En Tláhuac, Martínez Vite hace de su campaña electoral una fiesta

 

 

 

 

 

Por Leonel Robles

 

Raymundo Martínez Vite conversa con vecinas de la colonia Selene, en Tláhuac.

 Los despojados hasta de la esperanza viven el presente en un capitalismo fracasado atrapado desde sus inicios en la violación de sus propias leyes de mercado y de inversión.

 

Es alrededor del medio día y el  sol cae a plomo sobre los brigadistas, sobre los que tocan y bailan a  ritmo de cumbia para alegrar el anuncio del cambio, porque de eso se trata precisamente: “Vite avanza y no se cansa”, dice un coro de jóvenes que forman parte  de la comitiva que acompaña a Raymundo Martínez Vite, candidato de la alianza  Juntos Haremos Historia (MORENA, PT, PES)  a la alcaldía de Tláhuac.

La gente se asoma por las ventanas, abren las puertas de sus casas y miran, algunos autos que pasan tocan sus cláxones como una muestra de apoyo al color que identifica al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). En tanto,  los brigadistas se van deslizando a lo largo y ancho de las calles, como su agilidad y entusiasmo les permiten,  tocan a las puertas, hablan con los vecinos, les entregan folletos, una especie de trípticos,  donde se encuentra la información de los candidatos de Juntos Haremos Historia, que habrán de participar este 1 de julio en la contienda electoral y que involucra al voto de los vecinos de Tláhuac -6 de 6 es la propuesta, no al voto diferenciado, dice López Obrador-,  mientras  esperan a que llegue el candidato a la alcaldía de Tláhuac a estrecharles la mano a los vecinos, a “mirarlos de frente”, como él les dice, porque lo que prometió en su campaña para diputado local lo cumplió. No hay nada que reprocharle.

Son las calles de la colonia Selene, agrietadas por el tiempo, por la falta de mantenimiento, por los colmillos imprevistos del terremoto fatídico del  19 de septiembre que azotó la Ciudad de México,  y se llevó en sus entrañas vidas humanas, proyectos, nudos afectivos. Tláhuac fue una de las delegaciones más afectadas y aún no llega la ayuda para la reconstrucción, lo dice Claudia Shienbaum, candidata por la misma alianza a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, lo denuncia el propio Martínez Vite.

El candidato Raymundo Martínez Vite habla con la gente de que el cambio ha llegado a Tláhuac.

Y aun así, se palpa, se huele, se ve: los ciudadanos están ansiosos de que la realidad que caminan día a día cambie,  y saben que es el momento, como en la época de Cuauhtémoc Cárdenas, y que está en sus manos la transformación de aquello que los lastima. Saben que esa transformación debe darse de manera pacífica, lo tienen claro,   y por las vías legales, a través de voto, por la vía democrática, pues. Saben que no deben equivocarse, no más, deben elegir con el corazón,  sí, pero después de que esa elección haya pasado el espacio de la razón, aunque se sienta la ira, el enojo al  recordar las atrocidades del pasado y el sufrimiento  del presente, y quizá justo por eso: no dejar en manos de otros su destino, y el de sus familias, parecen coincidir esta vez. No más verticalismo autoritario porque  el corazón, los huesos, el alma están hechos de una horizontalidad trasparente, lo dicen con palabras, y en sus miradas ratifican lo que reflejan las encuestas: Morena representa la vuelta de tuerca,  por eso lidera las encuestas a nivel nacional con Andrés Manuel López Obrador, con sus distintos representantes a nivel estatal y,  aquí, en Tláhuac, el territorio olvidado de los gobiernos perredistas, con Raymundo Martínez Vite. No puede explicarse de otra manera el encuentro entre vecinos y el candidato de un partido político, y vecino también de esa delegación: la gente vuelve a creer, vuelve a nacer en sus utopías y deposita su confianza en un partido para estrechar la distancia entre los que tienen mucho y los que tienen poco o nada.

Vecinos se detienen a saludar y a presentarle sus preocupaciones al candidato de Juntos Haremos Historia.

Y como una irónica metáfora de la urgencia de los tiempos, el candidato camina a una velocidad casi inalcanzable. Atiende a la gente. No hay un discurso aprendido, no hay retórica, parece que huye de los contenidos elaborados que poco les dice al ciudadano común, pero apantallan. Para confiar,  el que pide el voto de confianza debe tener cualidades que el electorado no posee, dicen los teóricos. Martínez Vite  contradice esta apreciaron, por eso habla, vehementemente, no de lo que quiere oír la gente, no para endulzarles los oídos, sino que habla de la cara poco amable de la realidad, pero también habla de que a la oscuridad sucede la luz, de que la percepción de la violencia no es una imagen, sino unos colmillos reales, y habla de la tranquilidad,  de la necesidad de que los ciudadanos caminen juntos, de que ya falta poco tiempo. Pero ante todo,  traduzco en su discurso breve, de que se reconozca al hombre que está empeñando una vez más su palabra.

Y mientras el sol sigue cayendo, indiferente. Comienzan a aparecer las botellas de agua para apaciguar la sed y llevar un poco de frescura al cuerpo. algunos buscan la sombra de los árboles por unos momentos. Sólo el candidato, que trae encalado un sombrero, sigue atendiendo a los ciudadanos con el mismo ritmo del principio. Un par de señoras se lo interceptan y nosotros nos acercamos a tomarles unas fotos. Alcanzo a escuchar,  luego de una plática breve, que Martínez Vite le agradece la oración. Sí, Dios también está invitado y habría que agradecerlo. Las señoras se despiden y el candidato se enfila,  sobre las calles agrietadas en espera que alguien las tome en cuenta, donde otros vecinos ya lo esperan.

El candidato Raymundo Martínez Vite ha expresado en varias ocasiones que para sacar adelante al país se debe trabajar de cerca con los ciudadanos. En la foto,  camina con parte de su equipo durante su campaña en la delegación Tláhuac.

paréntesis

 

 

 

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