Élmer Mendoza hurga en su raíz literaria

Virginia Bautissta

Desde niño, el escritor Élmer Mendoza (1949) fue “muy viajero” e incluso, para poder saciar sus ansias de aventura, llegó a pagar sus pasajes con libros. “Me trepaba al autobús y le decía al chofer que solamente traía 20 pesos y un libro. Todavía me preguntaba de qué se trataba. Era uno de Julio Verne u otro que ya hubiera terminado de leer. Le contaba la trama y luego me apuraba: ‘¡Bueno, ya súbete!’. Eso sólo podía pasar en Sinaloa”, comenta con orgullo sobre su estado natal.

En la antesala de sus 70 años, que cumplirá el próximo 6 de diciembre, el cuentista, novelista y dramaturgo comenta en entrevista con Excélsior que a través de estos viajes conoció la cultura norteña, su comida, su música, sus costas, el habla de su gente y, por supuesto, la violencia generada por el narcotráfico.

Todo esto nutrió mi obra. Por eso no dejo mi tierra ni pienso hacerlo. Me gusta trabajar aquí. Me estimula estar cerca de mi familia. Se vive muy a gusto. Sinaloa me da un nivel de vida agradable, hay muy buena comida, tiene un clima fantástico y me es muy fácil moverme para viajar”, afirma.

El autor de diversas novelas negras, algunas protagonizadas por el detective Edgar El Zurdo Mendieta
—un policía mexicano no inmune a las corruptelas, que consume ansiolíticos y se guía por la consigna “Los culpables me encuentran”—, desea regresar al cuento, género con el que irrumpió en la literatura a los 28 años de edad al publicar Mucho que reconocer (1978).

Me alejé del género. Creo que es muy serio. No lo puedes escribir nomás así, me parece más difícil que la novela. Lo concibo como una historia muy concentrada e intensa. Tiene que apostar por un final sorpresa que no es nada fácil lograr”, explica quien lanzó hace diez años su último título de relatos, Firmado con un klínex (2009).

Me gustan los cuentos en los que los autores sueltan a los personajes, los que tienen diez o 12 páginas. Estoy aprendiendo a hacerlos, porque a mí me salen de tres o cuatro páginas. Trato de que sean intensos y vibrantes, pero aún son demasiado breves”, agrega.

Adelanta que está “limpiando” varios relatos inéditos, “a ver si consigo armar un volumen; aún no sé cómo se llamará, pero quiero que se observe ya una nueva propuesta, innovar un poco lo que he hecho”.

Quien dio a conocer su primera novela, Un asesino solitario (1999), a los 50 años, tras confeccionar cinco títulos de cuentos al hilo, añade que hasta ahora que ha dado vida a once novelas se siente consolidado en su estilo.

Al principio desconfiaba de la clase de literatura que hacía, por los riesgos que corría. Ahora tengo mucha confianza en que son novelas de aventuras; y que la forma en que las escribes es una parte importante del discurso literario, pero el fondo, la aventura, sigue ahí.

En mis novelas siempre está pasando algo. Procuro crear expectativa en los lectores sobre lo que ocurrirá. Es un aspecto que me agrada trabajar con el sentido de movilidad, de acción. Soy un autor de novelas de aventuras con mucho divertimento”, indica el autor.

Quien tiene en su haber siete libros de cuentos y cinco de obras de teatro señala que está preparando además la sexta entrega de la saga de El Zurdo Mendieta, “que espero que se publique el año entrante”.

GÉNERO NEGRO Y EVOLUCIÓN

El autor de El amante de Janis Joplin y Balas de plata, por las que se hizo merecedor de los premios Nacional de Literatura José Fuentes Mares 2002 y Tusquets de Novela 2007, acepta que el género negro ha sufrido una enorme evolución en las últimas décadas y que, a escala internacional, cada vez son más los autores que lo exploran y lo enriquecen.

Trato de estar al día de lo que hacen los colegas, de lo que aparece mientras escribo. Sí ha cambiado la novela policiaca. Pero un elemento fuerte que tenemos en América Latina es que contamos lo que está pasando y eso le da un valor adicional a las historias.

A veces nos cuesta reconocerlo, pero, como los problemas que abordamos son tan fuertes, resultan más importantes que el estilo y el trabajo con el lenguaje. Pero si hay una intención de enriquecer cada vez más la estructura literaria”, considera.

Quien con su novela Efecto tequila fue finalista del Premio Dashiell Hammett en 2005, el mayor reconocimiento del género negro en español, detalla que sus historias parten generalmente de una anécdota, de lo que le cuenta la gente, sea verdad o no lo sea.

Amo escuchar a las personas, porque a veces me platican un detalle que me permite contar toda una historia. Me interesa conocer la realidad; ver en la televisión, por ejemplo, los gestos y las actitudes de los malhechores que atrapan, unos salen agachados, otros sonriendo. Todo eso me da ideas que convierto en ficción”, apunta.

El catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa destaca que en su obra la persona es el centro. “Éste es uno de los puntos importantes de la narrativa negra contemporánea, que estamos creando personajes en función de que trabajamos su problemática interna.

El Zurdo Mendieta, por ejemplo, no sólo es un detective, sino un hombre que tiene una cantidad inmensa de problemas y éstos son parte de su personalidad y de su historia, así como del universo de especulación donde participa y en el que es muy hábil”, añade.

El miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua aclara que la cambiante realidad social no marca la creación de sus protagonistas. “Por ejemplo, mis personajes femeninos siempre han sido independientes y con iniciativa. En la nueva novela de El Zurdo hay dos mujeres que son fuertes y controladoras. Quienes entran en contacto con ellas, por poder o por seducción, las respetan. Son mujeres que ejercen su feminidad completa, su belleza, su sexualidad, su preparación.

En esto no ha tenido nada que ver movimientos como el #MeToo o las recientes marchas de mujeres. Me ha gustado que exijan sus derechos, las pintas del Ángel son una medida extrema, pero necesaria. Pero nunca he pensado mi ficción en función de un problema específico. Más bien busco unir la aventura y el entretenimiento”, concluye.

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