Propusimos y cumplimos: Raymundo Martínez Vite

Eduardo Ponce

Revisando la plataforma electoral de Raymundo Martínez Vite,  candidato de la alianza Juntos Haremos Historia,  a la alcaldía de Tláhuac, me encontré que presenta, se entiende, ante el electorado,  diez propuestas cumplidas durante su gestión como diputado en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México.

De entrada un programa electoral debería ser un ejercicio de honestidad y transparencia ante los electores. No sabemos en qué medida las promesas coinciden siempre con los programas, pero el solo  el hecho de que un político se adelante a las exigencias de la ciudadanía a un posible rendimiento de cuentas, habla del deseo de confrontar la promesa con su cumplimiento. Porque no es de extrañar que la mayoría de los funcionarios hayan pasado sin pena ni gloria por los puestos que les fueron encomendados o por los cuales pidieron el voto a los ciudadanos.  Lo cierto es que en el imaginario de la gente está la percepción de que un redusidísimo número de servidores públicos  cumplieron con esta tarea, aun cuando en sus campañas utilicen los puestos por los que han desfilado, como si la experiencia fuera un elemento per se  para determinar la calidad del desempeño.

Así pues, el primer requisito que deberían presentar los candidatos a puestos de elección popular es una rendición de cuentas medibles de su desempeño durante el tiempo que estuvieron en el cargo, y el cumplimiento también de  sus promesas cuando fueron elegidos. Aunque fuera una evaluación ciudadana relativa, si se quiere, seguramente abonaría para dar certeza y elementos concretos al momento en que los votantes decidieran, más allá de ideologías, confiar su voto, pues  las propuestas electorales suelen ser poco conocidas por los votantes, que no se interesan por esos farragosos contenidos. Es decir, las genéricas promesas que los candidatos realizan antes de las elecciones no se traducen en unos indicadores que puedan ser controlados por la ciudadanía en la vida real.

Como el voto es un mecanismos retrospectivo (evalúa el pasado) y prospectivo (encarga un proyecto de futuro) Martínez Vite hace visibles  ambas dimensiones. Quizá ahí debería radicar  la confianza de que nuestros representantes no se desviarán de una promesa. Si se transmite en congruencia con unos valores dentro de un relato ideológico o se confía en el político que lo hace, el impacto del incumplimiento será menor. Esto es, en el caso del aspirante a gobernar Tláhuac, por ejemplo, su programa de gobierno está respaldado por las objetivos cumplidos en su anterior ejercicio legislativo: propuestas, debate y transparencia. Sería una buena idea que la oferta de campaña fuera una especie de contrato. O por lo menos que los contendientes presentaran estos requisitos. Raymundo Martínez Vite ya dio el primer paso.

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