Viene una gran crisis global en 2020: Economistas, JP Morgan

El próximo 15 de septiembre se cumplen diez años de la caída de Lehman Brothers, el que fuera el cuarto mayor banco de inversión en Estados Unidos, y que desató una de las mayores crisis financieras de la historia. Organismos como la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han advertido de una ralentización de la economía, mientras que diversos economistas pronostican una nueva crisis en el 2020.

Las políticas del Presidente estadounidense Donald Trump, los déficits fiscales y el debilitamiento de los mercados emergentes y sus respectivas monedas comienzan a encender las alarmas.

Este jueves, los estrategas del banco JP Morgan dieron a conocer un modelo destinado a medir cuándo y con qué gravedad podría llegar la próxima crisis financiera. El resultado de ese indicador apunta a que los inversores deberían estar preparados para 2020.

Este indicador, elaborado por economistas de la entidad, vaticinan una recesión menos dolorosa que los episodios pasados. Sin embargo, los bancos centrales no podrán usar los “chorros” de liquidez que ayudaron a suavizar el duro golpe de 2008, puesto que los balances de estas instituciones apenas están empezando a disminuir y la próxima crisis financiera llegará en poco más de un año.

De acuerdo con Bloomberg, el modelo de JP Morgan obtiene sus conclusiones en función de una serie de variables, como “la extensión de la expansión económica, la duración potencial de la próxima recesión, el grado de apalancamiento de los agentes, las valoraciones de los precios de los activos y el nivel de desregulación e innovación financiera previo al comienzo de la crisis. Asumiendo una recesión de tipo medio, el modelo muestra unas estimaciones de caídas de precios en acciones y bonos mucho más suaves que las de la crisis de 2008”.

La proyección de JP Morgan señala que la corrección de los índices bursátiles en Estados Unidos será del 20 por ciento, se producirá un incremento de la rentabilidad de los bonos corporativos de calidad de 1.15 puntos porcentuales, una caída del 35 por ciento en los precios de la energía (petróleo), junto con una corrección del 29 por ciento de los metales.

La peor parte, dice, podrían llevársela los mercados emergentes (como México) cuyas bolsas caerían un 48 por ciento y los bonos soberanos de esos países incrementarían su prima de riesgo (respecto a los de Estados Unidos) en 2.79 puntos porcentuales. Lo que no apuntan estos economistas es la extensión de esta crisis, si bien puntualizan que una corrección de tal magnitud se enmarcaría en una recesión de duración media (alrededor de los 18 meses).

“En todos los activos, estas proyecciones parecen moderadas en comparación con lo que ocurrió en la última crisis”, aseguran los estrategas de JP Morgan John Normand y Federico Manicardi, señalando que durante la recesión y la crisis financiera mundial posterior, el S&P 500 se hundió un 54 por ciento desde su pico.

Un operador de bolsa en la sede de la Bolsa de Valores de Nueva York el 5 de febrero del 2018. Foto: Richard Drew, AP.

LA CRISIS SE VOLVERÁ A REPETIR 

Esta semana, el economista norteamericano de origen turco Nouriel Roubini, uno de los pocos que previó la catástrofe de 2008, hizo unas previsiones tajantes sobre el inmediato futuro de la economía mundial en un artículo que publicó el Financial Times:

“Es probable -escribe Roubini- que la expansión mundial continúe este año y el próximo, debido que Estados Unidos tiene grandes déficits fiscales, que China mantiene sus políticas de estímulo y que Europa sigue en una senda recuperación. Sin embargo hay varias razones por las cuales en 2020 pueden surgir las condiciones para una recesión mundial y una crisis financiera”.

“Para empezar, los actuales estímulos norteamericanos se habrán disipado en 2020. Luego, hay fricciones comerciales con China, Europa y los países del NAFTA, que aumentarán aunque no lleguen a una guerra comercial a gran escala. Otras políticas que se están aplicando en Estados Unidos en la actualidad conducirán a una expansión más débil y a una mayor inflación. Por ejemplo, las limitaciones a la inversión extranjera directa y a las transferencias de tecnología”.

“La expansión en otros lugares se debilitará por otros motivos. China tardará en lidiar con su exceso de capacidad y el apalancamiento excesivo, mientras que los mercados emergentes –muchos de los cuales ya son frágiles- se verán aún más perjudicados por un dólar más caro, precios de las materias primas más bajos y una China menos boyante. Europa ya ha perdido algo de impulso: el aumento de las tensiones comerciales y el abandono por parte del Banco Central Europeo de sus políticas no convencionales le llevará a perder aún más en 2020”.

“Está además el factor de política interna en los Estados Unidos. Donald Trump está ya atacando a la Reserva Federal cuando el crecimiento económico está por encima del 4%. ¿Qué hará en 2020, año de elecciones, cuando el crecimiento se estanque por debajo del 1% y comience la pérdida de empleo? La tentación sería provocar una crisis de política exterior. Como ya ha iniciado una guerra comercial con China y no puede atacar a una Corea del Norte nuclear, su único objetivo factible sería provocar un enfrentamiento militar con Irán. Eso provocaría un shock político y estanflación como en 1073, 1979 y 1990, con aumento de los precios del petróleo”.

EL PELIGRO DE LA DEUDA

“Poco hemos aprendido, puesto que entonces se trataban de salvar a bancos y ahora se trata de salvar a países. Los salvadores siguen siendo los mismos: Los bancos centrales. La pregunta que hay que hacerse ahora es quién podrá salvarles a ellos”, explicó a Investing, un sitio especializado en negocios, Eduardo Bolinches, director y fundador de Escuela de Trading y Forex. “Los balances de los bancos centrales son enormemente más grandes que lo eran entonces, están llenos de deuda tóxica sacada de las alcantarillas de las entidades financieras mientras que el nivel de deuda a nivel mundial sigue subiendo”, añade Bolinches.

Observando el gráfico de arriba, Boinches explica que, “ahora mismo tenemos al BCE con activos equivalentes al 41,4% del PIB de la Eurozona, mientras que la FED tiene el equivalente al 20,7%. Todo esto mientras la deuda mundial sube y sigue subiendo”.

Alfredo Alvarez-Pickman, Chief Economist & Fund Manager de Key Capital Partners, coincidió: “Creo que no hemos aprendido toda la lección. Solo parte. La intervención sobre los tipos de interés por parte de los bancos centrales manteniéndolos artificialmente bajos, ha hecho que la deuda (pública, corporativa y de los consumidores) se haya disparado en la última década. Esta fue la principal causa de estas crisis y, desgraciadamente, se sigue creyendo que los bancos centrales pueden controlar el ciclo con sus decisiones, cuando en realidad lo que hacen es distorsionar la estructura productiva en lugar de dejar que el mercado y sus actores actúen libremente”.

Así lo expresó también Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis, en una reciente entrevista con Investing.com. “La política que tomaron los bancos centrales a partir de la quiebra de Lehman ha sido la contraria: inflar la burbuja de activos financieros, y llevar a las economías y a las empresas a tener mucho más riesgo con mucha menor rentabilidad…. Y después de esa represión financiera, nos hemos encontrado quiebras de bancos en España, Italia, Francia, etc. Los gobiernos y los bancos centrales incentivan una política orientada hacia el gasto y la deuda, en vez hacia la inversión prudente y el ahorro. Esto constantemente infla burbujas en los activos financieros, y cuando pinchan, ellos se presentan como la solución”.

Según Alvarez-Pickman, “estas políticas monetarias distorsionan los tipos de interés situándolos por debajo de la tasa que refleja las preferencias temporales de toda la sociedad (a igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se prefieren a los bienes futuros). Esto distorsiona a su vez los precios relativos en la economía y pone en marcha una expansión que se caracteriza por una mala asignación generalizada de capital escaso y un consumo excesivo. En última instancia, la estructura de capital distorsionada resulta insostenible, los tipos de interés empiezan a subir y la expansión se convierte en depresión. Muchos de los proyectos de inversión aún no finalizados tienen que ser abandonados, ya que o bien resultan no ser rentables a un ritmo más elevado, o bien carecen de los recursos necesarios para llevarlos a cabo. Mientras esto siga así estaremos expuestos a episodios similares”.

Leave a Reply

Your email address will not be published.