Marcha por el Orgullo Gay

Por Gerardo Aquino

 

Marcha por el Orgullo Gay reunió a alrededor de 250 mil manifestantes en la Ciudad de México. Foto de Gerardo Aquino

 

México gana a Corea del sur. Con esa noticia salgo de casa. Llego a la parada del Mexibús. Cruzando en sentido opuesto al mío, una pequeña “marcha” del partido tricolor, desfila un tanto apática. Entro al Mexibús, espero diez minutos para poder subir, apenas cierra las puertas, más gente obstruye el paso. Gritan consignas, se ondean banderas del candidato y se hacen cantos. La lluvia de cláxones estalla al poco rato. Han causado un caos. Una agente de tránsito interviene, le costó tres minutos recuperar el orden. Ya camino a la marcha LGBT+, un señor con la playera de la selección mexicana sube, ve a otro hombre con una camiseta que deja ver su apoyo y orgullo por la victoria en el partido contra Corea, se miran, ven los colores y el escudo en el otro. Sus miradas se cruzan, un gesto de camaradería espontánea rota de ambos, un pequeño saludo moviendo la cabeza afirmativamente, luego sólo silencio. Más gente con camisetas similares sube, pero ninguno hace un gesto como el de los señores a pesar de mirarse entre ellos. Por la calle también transitan personas portando los mismos colores con soberbia. Un chico con una playa con los colores del arcoíris, subió junto con sus amigos, supongo que vamos al mismo lugar. Todos los miran al entrar, pronto los ignoran.

Al llegar a Pantitlan perdí de vista a los chicos, probablemente bajaron antes o muy rápido. Salgo, bajo por el túnel que conecta al Mexibús con las diferentes líneas del metro. Los vendedores sigue aquí, incluso desde la última vez que pasé por aquí. Esto parece un mercado, apenas podemos pasar. De lejos veo el andén de la línea nueve, está lleno de gente. ¿Será por el partido, la marcha LGBT+, por ninguno o por ambos? Entro, paso la tarjeta, subo al andén y mi pregunta es respondida a los quince segundos. Un timbre suena, una voz repite “Por fallas técnicas el servicio será lento. Por su colaboración…”. Un metro llega. Todos nos aglutinamos, sólo ellos saben cuánto tardó en llegar. Entre empujones logro entrar.

Ya dentro y establecido en un lugar, reviso mis mensajes, había quedado con Ángel y Azo para ir a la marcha. No me pude contactar con Azo. De Ángel recibí un mensaje, a través del celular de mi novia, que no tenía dinero, no pude contactarlo después. Mi desesperación crecía con la incomunicación, el calor, la gente a mi alrededor, la voz repitiendo su discurso sobre la falla técnica y un apagón en el metro. Poco a poco comienza a avanzar, se detuvo. Un apagón, vuelve la energía, avanza. Lo mismo una y otra vez hasta llegar a la estación Puebla. La voz de nuevo informa sobre las fallas, esta vez sobre la línea anaranjada. Silbidos e impaciencia en Ciudad Deportiva. En Velódromo logro llamar a Azo, mientras el metro avanza, la llamada se corta. Ya en Mixihuca intento volver a llamar, no tengo señal. Más y más silbidos, como si eso solucionara algo. Se cierran las puertas, logro mandar un mensaje por WhatsApp, sólo falta que lo vea. Un rápido avance a Jamaica. Silbidos que no cesan. Al fin llego a Chabacano, recibo un mensaje de Ángel, como no acordamos el lugar ni la hora fue a casa, no entendí su mensaje pero creo que eso quería decir. ¿Vendrá? Si viene ¿podré reconocerlo entre este mar de panboleros, vagoneros y gente? No pierdo mi ilusión de que pueda venir en camino, lo espero media hora, mientras espero saco la armónica de mi bolsillo, comienzo a repasar la lección que vi en la madrugada por internet.

Camino hacia la línea dos, camino rápido, quizá no alcance nada. No recibí respuesta de ninguno, decidí continuar solo, debía hacer algo. Entro, me acomodo junto a un poste,   sigo con la armónica hasta llegar a Bellas Artes. Ni un solo indicio de que la marcha siga en curso. No hay gente con banderas, o collares que los diferencie para ir a la marcha. Mientras cruzo en dirección a Taxqueña, una pareja de chicas van tomadas del brazo, cada una con un collar de flores plásticas con colores del arcoíris. Sigo, eso me da esperanza para ver, al menos, el final. Antes de salir del metro veo más personas usando collares, pintadas, con playeras. Junto al palacio, sobre la avenida Juárez diviso, gente, son ellos. Me acerco, mientras avanzo, veo mucha gente en dirección al metro. Hay banderas enormes y música, tambores, playeras. Subo a un no sé que para ver mejor. Mientras busco tomar una buena foto de un carro, me percato que no soy el único buscando la mejor foto. Creo que la mejor forma de registrar lo que veo es con notas de voz a mi novia, grabo notas con pensamientos, algunos me miran con extrañeza, otros me ignoran. Me siento ajeno, sin embargo tengo la intensión de divertirme y quizá resulte algo bueno de venir. Un carro con la leyenda “La hepatitis c se cura” pasa frente al palacio. Bailarines, posiblemente desnudos, saludan a los espectadores, lanzan gritos, porras y piden aplausos para los transexuales, grito con fuerza, fui el único que gritó. Miro en dirección al Paseo de la Reforma, parece que todavía tardará en terminar. Junto a mí, una construcción de metal,  supongo, es pintada con mensajes de amor,  apoyo, sobre ésta, alguien ondea la bandera arcobalena. Paraguas se alzan casi como en coreografía. Cerca del grupo de bailarines colores repele agua, un vendedor de coloridos paraguas. Coronas de una cadena de comida, abanicos de un servicio de transporte similar a los taxis. No ah duda que apoyar, o fingir apoyar es una buena forma de darse a conocer. Mientras sigo el flujo de personas para integrarme en algún momento, oigo más gritos, más porras, todo es maravilloso. Las parejas se besan, desconocidos por igual, algunos en beso triple. Por un momento se detienen, toman fotos, dejan tomarse fotos. A lo lejos alguien grita “beso, beso”, el grito se contagia. Dos hombres se besan, todos lo celebran, me parece, indiferente, no sé. Quizá es algo que estaba seguro de encontrar pero no esperaba que lo celebraran tanto. Un helicóptero nos sobrevuela, hace mucho ruido. Me integro en la esquina de Eje central con 5 de mayo, al parecer, los carros llegan hasta ahí. Seguimos por 5 de mayo. Restaurantes y bares muestran su apoyo. Camino al Zócalo, diferentes lugares tienen banderas LGBT+ para mostrar apoyo, otros más globos.

En esta calle me siento tranquilo, mucha gente pero no tanta para sentir ansiedad. Puedo ver más de cerca quién integra la marcha, familias, ya sea que todos son adultos o ancianos, con niños pequeños, de jóvenes. Todos caminando con alegría y orgullo. Mientras avanzamos, algunos transeúntes curiosos miran el desfile. Sus miradas duelen, son acusadoras, juzgan, se extrañan. La mayoría ancianos. Desde algunas terrazas, se ondean banderas. A unos metros de mí un grupo es flagelado, todo un espectáculo. Ocho minutos después un hombre desnudo, completamente desnudo, sigue al resto, varios le toman foto, él sonríe. Tomo un descanso, el flujo continúa. Vuelvo a ver al hombre desnudo, sigo mi camino. Muchos fotógrafos se hacen notar, toman fotos de carteles  mantas, individuos en ropa interior. ¿Los ven como algo para obtener ingresos al vender fotos, o visitas a un sitio web o realmente quieren compartir lo que hay dentro de la marcha? Salimos junto a la Catedral. En el zócalo había algún evento de futbol y ahora un conciertito en apoyo a la comunidad LGBT+. Comencé a transcribir notas frente a un busto de Cuauhtémoc con collar florido, un aciano y jóvenes cerca. Fue divertido llegar hasta aquí. La marcha llega a su fin, carteles y personas apoyando o disfrutando del ambiente llegan desde la  de mayo, justo detrás de donde tomo mi descanso. Llegan cansados y con una sonrisa en sus rostros mis compañeros desafiantes. Al verlos, extraño a mis amigos, quisiera que hubieran estado aquí, sería más divertido, lo sentiría más festivo, más vivo. Pasaron unos chicos y chicas regalando besos, no son los primeros que veo y seguro no los últimos. Regreso frente a la Catedral cuando un grupo penetra desde un costado con tambores y una canción contra religiosa, interesante. Mi cansancio no me permite poner mucha atención, tomo un video para no olvidar lo que dicen, una foto por si acaso.

Quiero volver a casa.  En la esquina de Monte de Piedad y Madero, un señor intenta predicar, creo que es atacado por la comunidad LGBT+ tratando de provocarlo y gritándole a él y a dos personas que lo apoyan “ignorantes”, “tu dios no existe”. Grabo el entretenido acontecimiento. Doy una vuelta al zócalo, escucho que la mejor opción para regresar en metro es San Juan de Letrán, camino sobre Madero, todavía hay quienes se dirigen al Zócalo. Camino sobre Gante, mientras camino veo a los artistas callejeros, muy pocos les prestan atención. Me quedo viendo algunos shows, un guitarrista de rock clásico, un grupo de bailarines, giro en 16 de septiembre sin perder la pista a los espectáculos, un percusionista de cacerolas, mi favorito personal y una pequeña banda de rock con indigentes bailando y haciendo la mayor parte del espectáculo, su música no era la gran cosa. Salgo a Eje central. En el metro pocos rastros quedan del desfile, pocos con banderas, collares y coronas. Dentro del vagón no pude ver a nadie con un distintivo. Al llegar a Chabacano, parecía que fue hace mucho tiempo la marcha. Transbordo a la línea café. Sólo una mujer lleva un collar de flores.

La marcha es casi una ilusión. En velódromo, veo el cielo nublado, los pasajeros están cansados y somnolientos. Cuántos abran tenido un día abrumador y cuántos más uno agotador pero alegre. Pantitlan, el final de la línea. Nadie. Parece que la marcha nunca pasó. Camino, bajo, cruzo el túnel con dificultad porque los vendedores siguen ahí. Fuera del Mexibús suena una cumbia, están un grupo de señores con pinta de machos formados para entrar, el cielo es gris, la cumbia sigue, un bolero lustra zapatos, un joven fuma y pide dinero. Entro al Mexibús. Durante el camino pienso en mi día. Rodeado de jóvenes que cumplen el estereotipo de “chakas” y algunos “ñeros”. Vuelvo al Estado de México. Cruzo Neza para llegar a casa. Suena banda a lo lejos. En esta estación me bajo. Cruzo por donde cruzaron los del partido, paso una base de mototaxis, el olor a marihuana asalta mi nariz. La avenida Patos siempre huele a marihuana junto a los mototaxis. Doblo en la calle de una tienda de conveniencia, unas calles y estoy de vuelta en casa.

paréntesis

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