La noche del día después

Imagen tomada de la página: NotiGAPE

 

Aldo Fulcanelli

Hace días el titular del INE Lorenzo Córdova, en una entrevista, exhibía las bondades del Sistema Electoral de México y su aparente capacidad de blindaje frente a  un probable fraude. En su intención de transmitir certidumbre a la ciudadanía, Córdova se preocupó por ofrecer una definición a modo de la palabra fraude, argumentando que fraude es una manipulación masiva de los resultados electorales, de modo tal que lo que los ciudadanos expresan en las urnas, no es respetado.

Es posible que dicha definición le permitiera a Córdova salir del paso en la entrevista, pero definitivamente su percepción de la idea del fraude, es más superficial que certera, lo anterior frente al síntoma de incertidumbre que hoy afecta a un sinnúmero de electores, y que por razones evidentes; desconfían de las instituciones.

En resumen la respuesta de Córdova frente a la grave duda que se multiplica en el ánimo de nuestra realidad nacional, y que tiene que ver con cual será el comportamiento de la institución garante, frente a un evidente triunfo de Andrés Manuel López Obrador, resultó magra, demostrando el Consejero Presidente con la ambigüedad de su respuesta, los enormes vacíos de una institución que más de una vez se ha dejado ver tan ralentizada como insustancial.

Sin dar pie a la disipación de las incontables dudas que sus propios argumentos llegan a generar, Córdova se lavó el rostro con la sustancia etérica de un institucionalismo que pretende ser providencial, al abundar que en México el Sistema Electoral se ha logrado consolidar a lo largo de treinta años, y que este mismo se ha planeado y edificado, para impedir que en las elecciones haya una manipulación de los resultados que se arrojan en las urnas. Este último razonamiento vale oro, ¿Quiere decir que al gobierno de nuestro país le ha costado tres décadas intentar regenerar la confianza de los ciudadanos? ¿Treinta años no son demasiado tiempo?

Demasiado tiempo para que esas mismas instituciones referidas, con su pobre desempeño, continúen sin poder garantizar una elección plenamente confiable. Pero hay que ver además, que fue lo que ocurrió dentro de esos mismos treinta años en el país, a partir sobre todo de que Carlos Salinas de Gortari tomara por asalto el poder con el respaldo de Washington, y los posteriores acuerdos con el PAN y la cúpula empresarial, para legitimar un mandato de corte autoritario de sanguinario como triste colofón. Tenemos después el arribo al poder de un inexperto Zedillo, que a pesar de sus vacíos, obtuvo una innegable avalancha de votos producto del pánico ciudadano y que al final, consiguió gobernar en paz.

Luego  la aparición de un Vicente Fox, respaldado por una andanada de votos emanados del encono contra un régimen que años antes, en el 88, le diera un violento tiro en la sien a la transición democrática que representó Cuauhtémoc Cárdenas. Posteriormente tuvimos la victoria más que discutida de Felipe Calderón en el 2006, derivada de una feroz campaña fortalecida por el miedo y los prejuicios, ahí mismo la sombra de un fraude de pertinaz aroma, operado por el gobierno con la cooperación de grandes actores de la iniciativa privada.

La subsecuente victoria de Enrique Peña Nieto en el sexenio siguiente, quien con su dispendioso estilo personal de gobernar potenció la corrupción y los excesos, originando que la sombra del totalitarismo en nuestro país, rondara limites hasta ahora insospechados. Luego el tiempo y los intereses fácticos, contribuyeron a la conformación de una síntesis perversa de todos los factores anteriores: Salinas, Fox, Calderón, Fernández de Cevallos, el cortesano favorito del sistema, como Caifás, siempre dispuesto a rasgarse las vestiduras a favor de una pretendida estabilidad, que solo existe en los bolsillos o los intereses de los grandes jerarcas del dinero.

He ahí los treinta años de los que hablaba Córdova, presumiendo las bondades de un sistema electoral inacabado, pretencioso y anodino, enriquecido con los impuestos de los mexicanos que hoy financian-sin consentirlo-, la supervivencia de una democracia corporativa, ofensivamente multimillonaria, y que hoy exigen, que hoy exigimos elecciones justas e imparciales, y no respuestas de contexto esotérico, que en nada abonan a la imperiosa necesidad de certidumbre que experimenta el país.

He ahí los citados treinta años, donde lo que hemos experimentado es un grave retroceso en la construcción de instituciones democráticas, todo en aras de mantener a una elite financiera representada por un grupo de bribones que ocultan su rapacería, bajo sendos discursos de corte paternalista, que solo ellos comprenden. Si tanto nos ha costado consolidar un Sistema Electoral, con una autoridad cuyas decisiones –algunas- parecen brotar del surrealismo, que pena, que pena que no lo hayamos conseguido aún, que lastima que luego de treinta violentos años, no podamos hablar en México, todavía; de elecciones libres.

Cierto que no toda la responsabilidad es de un hombre o una sola institución a la que no sería dable asumir la deuda histórica completa, en este caso el origen es todavía más complejo, y apunta a la perniciosa coalición de intereses corporativos y financieros a los que no les conviene que el estilo de gobernar del próximo Presidente, se modifique, pues con ello asumen la reducción de todos sus privilegios. Con todo y ello la sonrisa enigmática que brota del rostro de Lorenzo Córdova, cuando este se refiere a las bondades del INE, no se asemeja en nada al rictus de dolor, de hartazgo de la mayoría de los mexicanos, que no pueden, que no podemos esperar más, el momento en que ya se acorte la enorme brecha de desigualdad que caracteriza a nuestra más que castigada nación.

Pero dejando atrás las reflexiones sobre el INE y su pretendido equilibrio institucional que no checa con la realidad,  muchos nos preguntamos hasta donde serán capaces de llegar en las horas próximas quienes detentan en nuestro país los tan antidemocráticos poderes de facto, hablando concretamente de Claudio X. González, Slim, Larrea y compañía, beneficiarios todos del derecho de picaporte con el régimen gobernante. ¿Hasta dónde llegarán los patriarcas de la gerontocracia financiera, con o sin la anuencia de Enrique Peña Nieto, bajo el argumento-falaz- de que al impedir que AMLO sea electo evitarían un grave riesgo para el país? ¿Intentará Peña una oscura maniobra a sabiendas que ni la realidad, ni las cifras, ni el ánimo popular le favorecen? ¿Se atreverá el todavía Presidente en un intento extremo por evitar el arribo al poder de AMLO, a reventar la elección con todo y las miradas internacionales puestas en nuestro país?

Con todo eso sería dable preguntarnos ¿Cuál será el papel de Washington en las siguientes horas álgidas a sabiendas de que el gobierno del vecino país no creyó a pie juntillas la mentira que el gobierno de Peña intentó venderle a su embajada, al advertir perversamente que AMLO es un peligro para la seguridad nacional de México? La masacre imparable de candidatos de los diferentes partidos políticos, no parece ser más que el grotesco preámbulo de lo que podría ocurrir dentro de la más que próxima jornada electoral, en todo caso una jornada de tinieblas en una elección histórica por todo el marco social que le antecede, y por si fuera poco esa misma jornada infecta por la zozobra ante las practicas tan deleznables como el paternalismo en la compraventa del voto, la coacción, la disminución del derecho a votar por medio de la violencia electoral, un fantasma que deshabita de esperanza nuestra necesidad de una democracia sana, que no dependa de los intereses de quienes ejercen el poder de forma arbitraria.

La otra pregunta es si Peña cederá unificando a su candidato Meade con Anaya o viceversa, en caso de que la compleja red de empresarios e intereses que respaldan a este último, lograran convencerlo de doblar las manos ante el candidato del Presidente, con quien mantiene ya una distancia de apariencia insalvable; el tiempo para las alianzas parece terminarse.

Mientras que una élite empresarial a estas mismas horas intenta convencer a Peña de que ejerza el último resquicio del poder autoritario y que anule la elección, argumentando un grave riesgo a la “normalidad democrática” del país, todas las cartas se encuentran sobre la mesa, incluso la de que Peña pudiera utilizar las acusaciones de corrupción que pesan jurídicamente sobre Anaya, para ordenar una orden de aprehensión luego de que un juez eventualmente, pudiera negar un amparo, esta maniobra-imaginaria todavía pero posible-, podría tener lugar durante las primeras horas de la elección, o tal vez un poco antes. De ser así, el presidente Peña estaría intentando inducir un síntoma social que favorezca el voto útil de los partidarios de Anaya hacia Meade, pero el escaso tiempo de maniobra no se ajusta a esta última maniobra, que parece más una novelesca solución mágica que otra cosa, mas el tiempo de la vendetta esta dispuesto.

Como una página arrancada de un thriller político, Peña, contemplando el desastre de su gobierno desde lo alto de una babel construida entre los miasmas de las corruptelas y los escándalos, podría recurrir a utilizar la maniobra contra Anaya como un recurso final para negociar frente a AMLO, una salida tersa. Esta no sería una detención arbitraria, sino en todo caso legal, si hacemos caso a las acusaciones por lavado de dinero que obran contra Ricardo Anaya, pero el momento político en que llegaría, en caso de suceder, marcaría un hito en la relación-inusitada- entre el candidato puntero, para entonces ya electo, y el presidente saliente, necesitado de la piedad gubernamental del entrante para salvar los amplias acusaciones de corrupción que sobre él pesan ya, y son una exigencia popular.

Pero la operación a intentar por el régimen, podría ser muy diferente a la hasta ahora analizada. Después de todo, ¿Qué nos hace pensar que el mismo gobierno que ni se inmutó ante el llamado urgente de la ONU por el artero asesinato de los 43, o las detenciones ilegales, o el uso excesivo de la fuerza del ejército, o la incapacidad de proteger a los periodistas desaparecidos cobrará al final de su mandato algún tipo de conciencia cívica? Por el contrario, las horas turbias y posteriores a la elección, podrían marcar el inicio de otro tiempo muy oscuro en México, algo como lo sucedido en Honduras o Brasil, donde los gobiernos actuales se han atornillado a base de argucias, represión o corruptelas hasta el momento impresentables, ignorando los gobernantes electos de aquellas naciones, el ánimo popular desbordado en las urnas.

Más allá de la esperanza, una esperanza que se agolpa en el centro del estómago y aprisiona en su ascenso a la garganta, Qué nos hace pensar que la noche del día después a la elección sería tan diferente a los últimos treinta años, esas tres décadas que según Lorenzo Córdova, sirvieron para fortalecer nuestro Sistema Electoral, al final una democracia falaz cuyas bondades solo ven los favorecidos por el establishment, una institucionalidad maquillada por hombres ciegos y sordos. Un gobierno donde los funcionarios, son como lo dijera el entrañable Salvador Allende: mercaderes que solo buscan engordar en los puestos públicos.

♠Paréntesis

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