A 50 años de la masacre del 68

Ángel Centeno

 

El movimiento estudiantil del 68 fue un fenómeno político que cuestionó al poder mismo y la actitud gubernamental autoritaria y represiva. Los jóvenes planteaban alternativas, el auge del socialismo, las posturas libertarias y el mayo francés existencialista, proveía una ideología contestaría que asumía un papel de importancia hacia una transformación social. Las calles se invadían de propaganda política lo que generó un despertar  en una parte de la población. Estos hechos alertaron al gobierno que,  en su papel de garante del estado de derecho,  optó por la violencia, ante la incapacidad de controlar por la vía pacífica el descontento.

A la población se le reprime de dos formas:  por medio de la manipulación ideológica, valiéndose  de los medios de comunicación y otros aparatos como la religión y la educación, y a través de la violencia. Cuando la conciencia rebasa estos controles, el estado violenta y reprime. En este sentido,  el gobierno de Díaz Ordaz, utilizó la estrategia paramilitar confundiendo a la población, asesinando  a los estudiantes y silenciando toda información al respecto, la lucha estudiantil cesó tres años, los mismos que utilizó para reorganizarse y después volver a manifestarse siendo de nuevo víctimas del genocidio conocido como el “halconazo” en 1971,  después de esto la organización se dio de diferentes maneras hasta pasar por diferentes contextos de relevancia política.

Hoy,  después de 50 años,  la conmemoración se da en medio de la apatía, una mala  organización  y, por lo mismo,  los problemas no se visualizan. La lucha se ve reducida al no visualizar al enemigo, el referente inmediato antes era el PRI, las pocas organizaciones están divididas y,  al final, seguimos siendo víctimas de las fallas del sistema capitalista con  cientos de personas asesinadas por el Estado, la pobreza extrema, la desigualdad social, aún existe el deterioro ambiental, la manipulación ideológica, el incremento del crimen organizado, la falta de educación, de empleo, de propuestas de energías renovables y amigables con el medio ambiente, existen,  sin precedentes, feminicidios,  la corrupción y la incompetencia política. La lucha se pierde porque no vemos al enemigo, porque la apatía ha ganado terreno a la información crítica, tenemos profesionistas educados al modelo neoliberal, acríticos, a tecnócratas y técnicos al servicio del capitalismo.

Donde buscamos la libertad, encontramos dos opciones,  o ser libres y pobres o ricos pero atados. Donde buscamos justicia, encontramos un estado de derecho a modo; donde buscamos democracia, encontramos oligarquía; donde buscamos organización, encontramos individualismo. Se niega la lucha indigenista, el campo ya es otra vez de unos cuantos y no vemos que la lucha de aquellos años era para crear conciencia crítica y dar una verdadera lucha de izquierda que mirara por una sociedad más equitativa, libre, justa y solidaria.

Los ideales de los estudiantes de la masacre del 2 de Octubre radicaba en que la gente saliera a las calles a luchar contra la problemática actual. Y la intención de este escrito va en ese tono también.

 

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