Robles en la mira de los analistas

Eduardo Ponce

La detención de Rosario Robles por su presunta participación en el desvío de recursos públicos en llamada Estafa Maestra ha dado de qué hablar en diarios nacionales e internacionales con puntos de vista de distinta factura. Algunos claramente obedecen a análisis sesgados y otros intentan apegarse a los hechos. Puntos de vista encontrados y coincidentes seguramente el lector ha encontrado.

Supongo que Rosario Robles no es una persona a la que le falte el dinero. Ha pasado por muchos lugares en donde los recursos se desparramaban generosamente. Pero todo indica que, a diferencia de muchos de sus colegas en el poder, no ha sido la ambición económica el motor de sus afanes y desvelos. No es el caso de Emilio Lozoya, el otro pez gordo de la administración peñanietista al que se la han fincado responsabilidades; a él y a sus familiares les han encontrado cuentas multi millonarias. Hasta donde se ha documentado, la Estafa Maestra en la que habría participado Robles fue un mecanismo diseñado para generar recursos ilegales destinados a las campañas del PRI. En otras palabras, ella está en la cárcel presumiblemente por haber participado en un esquema para escamotear dinero destinado a otros, no a sí misma. Insisto, no estoy afirmando que sea pobre ni honesta; solo digo que la razón por la cual ahora está en prisión tiene que ver con el excesivo celo para cumplir un mandato emitido en otro lado (recuérdese que están involucradas once dependencias en la Estafa Maestra, aunque parecería que las más empeñosas fueron justamente las dos secretarías encabezadas por ella). Jorge Zepeda Patterson

Y eso es lo que está ocurriendo a Rosario Robles.. Por más que digan que es víctima de una “persecución política”, no la van a salvar. En principio, porque hay evidencia de sobra de que está inmersa de pies a cabeza en el pantano de la corrupción y la impunidad; y en segundo lugar, porque para “lavarse las manos” y “salvar el pellejo”, como se dice coloquialmente, tiene que sostener a toda costa que sí informó de las “irregularidades” al ex Presidente de la República Enrique Peña Nieto y el fallido ex candidato a la Presidencia, José Antonio Meade. Francisco Javier Pizarro

A pesar del “borrón y cuenta nueva” de López Obrador, el caso Robles ha metido al gobierno en una encrucijada, que revelará su conducta frente a su promesa anticorrupción. La Estafa Maestra abre la oportunidad de atacar el modus operandi de las redes de corrupción más allá de la personalización de la responsabilidad en Robles. La actuación judicial o la falta de atención de la FGR en las condiciones de imparcialidad del proceso pueden convertir la promesa contra la impunidad en ocasión para hacer daño a adversarios políticos o proteger a otros, justo en la línea de la construcción de esas tramas al interior de las instituciones. José Buendía Hegewisch

No he leído o escuchado la declaración de un(a) colega de Rosario Robles donde se afirme que la conocieron, trabajaron de cerca con ella dos, cuatro o seis años, y que meten las manos al fuego por su honestidad. No he leído o escuchado la declaración de un(a) colega de Rosario Robles alzar la voz para denunciar el ‘terrorismo procesal’ del que fue objeto en su audiencia. No he leído o escuchado la declaración de un(a) colega de Rosario decir que le consta que en reuniones del gabinete le informó a Peña Nieto de la ‘estafa maestra’, o que ella no fue, ni con mucho, la única que lo hacía. Jorge Castañeda

Una primera línea se empeña en hacer ver que el verdadero fondo de este acontecimiento no es otro que el ser utilizando el suceso como un simple distractor por parte del actual gobierno. Que el encarcelamiento de RR pretende borrar de un plumazo tantos negativos que en los últimos días ha venido acumulando la llamada 4T. Y no se necesita mucho esfuerzo para citar de corrido el siguiente rosario:

El bajísimo crecimiento de la economía (a tal grado que una tasa de apenas 0.1 por ciento de incremento en el PIB trimestral amerita gran festejo), la brutal caída en el empleo informal, la violencia recrudecida en no pocas plazas del país (Uruapan, Guadalajara, Veracruz, Guanajuato y un largo etcétera), la evidente pusilanimidad ante el discurso de odio de Trump cuya expresión plástica se encuentra en la brutal matanza de El Paso, sólo por cuanto hace a los días recientes. Juan Antonio García Villa

Leave a Reply

Your email address will not be published.