Falleció Tomi Ungerer, el viajero del trazo erótico

El dibujante francés Tomi Ungerer (1931-2019), conocido por sus libros infantiles, murió el pasado viernes en Cork, Irlanda, a los 87 años. Dejó tras de sí una obra muy rica, a veces subversiva, pero llena de humor y en la que también tuvo cabida el erotismo.

Su universo infantil, con personajes como los tres bandidos o Juan de la luna, le hicieron famoso, aunque también dibujó mujeres vestidas de cuero o ranas practicando posiciones del kamasutra, una faceta menos conocida de su abundante obra.

Ungerer, que además de dibujante y escritor también fue escultor, no dudaba en bromear sobre su propia muerte.

En la legión dicen ‘camina o muere’. Yo digo ‘muere primero y camina luego”, expresó en noviembre de 2016, cuando celebraba sus 85 años.

Nacido en 1931 en Estrasburgo, en una familia de relojeros, “Tomi” Ungerer, que en realidad se llamaba Jean-Thomas se quedó huérfano a los tres años.

En su infancia también sufrió la anexión de Alsacia por parte de Alemania, el adoctrinamiento nazi, cuando iba a la escuela, y los duros combates para expulsar a los alemanes de la provincia francesa de Colmar, episodios que cuenta en sus libros autobiográficos.

Convencido de que la creatividad nace de los traumatismos, nunca tuvo miedo de asustar a los niños con sus dibujos y sus textos.

Su capacidad para hablar con los niños de igual a igual se reflejaba en los artículos que publicaba en la revista Philosophie, en la que respondía con humor y malicia a las preguntas de los más pequeños.

Tras haber fracasado en su examen de bachillerato, Ungerer viajó a Laponia y luego se afilió en una unidad militar en Argelia, cuando todavía era una colonia francesa. Después pasó muchos años en Estados Unidos antes de instalarse en Irlanda en los años 1970.

Tengo mis raíces en Alsacia, pero mis hojas, mis ramas, las llevo conmigo”, decía Ungerer, que escribía tanto en francés como en alemán y en inglés.

El dibujante, enemigo de las fronteras, aseguraba que hablaba “el francés con acento alemán y alemán con acento francés”, como una forma de reconciliar a ambas naciones.

En Estados Unidos, donde llegó sin dinero, denunció con sus dibujos la segregación racial, la guerra de Vietnam y la vacuidad de la vida de la gran burguesía de Nueva York.

En 1969 sorprendió y escandalizó al público anglosajón con Fornicon, un libro de dibujos eróticos que describía la mecanización del sexo.

Años más tarde, incluso, dedicó un libro a las prácticas sadomasoquistas en los burdeles de Hamburgo, un mundo al que se acercó “con el mayor respeto”.

Su reconocimiento como artista llevó a Ungerer a ser uno de los poco aristas galos en tener un museo en vida, el cual fue instalado en su ciudad natal de Estrasburgo y al cual donó 11 mil dibujos originales, así como esculturas, juguetes y libros.

Tenía una juventud increíble, frescura de espíritu, a veces también cólera”, decía de él su amiga Thérèse Willer, conservadora del museo, en referencia a su enfado por la elección de Donald Trump al que describió como “primer caballero del Apocalipsis”.

Este artista, que se autodefinía como un “pesimista alegre”, consideraba que si él pudiera describir la forma del paraíso, “tendría que ser una inmensa biblioteca”.

Leave a Reply

Your email address will not be published.