‘Soy moroso para mi poesía’: Jorge Ruiz Dueñas

Por Virginia Bautista

oy moroso para mi poesía”, confiesa el escritor tapatío Jorge Ruiz Dueñas. Esto se debe, aclara, a que está convencido de que “el tratamiento de la palabra debe ser espontáneo”, por lo que para confeccionar sus versos busca los vocablos adecuados, los examina, sigue su migración y, en ocasiones, crea nuevos uniendo el significado de dos, como albamar, vagamundo o tornaviaje.

El también narrador nacido en Guadalajara en 1946 admite, en entrevista con Excélsior, que la mayor parte del tiempo le gusta esperar pacientemente a que llegue la inspiración del primer verso “meditando, hurgando en la esencia de las cosas o releyendo”; aunque acepta que algunos de sus libros han sido el resultado “de un hacer y deshacer”.

Esta forma de relacionarse con la palabra escrita, explica el ensayista y editor, podría adquirir nuevas dimensiones tras su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua (AML), en la que fue elegido como miembro de número el pasado 10 de enero para ocupar la silla XIII, después de creadores de la talla de Ramón Xirau, Martín Luis Guzmán y Enrique González Martínez.

El dictamen del pleno reza que “cuenta con una amplia y reconocida obra poética, narrativa y ensayística, además de una intensa actividad académica y de una voluminosa contribución en publicaciones periódicas especializadas”.

Para el autor del poemario Espigas abiertas (1968), en la AML se dan zonas de encuentro. “Es una pléyade de gente sabia que te asombra. Te nutre estar con personas que tienen un conocimiento profundo de la lengua, de los aspectos lexicográficos. Pero esto no afecta mi forma de escribir poesía y narrativa; no se modifica el estilo, el ritmo, el encabalgamiento, éstos siguen su propio camino”, comenta.

El egresado de Derecho de la UNAM señala que, además de motivarlo a “desempolvar palabras en desuso” que necesita usar como herramientas, la Academia lo está llevando hacia su maestro, el poeta español León Felipe (1884-1968), a cuya obra dedicará su discurso de ingreso, que ha solicitado sea el próximo 8 de octubre.

He pensado mucho en él. Creo que está un tanto olvidado en ambos lados del continente. Compartiré cómo lo conocí y la forma como convivimos, pues fui su asistente los últimos años de su vida; además de mi percepción sobre su poesía, que fue más allá del exilio”, narra.

Agrega que está orgulloso de formar parte de un organismo que se esfuerza por acercarse a los mexicanos. “Lo hace, sobre todo, a partir del uso de las redes sociales y de su página de internet, a través de la cual promueve los diccionarios y planea transmitir las conferencias. Es una AML más abierta, activa, sensible, que se transforma constantemente”.

Dice que, como académico de la lengua, le gustaría indagar más profundamente en temas como la metamorfosis de las palabras o qué motiva a los jóvenes de clase media a acercarse a los que no tienen recursos adoptando su habla, que tal vez es más directa para comunicar.

Pensaré en tópicos como la relación entre tradición, cultura y modernidad. Quisiera buscar hacia delante: qué significan las redes, qué influencia tienen en la población, qué nos están diciendo, pues el lenguaje también es política; o de qué manera se están modificando los medios de comunicación, cómo intervienen en nuestra forma de ser modernos”, detalla.

EN EL TINTERO
Ruiz Dueñas desea terminar este 2019 un poemario en el que ha trabajado cuatro años, y quiere ordenar por temas una serie de ensayos dispersos. “Hay un par de expedientes abiertos que quiero cerrar, relacionados con la continuación de mi primera novela, El reino de las islas: es hacer una segunda obra con algunos de esos personajes, pero viviendo en otro tiempo emocional, otra sensibilidad. Ya después pensaré si hago una tercera parte”.

El autor de El pescador del sueño y Habitaré tu nombre considera que sí ha evolucionado su forma de dar vida a este género. “Cuando eres joven quieres transgredir, crear vocablos, neologismos, transformar el estilo, la forma. Y después vas reflexionando y retornas a ciertos cauces. Una poesía demasiado gozosa se convierte con los años en una más taciturna. Pero sigo teniendo las grandes influencias del mar y el desierto, aunque ahora abordo estos temas con una perspectiva diversa”.

El maestro en Administración —ha ocupado cargos en la Universidad Autónoma Metropolitana, el antiguo Conaculta y el Fondo de Cultura Económica— explica que siempre le ha interesado el origen de las palabras, “la parte proteica, las versiones dialectales de cada país”, y piensa que la AML es el foro idóneo para consolidar estas reflexiones.

En una época viajé mucho y me llamaba la atención cómo muchas palabras no tenían traducción directa por la influencia de las lenguas originarias, sobre todo en Sudamérica. Es donde te das cuenta de la importancia que tiene la lengua, el habla, y cómo pueden enriquecer tu propuesta literaria”.

Dice que fue con el poeta y filósofo catalán Ramón Xirau (1924-2017) con quien mejor hablaba de estas inquietudes. “De los anteriores ocupantes de la silla XIII, por la proximidad, Xirau es el que me conmueve más. Lo conocí la noche en que Octavio Paz ingresó a El Colegio Nacional. Estuve en el coctel y Paz nos invitó, a mi esposa y a mí, a la cena en su honor. Nos sentamos cerca de Ramón y Ana, y tuvimos la fortuna de escucharlos toda la noche, bebimos su sabiduría. Eso debíamos hacer”, concluye Jorge Ruiz Dueñas.

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