EZLN: 25 años de resonancia

Rubén Martín

Por enésima ocasión el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha dejado en claro sus diferencias y cuestionamientos al proyecto que encabeza Andrés Manuel López Obrador, a la izquierda electoral y a toda la partidocracia.

El posicionamiento del EZLN, al conmemorar los 25 años de su irrupción pública, ha sido tomado con molestia y hasta sentimiento de agravio en ciertos sectores del lopezobradismo. Tal vez no les gustaron las formas, pero no se puede cuestionar al zapatismo por deshonestidad o incongruencia, como han acusado seguidores del gobierno autonombrado de la Cuarta Transformación.

La crítica más injusta, y a la vez más ignorante, es que la acusa al EZLN de seguirle el juego a la partidocracia tradicional, especialmente al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Si hay una fuerza política atacada por todos los medios por los gobiernos priistas, es el EZLN.

La otra crítica al neozapatismo, también cargada de ignorancia, es que la cree que sólo existen cuando leen comunicados o aparecen en la prensa. Se preguntan que
donde estaba el EZLN en coyunturas políticas importantes y la respuesta se sencilla: siempre abajo, al lado de quienes resisten y se rebelan. Todos los movimientos sociales y de resistencia de este país han encontrado un aliado en el zapatismo.

Para quienes se preguntan seriamente dónde estaba el EZLN en los pasados años, basta revisar las resonancias y consecuencias políticas que ha tenido este movimiento en México y en el mundo.

La primera consecuencia directa que produjo la irrupción zapatista, fue colocar en el centro del debate nacional el olvido, racismo y violencia que sigue existiendo en contra de los pueblos originarios de México. Pero con el alzamiento del 1º de enero de 1994 dieron ejemplo de organización y proyecto político a decenas de pueblos que se organizaron en torno al Congreso Nacional Indígena (CNI) desde 1996. Así lo reconocieron el pasado 2 de enero: “Los pueblos, naciones y tribus que conformamos el Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno, saludamos con orgullo el 25 aniversario del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, desde que el 1 de enero de 1994 nuestra palabra dejó de pedir limosnas para exigir justicia, y para reconocernos en los derechos que desde ese día comenzamos a ejercer, no solo en Chiapas, sino en todos los rincones indígenas de nuestro país”. Con la irrupción del EZLN en 1994 se conformó el movimiento indígena moderno que ha estado en la primera línea enfrentando la profundización del despojo y privatización de tierras y bienes comunes desatados por los gobiernos neoliberales.

Pero el EZLN tuvo también impactos directos en el sistema político mexicano. Una generación de liberales cree que la transformación del sistema electoral mexicano fue obra de organizaciones y personajes como José Woldenberg. No fue así. Tras el alzamiento, los días de enfrentamiento armado y las movilizaciones de la sociedad exigiendo el fin de la guerra contra los zapatistas, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari se dio cuenta que las elecciones de 1994 no tendrían credibilidad con un Instituto Federal Electoral (IFE) controlado por los priistas. Es entonces que se eligió un consejo general del IFE compuesto mayoritariamente por ciudadanos sin partido (aunque luego algunos se convirtieron en partidistas).

Otra resonancia directa del EZLN en el país abarcó a toda la izquierda. El caminar y despliegue de las iniciativas zapatistas desde 1994, que pueden entenderse con claridad en las seis declaraciones de la Selva Lacandona, pasaron de proponer una alianza con partidos y personalidades de la izquierda electoral (como Cuauhtémoc Cárdenas), a fijar claramente una postura de crítica a la izquierda electoral y definirse como una fuerza política anticapitalista y antisistémica en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. El EZLN reconfiguró el campo de la izquierda en
México.

Pero no sólo en México. El neozapatismo ha tenido una influencia política muy importante en la izquierda mundial, especialmente en la anticapitalista. La convocatoria al Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo de mayo de 1996 fue una iniciativa relevante para conformar un movimiento mundial contra la globalización neoliberal, en tiempos en el que imperaba el pensamiento único y la propaganda del triunfo del capitalismo o el “fin de la historia”.

Las formas de hacer y el modo de procesar sus iniciativas políticas (las consultas a las bases zapatistas y las consultas a la sociedad civil) marcaron una diferencia con otras guerrillas latinoamericanas y abrió paso a otras formas de hacer política.

Con esto retaron al pensamiento de izquierda a pensar de otra forma las revoluciones y los cambios sociales. La idea de “cambiar el mundo sin tomar el poder” popularizado en el libro de John Holloway (intelectual cercano al zapatismo), retó a pensar que se puede y se deben construir sociedades sin Estado y sin capitalismo, en el presente, sin esperar a la imaginaria toma del Palacio de Invierno por un partido vanguardista encabezado por la clase obrera. El EZLN replanteó la idea de los supuestos sujetos revolucionarios y la misma noción de revolución. Las
comunidades mayas zapatistas que han sido sustento del EZLN y que ahora se autogobiernan a través de los municipios revolucionarios y las Juntas de Buen Gobierno, están mostrando en su resistencia y construcción de autonomía, otras formas de revolución, aquí y ahora.

Basta este recuento incompleto de resonancias nacionales e internacionales que el EZLN ha provocado a 25 años del Ya Basta para afirmar que el neozapatismo es una fuerza política fundamental para pensar un cambio radical de las relaciones sociales en México. Y en el mundo el EZLN y los kurdos con su propuesta del Confederalismo Democrático, son los ejemplos más consolidados de movimientos populares que están construyendo otras relaciones sociales, es decir, están caminando la utopía de construir otro mundo posible, aquí y ahora, no luego de la toma del Palacio de Invierno.

Más allá de las críticas sin fundamento al EZLN de parte de ciertos sectores de la izquierda electoral, el recuento incompleto de sus resonancias debería bastar para dejar en claro que los proyectos de la Cuarta Transformación y del neozapatismo son proyectos políticos distintos e irreconciliables. Uno se propone reformar el
capitalismo, el otro propone combatirlo.

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