Decena imaginaria

Juan Carlos Talavera

La colección Sólo cuento llegó a su fin con la publicación de su décimo volumen. Así lo expresó a Excélsior la narradora y catedrática Rosa Beltrán, creadora de la serie que durante una década compiló algunos de los mejores cuentos de 284 autores contemporáneos.

Sólo cuento nació bajo el espíritu de Edmundo Valadés y su revista El Cuento. Revista de Imaginación, y en esencia “ha reunido a cuentistas excepcionales en lengua española, vivos y en plena producción, es decir, cuentos escritos por autoras y autores de distintas generaciones, tendencias y aproximaciones estéticas”, detalló la también catedrática.

Y añadió: “Para mí la apuesta se cumplió en todos los sentidos y desde luego que he escuchado varias opiniones de tristeza, porque se ha terminado la colección, aunque llegar al número 10 fue un tema arbitrario, ya que la única condición que hubo es que ésta nunca sacrificara la calidad. Seguramente seguirá habiendo muy buenos cuentistas y a alguien más le tocará continuar esta colección o abrir una nueva”.

¿Por qué si el número de cuentistas ha crecido decidieron cerrar la colección?, se le cuestionó a Beltrán. “¿Qué nos empujó? Quizá que cada vez más el cuento se confunde con otros géneros y pasó de ser aquel corpus tan específico que definieron Julio Cortázar y Ricardo Piglia, con una estructura y ciertas reglas del juego que cerraba con un nocaut, sin descuidar el momento climático y una tensión constante de principio a fin”.

Sin embargo, lo que hoy predomina son los cuentos que rompieron con esa regla, abundó, y hoy predomina el  reto a esa estructura, hasta construir relatos que se hacen de otra manera y que empiezan a asociarse con la crónica, con relatos en primera persona, ligados a la autoficción o los que se mezclan con el ensayo.

Entonces el comité editorial tuvo la idea de abrir dos colecciones más, una dedicada a la crónica y otra al ensayo, que también es un género bastante descuidado.

Sobre la serie dedicada a la crónica, de la cual ya circulan los primeros volúmenes, ésta intenta captar las voces de los cronistas clásicos y de nuestro tiempo, “porque observamos un deseo y una necesidad por conocer lo real y la verdad. Y aunque decir ‘la verdad’ y ‘lo real’ me lleva a  terrenos escurridizos en literatura, son dos palabras que en este país se han vuelto apremiantes”, reconoció.

Mientras tanto, expresó Rosa Beltrán, “dedicaremos todo este año a presentar la colección completa en foros y ferias, porque desde la Dirección de Literatura de la UNAM nos sorprendió el resultado de esta serie. Primero, porque se convirtió en un documento que capta la voz de casi 300 autores que reflejan la diversidad de formas en las que se puede abordar el cuento, escritos por hombres y mujeres de distintas edades y nacionalidades teniendo como única condición la lengua española”.

Y, al mismo tiempo, se ha convertido en un laboratorio. Quizá por ello “universidades de Estados Unidos y de otras latitudes han utilizado esta colección como un referente”.

EXPERIENCIA ENCARNADA

El volumen con el que concluye la colección agrupa 31 relatos de escritores como Enrique Vila-Matas, Margo Glantz, Angelina Muñiz Huberman, Almudena Grandes, Marina Porcelli, Amparo Dávila y Luis Zapata, entre otros.

 Según la prologuista Carmen Alemany Bay, los personajes de estos relatos enfrentan la soledad y la adversidad.

Un aspecto que sorprendió a Rosa Beltrán en el seguimiento de esta serie es que en cada número fue creciendo el número de escritoras. 

Cada vez había más cuentistas, aunque aquí nunca hubo una condición de cuota ni nada que sonara artificial, porque lo que yo quería es que cada volumen fuera impecable y que cada relato que tú leyeras fuera bueno, con autores vivos y en plena producción –salvo el caso de José Emilio Pacheco y de Ignacio Padilla que fallecieron después de ser publicados–, y considero que lo logramos”.

A esto se suma el trabajo editorial, con la selección de espléndidas portadas que reflejan el alma de esos objetos bellos y bien hechos a cargo de Mónica Zacarías, explicó.

¿Se agotaron los cuentos?, se le preguntó a Beltrán. “Por supuesto que no está agotado. La tentación de seguir haciendo libros de cuento es enorme y ojalá alguien lo aproveche  y tome la estafeta y siga”.

¿Detectó alguna evolución estética en esta década? “Un fenómeno muy curioso que notamos a partir del número 8 fue la tendencia entre los más jóvenes de volver a la narrativa, es decir, lo que más les interesó no fue el experimento –que yo creo que es una herencia de la literatura francesa y del modernismo–, sino que les importó más el hecho de contar un relato que fuera memorable,  es decir, que el lector retuviera en la memoria.

Así que los relatos no se convirtieron en actos de malabarismo donde se pudiera ver quién podía sorprender más a otro con sus recursos literarios, sino que se concentraron en transmitir una historia que tocara las fibras más íntimas creando una experiencia encarnada”.

Para concluir, Rosa Beltrán anunció que durante la próxima edición de la Fiesta del Libro y de la Rosa estará dedicada a la ‘No ficción’ y será inaugurada por la cronista argentina Leila Guerriero.

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