado de ofrendas y coronas de flores blancas, luego de que el portón se abriera y salieran sus hijos, Marysol y José Joel, acompañados por su madre Anel Noreña, segunda esposa del intérprete.

El acto comenzó de manera solemne, sin embargo, bastó un grito de ‘bravo’ a todo pulmón para cambiar el ambiente de manera radical.

La música de José José se escuchaba, interpretada por cuartetos, orquesta sinfónica, mariachi y coros. Temas tan emblemáticos como El tristeLa nave del olvidoAlmohada40 y 20Tu primera vez y O tú o yo, acompañaron a los miles de personas que entraron para despedirse, en un recorrido rápido, pero suficiente para gritarle que lo amaban, decirle hasta siempre y echarle porras desde la entrada hasta la salida, incluso para arrodillarse frente al ataúd, persignarse y llorar con el corazón en la mano y con la sinceridad que un ídolo despierta.

Personas con discapacidad, en sillas de ruedas y niños que no fueron a la escuela se unieron a los gritos, a canciones como México lindo y querido, y a frases como “José José tú eres mexicano”, “Viva el Príncipe”, “Te amamos”.

Las guardias de honor se sucedieron una a otra, durando escasos minutos. Así, Marysol, José Joel, Laura Núñez —su asistente durante los últimos diez años—, Emmanuel, Jorge Ortiz de Pinedo, Poncho Lizárraga, Luz María Zetina, Mauricio Barcelata, Gustavo Adolfo Infante, Dulce, Lucía Méndez y Laura Bozzo estuvieron presentes. Además, hubo guardias de compositores, de actores, de periodistas, de políticos —como Claudia Seinbahum— y de ejecutivos de su disquera, entre otros.

La gente también les dirigía mensajes de aliento a los hijos de José José, diciéndoles “sí se pudo”.

Momentos emotivos fueron muchos, el más fuerte fue cuando todos los presentes dentro de Bellas Artes se unieron en Ya lo pasado pasado, interpretado por el Mariachi y coro del Ballet Folklórico de México, y justo cuando la canción dice “pido un aplauso para el amor”, todos respondieron con uno que duro más de un minuto.

Otro momento que erizó la piel fue cuando Marysol cargó a su hija Elena, de año medio, y la acercó al féretro para depositar una rosa roja. La pequeña no conoció a su abuelo, pues el cantante  fue llevado a Miami cuando Marysol estaba embarazada.

Despedir a El Príncipe de la Canción con Las golondrinas y todos de pie, entre aplausos y frases como “Te queremos José, te queremos”, mientras sus hijos y familia le hacían guardia de honor, fue lo más emotivo de este arranque de su gira del adiós.

Tras otro minuto de aplausos, a las 13:03 horas, los restos de José José fueron removidos para llevarlos a la Basílica de Guadalupe.

FIELES SEGUIDORES

Ayer, la imagen del chintololo, al menos la parte de las cenizas que arribaron dentro de un ataúd áureo sellado al Palacio de Bellas Artes, prevalecerá por siempre en la memoria de enamorados, chicos, chicas, niños, curiosos, trabajadores, godínez, policías, barrenderos, vagos, skateboards, taxistas y adictos a Pokémon Go que se mezclaban con las porras póstumas en honor al oriundo de mero Clavería.

Entre el sol y un gélido viento mañanero, apareció por Eje Central la carroza negra, brillante, con calaveras clásicas, parrilla plateada, pulcramente limpia, como sus rines y llantas blancas, un aspecto propia y meramente Tim Burtoniano. Las rosas, rojas y blancas, llovieron sobre su toldo. Le dieron vida a su luto y andar lento.

Prisa había, pero el convoy no lo hacía evidente. Eran las 10:15 horas y la gente se colgaba de postes, vallas, casetas telefónicas; se asomaba por balcones y veía entrar a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, arribar a la carroza, a una camioneta donde Marysol y José Joel llevaban los vidrios debajo y saludaban a una enardecida ciudad que le dio su lugar al icono celebrado. “¡Sí se pudo, sí se pudo!”, exclamaba el pueblo, y a esto reaccionaba la familia del cantante.

Los pañuelos blancos que se agitaban para el triste adiós también limpiaban lágrimas de los seguidores, un sentimiento que no salvó a Sarita, la hija menor de El Príncipe, quien no goza de la simpatía de los mexicanos. Ira, alboroto, vulgaridad, enojo, desacuerdo, los improperios iban de un recuerdo nada cariñoso hacia la señora Sara Salazar, al inocente “Sarita, México te odia” y más.

¡Qué bueno que no vino!, y si viene, que sepa a lo que se enfrenta, porque su padre, que Diosito lo cuide, era más querido por nosotros que por esa arpía”, indicó una fan antes de provocar al resto.

Hubo personas que se formaron desde antes de la salida del sol. Tomaron autobuses de Tlaxcala, Veracruz y Guadalajara, o llegaron en auto propio, pidieron permiso en la chamba para entrar tarde o de plano no ir; gastaron 30 pesos en una foto grande, diez en una pañoleta o pluma, o 50 en la tacita para el café. En cubetas, las rosas casi marchitas se vendieron a 10 pesos cada una.

Conocer a la persona antes que al artista es lo que nos hace admirar más a José. Nos conocía, porque lo seguíamos, preguntaba por los que estaban mal de salud, por nuestras familias, hasta llegó a pagar consultas y el hospital de algunos”, compartió Manuel Sandoval, presidente del Club de Amigos de José José, una organización oficial que seguía al intérprete y que cuenta con más de 400 afiliados y aliados en Colombia, Perú y otras partes del mundo.

La fila avanzaba y al mismo tiempo comenzaban los bolseos y las broncas. Celulares y carteras desaparecían. Abusivos se metían y descontaban con un casco a un joven de camisa del Capitán América que terminó con dos tapones de sangre por tremendo impacto.

Entre la muchedumbre, un par de señoras narran que iban cada año que José José se presentaba en el centro nocturno El Patio, en la colonia Juárez. Angélica Tapia Vega, de 60 años, tenía mesa de primera fila para verlo. Se codeaba con Anel, Yoshio, Talina Fernández y otros.

Mis respetos. Esperaba a todas las personas, aunque saliera a las siete de la mañana, les daba a todos su foto y autógrafo. Fue una experiencia bonita, pero la más especial es que un día yo iba embarazada de mi hijo y en honor a él le puse José”, y al escuchar esto, el hijo de Angélica sonrío tímidamente.

Con un póster gigante con seis dedicatorias diferentes, programas del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, de El Patio y hasta de Las Vegas, a donde lo siguieron, María de Lourdes Ruíz, de 68 años, y su marido, Francisco Javier García, de 69, hablaron sobre su ídolo. “No me perdía sus shows. Un hombre maravilloso, sensible, sencillo.

Me decía: ‘Lulú, voy a estar acá’; se rodeó de mucha gente mala, pero él era muy noble, nos decía que no nos fuéramos, que nos iba a atender a todos con la foto y la firma. Toda la vida fue así y de ese ser humano nos enamoramos”.

Lulú fue de las afortunadas en pasar, porque justo a las 13:00 horas las puertas de Bellas Artes se cerraron. El tributo se terminó. El caos llegó, las personas se atropellaron, los niños eran brincados por las vallas al igual que gente en sillas de ruedas. Por ver el cajón de oro de El Príncipe casi hay lastimados, pero no pasó a mayores.

Por más que golpearon la puerta no se abrió, del otro lado, a las 13:30 horas, el cortejo y los restos del intérprete ya partían a la Basílica. La muchedumbre se dispersó, triste, aunque algunos como Jorge Farías, que hasta la foto enmarcada junto a José José llevó, se retiró con una reflexión: “Como dijo Enrique Guzmán: ‘Se murió un príncipe y ahora se juntan todos los buitres”.

ENTRE LA HOMILÍA Y SUS CANCIONES

Tras el tributo en el Palacio de Bellas Artes, la mitad de las cenizas de José José arribaron a la Basílica de Guadalupe entre el fervor religioso de la gente que acudió a misa y el de sus fans que esperaron, a pesar del ardiente sol, por lo menos dos horas antes de la misa en su honor a las 14:00 horas de ayer.

Previo a la entrada de los restos, tres minutos antes de las 14:00 horas, el reloj del atrio de la Basílica de Guadalupe sonó con El triste.

Con vítores como “¡Se ve, se siente, José está presente!”, la canción de México, lindo y querido y su verso “¡qué digan que estoy dormido y que me traigan aquí”, además de los gritos: “¡José Joel, Marysol, sí se pudo, sí se pudo!” y porras fue cómo entró el féretro dorado al recinto.

Adentro, más de cinco mil personas aguardaban, sacaron celulares para tomar videos y fotos, así como imágenes de El Príncipe de la Canción impresas, carteles, flores y alguna grabadora. Enseguida enviaron abrazos a su familia, que entró agradecida con la gente.

Su segunda esposa, Anel Noreña, cargaba a su nieta, Elena, quien no conoció a su abuelo; fueron recibidos por el sacerdote, Monseñor Gustavo Moreno Bravo, Canónigo de la Basílica de Guadalupe. A su lado, Marysol, madre de la pequeña, su esposo Xavier Orozco, y José Joel, con su hija Francesca.

La familia recibió un aplauso y el féretro, el agua bendita antes de ubicarse al frente y en el centro del recinto religioso, mientras se escuchaba La Guadalupana, dando inicio a la misa.

Tal oficio se realizó en conjunto con el de los 50 años del Mercado de San Agustín, de Naucalpan, Estado de México, como estaba previsto. Sin embargo, el sacerdote recordó a José José. “Nos acompaña nuestro hermano José Rómulo Sosa Ortiz…”, dijo, y los presentes se volcaron en aplausos sin dejarlo continuar.

Viene en un contexto religioso, en el contexto de fe, en una mirada de oración, no es un acto, un evento artístico social, sino una celebración en la fe religiosa”, aclaró y los rezos para los restos del cantante permanecieron en las voces murmuradas o en voz alta de la gente.

Recuerda a tu hijo José Rómulo Sosa Ortiz, José José, a quien llamaste de este mundo en tu presencia”, se expresó en la misa.

Muy emotivo fue cuando, posterior a la eucaristía, sonó Amar y querer, con la Estudiantina de la Universidad Lasalle, ante el aplauso del público y en plena misa.

Después, Marysol Sosa, hija de José José, cantó la alabanza Cara a cara, de Marcos Vidal, junto a la misma estudiantina, en honor de su padre, mientras que José Joel cantó dentro del recinto un medley con Amar y querer y ¿Cómo fue? Al final, una porra para el cantante lo despidió de la Basílica de Guadalupe.

SUS FANS LO VITOREAN

Con un grito de “sí se pudo” y cantando Cielito lindo cientos de fans se apostaron en la entrada de la Basílica de Guadalupe para recibir el cortejo fúnebre de José José. Los primeros en descender de las camionetas que acompañaban la carroza  fueron José Joel y Marysol, acompañados por su madre, Anel Noreña. Saludando a los fans del intérprete desde las escalinatas de la entrada al recinto, Anel, Marysol y José Joel se unieron a los gritos de júbilo de “Sí se pudo” de cientos de fans.

Levantando las manos en señal de victoria y enviando besos y abrazos, la exesposa del cantante también gritó lo mismo, para después abrazar a sus hijos e ingresar a la Basílica de Guadalupe. Acto seguido, los encargados de la funeraria bajaron el féretro dorado.

Emocionados, grabando el momento con sus celulares, los cientos de fans y curiosos detrás de unas vallas vieron ingresar el féretro e inmediatamente después corrieron a las puertas aledañas de la Basílica para escuchar la misa. Mientras ésta sucedía, algunos fans que no abandonaron las vallas de seguridad para esperar la partida de la carroza fúnebre lanzaban porras y entonaban canciones como Gavilán o paloma,  El tristeLa nave del olvido o Amar y querer. De pronto esa comunión entre los asistentes se vio interrumpida al grito de “Fuera Sarita”, “Fuera Sarita”, haciendo alusión a la hija menor de José José, quien no viajó de Miami, donde murió el intérprete, a México. Luego de esto y de la risa cómplice de los fans se escucharon porras y frases como “José, hermano, tú eres mexicano”.

Tras una hora de misa y entre porras, los restos de José Rómulo Sosa Ortiz fueron llevados a la carroza fúnebre a las 15:17 horas. Cientos de fans corrieron del interior de la Basílica a las vallas. La carroza abandonó el lugar a las 15:24 horas y se dirigió a Clavería, donde nació y creció José José.

Horas antes, unos 30 seguidores del cantante provenientes de Iztapalapa, de la zona del Aeropuerto, de Toluca o de Tierra Caliente, Michoacán, arribaron al recinto religioso para despedirlo, como Javier Alcázar Enríquez, quien con un radio al que conectó una USB con 300 temas de José José, cantaba a todo pulmón. Además, llevaba una foto de hace diez años en la que se le veía junto al artista. El imitador José Alejandro Ordoñez, también recordaba al ídolo cantando. Los vendedores ofrecieron binoculares de a 50 y cien pesos, fotos de José José a 10 y sombreros de 50 y 100 pesos.

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