Tomás Segovia, arropado por el ruido del mundo

Virginia Bautista

Tomás Segovia (1927-2011) llegó a decir que de la literatura no le interesaba nada, sino que su preocupación fundamental era conocer el mundo, al hombre, “saber quién era él mismo y qué estamos haciendo aquí en este planeta”, confiesa María Luisa Capella (1944).

La viuda del poeta y ensayista español naturalizado mexicano, con quien vivió de 1989 hasta su muerte, recuerda que salía todas las mañanas muy temprano “a pasear y a apoderarse un poco del mundo, a ver las calles, los parques, la gente”.

Narra, en entrevista con Excélsior, que el autor de La luz provisional (1950) y Estuario (2011) no era un escritor de gabinete, al contrario, “necesitaba el ruido del mundo para poder crear”. Añade que, por ello, escribió mucho en los cafés y “si tenían ventanales hacia la calle, mejor todavía”.

Indica que Segovia tiene un verso que dice que salía en las mañanas “con la misma inquietud que el novio va a ver a la novia, con la esperanza de encontrarse algo estupendo. Por eso se consideraba el eterno novio de la vida. Creo que ése es el meollo de toda su poesía, ensayos y reflexiones: el mundo, la humanidad, el hombre, la mujer y el amor”.

La maestra en Letras por la UNAM, casa de la que también egresó Segovia, evoca que los ensayos que escribió el poeta desde que tenía 18 años y hasta un mes antes de su muerte nacieron de “esos paseos, de su relación con la gente y con la vida misma”.

Por este motivo, la investigadora se alegra de que por primera vez se publicará la obra ensayística completa del ganador de premios como el Octavio Paz de Poesía y Ensayo, el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo y el Internacional de Poesía Federico García Lorca.

El sello Ediciones Sin Nombre, que dirige José María Espinasa, en coedición con la Secretaría de Cultura, acaba de lanzar dos de los seis tomos que reunirán todos los ensayos que el también traductor confeccionó durante 60 años.

El primer volumen de estos Ensayos completos incluye los libros Actitudes (1970) y Contracorrientes (1973) y el segundo se subtitula Trilla de asuntos; que cuentan con 541 y 597 páginas, respectivamente.

Capella destaca que para Segovia no existía diferencia entre el origen de sus poemas y sus ensayos. “Tenía una capacidad de abordar diversos géneros literarios. Pero las reflexiones que él hacía previas a generar un poema le servían para un ensayo, por ejemplo. La poesía no estaba desvinculada de sus ensayos, porque para él todo era reflexión”.

La experta en temas como el exilio español y la obra de León Felipe señala que la poesía del autor de Casa del nómada “era de una altura muy clara, lo que a él le importaba era que la gente lo entendiera; pero esos poemas podían dan vida a un ensayo, que también era sencillo y diáfano”.

De hecho, asegura que en el libro El tiempo en los brazos: cuaderno de notas (1950-1983) ya aparecen muchos ensayos incompletos, que después terminaría. “Tenía una memoria prodigiosa. Se acordaba de todo. No dejaba un tema hasta que lo expresaba como él quería, a plenitud”.

Aclara que ella le proporcionó los textos a Espinasa, pero que la selección y la estructura de los tomos son del editor. Y dice que no descarta las sorpresas, la posibilidad de encontrar más ensayos, porque sigue recuperando correos antiguos. “Pero si algo aparece, lo incorporaremos en el último tomo”.

Capella adelantó que este año terminará la catalogación del acervo de su esposo que custodia El Colegio de México desde 2013.

CHARLA

Tomás Segovia concebía el ensayo como una forma de conversación, de diálogo, como un espacio donde podía ofrecer respuestas sobre los temas que le interesaban y crear un ámbito de lectura, apunta Espinasa en el prólogo del primer tomo. “Su obra reflexiva es esencial para entender no sólo su propia evolución como poeta, sino el desarrollo de la literatura mexicana del último medio siglo”, agrega quien publicó los tres primeros volúmenes de esta serie a partir de 1988, editados por la Universidad Autónoma Metropolitana.

Segovia escribió desde la periferia, desde los márgenes, aunque se ocupara de asuntos, temas y creadores centrales de nuestra cultura. Lo que era extraña o excéntrica era su mirada, tan admirativa como poco complaciente con los prejuicios, lugares comunes y las modas”, señala.

Detalla que en Actitudes y Contracorrientes, Segovia pasa revista a textos, creadores, obras, ciudades, películas y piezas de teatro “casi como un diario intelectual que muestra su propuesta de buscar —como el salmón— a contracorriente”.

Espinasa explica que el segundo tomo, Trilla de asuntos, reúne diversos materiales que estaban publicados de manera dispersa en revistas y suplementos o que se leyeron como conferencias o, incluso, permanecieron inéditos hasta la fecha de la recopilación de hace 30 años.

¿El poeta escribe ensayo de manera distinta a como lo escribe el novelista o incluso el ensayista puro?, se cuestiona al editor. “Si nos atenemos al caso de Segovia la respuesta es sí, porque entiende el oficio de poeta no en su sentido más superficial de practicante de un género, sino en el de una mirada en busca del sentido”, concluye.

Y destaca que, en estos primeros textos, algunos de los intereses del poeta se inscriben en la influencia estadunidense, la incipiente globalización, la emergencia de una juventud con exigencias culturales, políticas y de consumo, la necesidad de ser más modernos, la Ruptura, la “poesía en movimiento” y la irrupción de disciplinas como la antropología y la lingüística.

Espinasa destaca que, tras la publicación de estos seis tomos, la obra reflexiva de Segovia se consolidará como referente obligado para la media centuria final del siglo XX y el principio del XXI.

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