La muerte ritual de Moreno Valle

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Aldo Fulcanelli

Las probables muertes, tanto del ex mandatario de Puebla Rafael Moreno Valle, así como de su esposa Martha Erika Alonso, quienes presumiblemente perdieron la vida al desplomarse el helicóptero en que viajaban el 24 de diciembre, ha reabierto de canal la cloaca en que la política mexicana se encuentra cimentada; nada menos que un pestilente sumidero enarbolado por intrigas, traiciones, y un océano infranqueable de corrupción.

Con todo ese hedor a maledicencia, relevantes actores identificados con la cúpula del PAN, hoy utilizan la sangre de los finados para comerciar con ella fácticamente, el hecho equivale a desenterrar un par de cadáveres que ni siquiera, todavía, alcanzan el grado de putrefacción, para exhibirlos –simbólicamente-, sobre picotas, a la manera de tétricas mojigangas, que solo atraen la atención de una impresentable fauna cadavérica, presta a devorar, entre el aroma de la deposición y las cenizas, hasta la última huella de los restos.

Ni tardos ni perezosos, los ex presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, exigieron al Gobierno Federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador, suficiencia en las investigaciones, acusando en la sospecha propia, la composición de un entramado mediático, a la sombra de la politiquería, que pretende ya sin cortapisas culpar al presidente López Obrador; de la supuesta muerte de ambos políticos poblanos.

Pero lo más hilarante de la voluntariosa solicitud de ambos ex mandatarios, no es únicamente la sombra de abuso de poder que pende sobre estos personajes, situación que los vuelve moralmente insolventes, sino además, que ambos durante sus gobiernos, perdieron en avionazos a destacados colaboradores, sin que los hechos antes, se aclararan con la suficiencia que hoy ellos mismos exigen.

Tal es el caso de Vicente Fox, en cuyo Gobierno perdió la vida el entonces secretario de seguridad Ramón Martín Huerta, cuando el helicóptero en este viajaba, se estrelló en el Estado de México el 21 de septiembre del 2005. En las horas posteriores al mortal suceso, trascendieron las irregularidades en la adquisición de la aeronave, el cambio intempestivo en la ruta del piloto, y por si fuera poco; luego de que la sospecha detonara en las pesquisas, la PGR ordenó la reserva de los expedientes relativos al suceso, argumentando que se trataba de hechos sensibles para la seguridad nacional.

El misterio de los accidentes de rara coincidencia, se prolongó durante el sexenio de Felipe Calderón, cuando el 04 de noviembre del 2008, el entonces secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño, perdió la vida al estrellarse el avión en el que viajaba en la colonia Lomas de Chapultepec. Entre los tripulantes caídos, se encontraba también el llamado zar antidroga José Luis Santiago Vasconcelos, nuevamente la sombra de la duda se fortaleció, cuando medios de comunicación dieron a conocer las raras maniobras de la tripulación, tanto como otra línea de información que involucraría al crimen organizado en el suceso; lo anterior toda vez que Mouriño y Santiago Vasconcelos -como era de esperarse por su investidura-, formaban parte de importantes tareas en relación a la seguridad nacional.

El 11 de noviembre de 2011, un hecho similar, también durante el sexenio cruento de Felipe Calderón, engrosaría las primeras planas de los periódicos; otro secretario de gobernación en turno, José Francisco Blake Mora, pereció bajo los hierros candentes del helicóptero en que viajaba.

Los anteriores avionazos, nunca explicados con el rigor que una sociedad del siglo XXI requiere, dejaron detrás suyo una estela de dolor, pues los personajes de la vida pública de México no murieron solos, les acompañaron cercanos colaboradores, sus muertes, contribuyeron a la apertura de una herida potenciada por el enrarecimiento del clima político, por eso hoy  resulta lamentable que Fox y Calderón, promotores del carpetazo a los hechos enumerados, hoy se rasguen las vestiduras a la búsqueda de un justicialismo que resulta por demás ridículo, pretendiendo obviar la memoria de los mexicanos.

Tampoco resulta extraño que los misteriosos accidentes hayan ocurrido durante los gobiernos emanados del PAN, instituto político secuestrado por los grupos de interés económico desde el salinismo hasta nuestros días, utilizado el blanquiazul como una vil agencia de colocaciones, por quienes han desmantelado al país de manera sistemática; siempre bajo el pestilente tufo del tráfico de influencias.

Pero los intereses que rodean la caída de la aeronave en que aparentemente viajaban Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, rebasan el guión de cualquier thriller policiaco, la utilización fáctica del suceso, desnuda la trama que bien pudo originarse dentro de un cerebro más que perverso.

Una mente criminal acostumbrada a construir a partir de un suceso de apariencia accidental, o maquinado, una total coreografía de la histeria colectiva, así se ha percibido la vida política desde el 23 de marzo de 1994, fecha en que el asesinato de Luis Donaldo Colosio, sirvió como cheque en blanco para que el entonces régimen gobernante; consagrara su permanencia a partir del imperio del miedo y la discordia.

Por tal motivo el caso Moreno Valle debe ser tomado como un acontecimiento que mucho recoge de ritual, y cuyos alcances incluso van más allá del acontecer político, se trata de un suceso que a todas luces, contribuye a degradar la todavía endeble confianza del tejido social en sus gobernantes. Si como ritual entendemos al conjunto de actos simbólicos que buscan enaltecer una creencia, la relación del ritual frente al caso Moreno Valle cobra una fuerza insospechada bajo las siguientes valoraciones:

1.- Sucedió durante el 24 de diciembre, fecha sensible en que las familias se reúnen a la búsqueda de un ambiente de concordia.

2.- Sucedió durante el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, un gobierno de verdadera transición – cuando esta última palabra alcanzó su máxima degradación bajo el régimen fallido de Vicente Fox -, en los tiempos en que AMLO busca sumar a propios y extraños, justo en medio de la promoción de una campaña contra la corrupción, la más ambiciosa de los últimos tiempos en la historia política de México.

3.- Sucedió luego de una lucha sin cuartel por la gubernatura de Puebla, bajo el sesgo de una herida abierta que el Tribunal  Electoral del Poder Judicial de la Federación, contribuyó a agudizar, cuando declaró ganadora electa a Martha Erika Alonso, lo anterior a pesar de las irregularidades denunciadas no únicamente por la oposición, sino además por organismos internacionales; tanto observadores como activistas.

4.- El hecho tiene como protagonistas a la pareja política del momento, proclives ambos, a encabezar los titulares de los medios poblanos copados por el poder que ellos mismos detentaron. Ella, en apariencia una abnegada mujer, dispuesta a sacrificarse en aras del bien común, la realidad la dibuja como una silente cómplice de los excesos de su marido. Él, Moreno Valle, un político de tiempo completo, hacedor de la palabra precisa, de cutis terso, la vestimenta incólume, en apariencia un hombre con denuedo por el servicio público. La realidad lo pinta como un implacable persecutor de opositores, devorador de los medios de comunicación no alineados, feroz con los enemigos, displicente con los aliados.

5.- El hecho ocurrió en los tiempos en que, con justa razón la nueva legislatura de Puebla, tendría que promover una auditoria imparcial de los gobiernos moreno-vallistas, estos últimos ya sin el favor de los aliados.

6.- Con el suceso, los practicantes de la alta magia de la especulación, me refiero a los autores ya no únicamente del supuesto atentado, en caso de serlo, sino de la utilización facciosa del hecho en sí, accidente o lo que fuera, estarían matando dos pájaros de un solo tiro, el primero; la idea de ensuciar la credibilidad del gobierno López Obradorista. El segundo; silenciar a Moreno Valle y esposa, quienes como es del dominio público, no se detuvieron para fraguar alianzas con el PRI, El Yunque, y las personas de interés en el tráfico de influencias, todo con la firme intención de perpetuarse en el poder:   Moreno Valle y Alonso, al final, con todo y la sombra de la podredumbre política que absorbe sus figuras; son dos testaferros más al servicio del poder económico.

Y la sombra del ritual fáctico tras la demoledora noticia de la caída de la aeronave, se recrudece por tres factores más:

1.- La intención de los beneficiarios de tan lamentable acontecimiento, de promover un ambiente proclive a la impunidad, bajo la premisa, falsa por supuesto, de que “todos los gobiernos son iguales”, incluyendo el de López Obrador.

2.- Comparar por su complejidad al hecho, con el crimen artero que le arrancó la vida a Luis Donaldo Colosio, e incluso, el magnicidio de José Francisco Ruíz Massieu, por ejemplo, para buscar convertir un hecho, lamentable como ya se ha dicho, en una leyenda urbana más, que cercena la capacidad de los ciudadanos de confiar en los gobiernos,  solventando aquella verdad a medias recitada como un dogma, de que “en México cualquier cosa puede suceder”, especialmente lo inexplicable. En pocas palabras, habría que asumir a la pobreza y la impunidad; como parte indivisible de una pesada losa que debemos resignarnos a cargar sobre los hombros: “por el simple hecho de ser mexicanos”, una verdad que dentro de la torva lógica de los perpetradores de toda acción desestabilizadora,  no está sujeta a discusión alguna; la búsqueda de la justica social, para ellos es un amenaza, la desigualdad una verdad indiscutible.

3.- El hecho promueve el nacimiento de un ambiente de persecución contra todo aquello que huela a MORENA en Puebla, instituto cuyas maniobras políticas, sean las que sean -tras este clima de hostilidad-, podrán ser tomadas como una forma vil -ejecutores del plan dixit-, de hacerse del poder a expensas de una tragedia.

Pero quienes al amparo de un hecho tan escandaloso como el reciente, pretenden enarbolar la memoria de Rafael Moreno Valle y esposa, como si de un par de mártires de la democracia se trataran, se equivocan acremente. Existen investigaciones, reportajes, testimonios que desnudan la capacidad de Moreno Valle, – acusado  por su propia expresión corporal como un verdadero maniático del poder-, que permiten reconocer la manera en que el ex gobernador convirtió a Puebla en un verdadero imperio a la medida de la represión, la violación de los derechos humanos, el espionaje institucional, la violencia política en todas sus expresiones, un oscuro personaje que lanzó migajas al PAN, obstruyendo a sus reales militantes, para entregarse a pactar con la ralea más despreciable de Puebla.

Alguien que llevó el pragmatismo político a su colmo, al convertirse en un probable infiltrado del Grupo Atlacomulco, si hacemos caso a la publicación que hizo la revista Proceso, el 15 de junio de 2017, donde el periodista Álvaro Delgado, recoge los nexos de Moreno Valle con la organización de extrema derecha El Yunque, así como los pactos con los grupos y personas afines al ex gobernador priista Melquiades Morales. También, documentada de sobra la asfixia política a la que Moreno Valle, sometió al entonces presidente del PAN, Juan Carlos Mondragón, por atreverse este último a señalar los continuos atropellos del entonces todopoderoso gobernador de Puebla.

Si alguna instancia en todo caso debiera ser exhaustivamente investigada, tal tendría que ser el gobierno de Puebla, pues al final de cuentas, el hecho sucedió dentro de su territorio, los supuestos afectados, Moreno Valle y esposa, las cabezas de la élite política de dicho estado. Los interesados en borrar toda evidencia, incluyendo la incómoda presencia de ambos personajes, sabedores estos del entramado de corruptelas posibles bajo su mirada permisiva, tendrían que ser en todo caso los integrantes de la cúpula oligárquica, los mismos que compartieron con Moreno Valle y esposa, algo más que el pan y la sal, el poder absoluto, aperitivos hoy regurgitados sobre el país, como una muestra más de los excesos de la clase política que gobernó al país durante al menos treinta años.

Si alguna cofradía del poder debe ser investigada, es también la organización de extrema derecha El Yunque, reconocida por su capacidad de penetración dentro del tejido del poder, y ante quien Moreno Valle faltó a sus compromisos gravemente. Si hay personajes que deben ser llamados a cuentas por los excesos durante sus gobiernos, ahí donde ejercieron el poder a manga ancha, son sin duda Vicente Fox y Felipe Calderón. El primero, reducido a la estatura de un bufón que solo divierte a los fans de los pasquines donde colabora.

El segundo, propuesto por la historia para engrandecer la deshonrosa galería de criminales de lesa humanidad, sobreviviente apenas de la tremebunda resaca del poder totalitario, que detentó sin miramiento alguno. El tercero, Javier Lozano Alarcón, peón y depositario de los intereses calderonistas durante el mandato del ex gobernador de Puebla, José Antonio Gali Fayad, en cuya administración se desempeñó como jefe de oficina del gobernador. Es precisamente Lozano Alarcón, personaje acostumbrado a las peores componendas, quien aparece en un video durante el funeral de Moreno Valle y esposa, coordinando a un grupo de personas cuya función fue gritar improperios contra la Secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero.

No por casualidad Fox, Calderón, Alarcón, han aparecido en los momentos claves en que el régimen neoliberal, ha intentado la ofensiva contra López Obrador, su opositor endémico, y dichos momentos han sido: el desafuero, la difusión de los video-escándalos, sin obviar la operación del fraude electoral del 2006. Hoy, tras la caída del helicóptero que aparentemente transportaba a Moreno Valle y esposa, también cae el telón de una apuesta lamentable de la derecha en México, la necrofilia como la opción desesperada para golpear al Gobierno Federal.

Los autores de tan perverso ritual de muerte, los nigromantes del poder en México, se olvidan de que el gobierno de AMLO, llega solventado por el respaldo de una inmensa mayoría, una mayoría reactiva ya ante la desinformación a la que es proclive la oligarquía. Hoy que los demonios andan sueltos nuevamente, la mayoría que ha decidido, que hemos decidido no caminar en retroceso, sobre los pasos de nuestra historia, tampoco daremos crédito de ningún modo al burdo plan urdido desde la oscura morada de los hacedores del mal; no pasarán esta vez los malversadores de la realidad nacional.

Paréntesis

One Response to "La muerte ritual de Moreno Valle"

  1. ISabel Castro  9 enero, 2019 at 6:34 am

    Como siempre EXCELENTE

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