AMLO y la política exterior

Ernesto Hernández Norzagaray

“Nosotros no nos inmiscuimos en asuntos internos de otros países porque no queremos que otros gobiernos, otros países, se entrometan en asuntos que sólo corresponden a los mexicanos”, dijo López Obrador a periodistas, durante una gira por el norte de México.

Este pronunciamiento que se inscribe en la doctrina Estrada de la libre autodeterminación de los pueblos establecida en el artículo 89 Constitucional, significó la salida del Grupo Lima – Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía- que fue constituido a mediados de 2017 con el objetivo de favorecer los cambios democráticos en Venezuela, donde pasan no sólo por un problema serio de legitimidad democrática sino por una severa crisis humanitaria. Se calcula que 3 millones de venezolanos han tenido que huir de su país y la mayoría de ellos sobreviven en los países limítrofes en condiciones infrahumanas.

La nueva posición diplomática del Gobierno mexicano ha generado un malestar entre los presidentes de los países del Grupo Lima y entre defensores de los derechos humanos, y seguramente la satisfacción del Gobierno de Nicolás Maduro, que el pasado 10 de enero tomó posesión en su segundo mandato luego de las elecciones del 20 de mayo de 2018.

¿Qué significado tiene la libre autodeterminación de los pueblos en la era de la globalización? Es un valor político cuándo franjas del mundo se mueven entre los extremos de derecha e izquierda y eso provoca una gran incertidumbre entre millones de habitantes de todos los rincones. Basta ver hacia América Latina y el ascenso al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil y los gobiernos bolivarianos de Nicolás Maduro y Daniel Ortega.

Se podrá salir al paso y decir que hay otras expresiones más radicales como son los gobiernos neoliberales, que han empobrecido a cientos de millones de latinoamericanos, y que si bien cumplen con los principios formales establecidos en la Carta Interamericana, no garantizan un pan sobre la mesa, sino la exclusión social, cierto en esas se encuentran decenas de países de Latinoamérica pero también del resto del mundo, incluso de las llamadas democracias consolidadas que ven crecer sus bolsas de exclusión social.

Justamente, este panorama desolador para una buena parte del mundo, es lo que ha provocado la reaparición de agentes políticos con discursos antisistema con mínimos de racionalidad económica o política, y antes de que se me cuestione no es el caso de López Obrador, quién ha empezado su Gobierno reivindicando su lucha contra la corrupción y una extendida política social, sino aquellos que aprovechando los saldos de sus antecesores y haciendo uso de la mercadotecnia política han logrado insólitos desplazamientos del voto como es el caso del brasileño Bolsonaro.

Sin embargo, si sorprende la postura de libre autodeterminación que sostiene el Gobierno mexicano, no puede ser indiferente ante la crisis humanitaria que se vive en Venezuela como no lo fue con los miles de migrantes centroamericanos que cruzaron el territorio nacional en busca de las fronteras con los Estados Unidos de Norteamérica y que buscan alcanzar el sueño americano o reencontrarse con sus familias allende la frontera.

No valdría la posición de que para atender el tema venezolano están las instituciones multinacionales y que los gobiernos de los países deben cuidar a los suyos antes de preocuparse por los vecinos. Es como si tuviéramos un vecino que secuestra y tortura y nos preocupamos sólo porque no alcance a los de nuestro entorno familiar.

México, tuvo una política diplomática ejemplar que se perdió ostentosa en los gobiernos neoliberales, durante el cardenismo cuándo salvó a cientos de miles de refugiados españoles y lo mismo durante el echeverrismo que salvó la vida a decenas de miles latinoamericanos que huían de la garra de las dictaduras de Pinochet, Galtieri, Videla… y, eso no puede olvidarse, se deben propiciar condiciones para que los países tanto de gobiernos neoliberales como no neoliberales sean capaces, en el marco de la globalización, garantizar mejores condiciones de existencia. La experiencia del actual Gobierno mexicano indica que se puede avanzar en esa dirección y tener un buen Gobierno. No se debería voltear a otro lado cuándo en algunos países se agotan libertades y se persigue por motivos políticos a los que protestan como sucede en Venezuela y Nicaragua.

Quiero pensar con cierto optimismo, que, dada la agenda de Gobierno hoy está enfocada hacia el ámbito nacional, y distraerse en los temas internacionales desgastaría innecesariamente las energías del punto de partida, AMLO no ha querido pronunciarse en este tema más allá de generalidades, como tampoco en el que se discute en el Congreso del Estados Unidos de Norteamérica sobre el asunto del muro fronterizo que Donald Trump quiere construir con cargo a las finanzas de México.

Prefiere la cautela, pero tarde que temprano será inevitable, y para entonces ganará tiempo incluso establecerá abierta o secretamente alianzas más afines con su forma de ver la política exterior, que de acuerdo con sus fuentes de inspiración no puede ser otra que una progresista que contribuya a distender las relaciones internacionales.

Marcelo Ebrard, el Secretario de Relaciones Exteriores, en la inauguración de la XXX Reunión de Embajadores y Cónsules en la Ciudad de México, ha sostenido que en política exterior “defendemos el principio de no intervención, solución pacífica de los conflictos y cooperación para el desarrollo, sin que eso signifique pasividad, sino respeto a los países, y evitó pronunciarse sobre la salida de México del Grupo Lima y el caso de Venezuela que exige respuestas urgentes ante la emergencia humanitaria”.

En definitiva, habrá que reconocer que existe un replanteamiento de la política exterior que sostuvieron los gobiernos priistas y panistas, muy plegados a las directrices estadounidenses y los organismos internacionales, ahora la nueva política llama a la prudencia que en palabras de Ebrard no significa pasividad sino congruencia entre lo “defendido dentro y fuera del país”.

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