Culturas indígenas y populares

Por José Falconi

 

Foto. Mattza Tobón

 

Toda nación ha visto crecer y reproducirse en su seno culturas particulares, que por la especial inserción de los países latinoamericanos en la historia europeo-céntrica fueron llamadas nativas o indígenas. Con el paso del tiempo dichas culturas se convirtieron en formas artísticas e intelectuales que si bien reflejan un pasado (en nuestro caso prehispánico), representan también un modo actual y dinámico de hacer y de pensar de numerosos grupos indígenas, campesinos y de algunos núcleos urbanos. Asimismo, nuevos sectores de población mestiza o de inmigración extra nacional, asentados en el campo y en las ciudades, han desarrollado sus propias formas culturales. A toda esta amplia gama de expresiones artísticas, éticas e inclusive políticas y económicas, se les ha agrupado bajo el concepto de culturas populares.

De lo anterior se deriva que las grandes masas de la población mexicana no forman un todo cultural homogéneo. Más allá de las diferencias regionales existen otras determinadas por las condiciones económicas que impone la estratificación del México moderno. Si aceptamos como formas culturales específicas de nuestro país los modos de ser, de hacer y de pensar de los distintos grupos sociales, tenemos que concluir que su estudio, su comprensión, su fomento y la difusión de sus expresiones culturales y artísticas puede contribuir a enriquecer nuestro concepto de identidad como mexicanos.

Y es que no hay cultura y arte en general, así como no hay hombre ni humanismo en general (éstas son abstracciones cuya validez se restringe a determinados límites; sobre todo cuando ha sido impuesta una idea del hombre y de la cultura ajena a la propia experiencia). La cultura y el arte, como el concepto de hombre y de humanismo, son históricos y sociales. Son como la verdad, siempre concretos y, por ende, sujetos al cambio.

Ahora bien, por tratarse de fenómenos colectivos, las culturas populares no permanecen estáticas; cambian con el tiempo y pueden dar lugar a desarrollos enriquecedores, inclusive de otras culturas. Sin embargo, no es posible entender la síntesis de la experiencia colectiva de un pueblo como una unidad continua y homogénea. Las diversas clases, capas y grupos sociales experimentan de manera contradictoria la historia de la sociedad y transmiten dicha síntesis de modos que expresan intereses distintos, opuestos y, en ocasiones, antagónicos. Pero es necesario señalar que aún en el interior de las culturas dominantes, existen aspectos fundamentales para el desarrollo de otra cultura diferente y al servicio de los intereses populares.

En la medida en que expresa la experiencia histórica de un pueblo y representa sus resultados sociales, la cultura ya no aparece como entidad abstracta y genérica; sino concreta, con sus determinaciones y cualidades sociales, regionales y temporales.

Para concluir, permítaseme añadir la siguiente reflexión: el folclor (tan presente en las culturas populares) no debe ser considerado algo exótico, extraño o pintoresco; sino como expresiones artísticas e intelectuales de gran importancia que también reflejan un punto de vista actual, vigente, de la realidad compleja y diversa que nos contiene. Solo así se podrán borrar los límites entre lo que llamamos cultura moderna y cultura popular o folclor.

De ninguna manera se pretende negar los valores de la cultura universal para exaltar el colorido de nuestras poblaciones y regiones marginales. Recordemos que lo universal se nutre también de lo particular, y que la cultura más general tiene raíces locales y éstas tienden, cuando encuentran un medio adecuado de expresión, a convertirse en universales.

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