¿Qué quiere hacer AMLO con la educación?

Asdrián López Ortiz

 

 

Hasta ahora y en términos precisos, no queda claro qué quiere hacer López Obrador con la reforma educativa de ganar la presidencia de la república. Lo que, de acuerdo a la última encuesta de Reforma, se ve casi seguro.

Si atendemos a sus dichos, la reforma educativa no le gusta ni a él ni a sus candidatos así como está. La desacreditan con la instruida frase de siempre: “no es una reforma educativa, es una reforma laboral”. Argumento acaso válido pero insuficiente, pues mucha de nuestra mediocridad educativa se explica en la dimensión laboral del magisterio. Históricamente controlada y definida por los sindicatos y la corrupción.

Por otro lado, de acuerdo a la plataforma Proyecto18.mx, coordinada por Alfonso Romo, en el eje de Educación, Ciencia, Valores y Cultura, el objetivo del gobierno será: “Educación para toda la juventud, sin excusas ni exclusión. Planteamos un país que apuesta a crecer a través del conocimiento, la ciencia y la tecnología, con una clara brújula moral.”

No voy a entrar aquí en que significa una “clara brújula moral”, pero con que la educación se mantenga laica y basada en valores democráticos es suficiente. Lo que sí me interesa son las propuestas concretas y que pueden tomarse del Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024.

En el Proyecto Jóvenes Construyendo Futuro, coordinado por la Dra. Laura Esquivel se plantea: “La meta es atender cada año a 2 millones 600 mil jóvenes, en especial a quienes habitan en comunidades de alta marginación y en situación de pobreza y extrema pobreza, tanto en las zonas rurales como en las urbanas.”

Ese programa se explica en dos grandes acciones: el primer componente Jóvenes con Futuro, atenderá a aproximadamente 2 millones 600 mil personas de los 32 estados; y el segundo componente Jóvenes con Escuela contempla actividades de formación para el desarrollo. Está
dirigido a 300 mil personas jóvenes principalmente para asegurar su ingreso a la educación media superior y superior. El costo del programa rondará los 110 mil MDP anuales.

Celebro la visión tranversal del proyecto pues considera una estrecha vinculación y coordinación con otros entes como la Secretaría del Trabajo y los Gobiernos Locales. Sin embargo, me llama la atención que el Proyecto no sería coordinado por la SEP sino directamente por la Oficina de la Presidencia de la República.

En otro apartado, el número tres de “Toda Política debe ser social” se habla del maestro, pero otra vez en términos muy generales: “Revalorando la figura del maestro; fortaleciendo la creación de un ambiente escolar basado en el aprendizaje colaborativo y en redes de tutoría con la tecnología al centro del esfuerzo. Incorporando la estimulación temprana y transformando la figura del maestro frente a grupo, para convertirlo en un coordinador de aprendizaje”.

Todo suena muy bien, la pregunta es ¿cómo lo harán? Y es ahí donde nos atoramos, pues respecto de la Reforma Educativa, López Obrador sigue generando confusión.

Este mes, el presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero, David Calderón, consideró que en el tema de la reforma educativa hay una contradicción entre las respuestas que el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, mandó a esa organización y lo que él ha dicho en sus eventos y en su plataforma. Algo que ya el periodista Carlos Loret de Molaexhibió en su columna.

Por eso, ante la pregunta ¿qué quiere hacer AMLO con la reforma educativa?, la respuesta seria es “No sabemos”. Y esa incertidumbre no ayuda en nada. Hasta el semanario The Economist retomó el tema esta semana.

Por último, también sabemos de la rivalidad de López Obrador con Claudio X. González, líder fundador de Mexicanos Primero y declarado impulsor/defensor de una correcta implementación de la Reforma Educativa. Para AMLO, Claudio es un miembro destacado de la mafia del poder, pero olvida que un gran colectivo de sociedad civil organizada ha trabajado fuertemente en generar un cambio de fondo en nuestro modelo educativo.

Ayer, Jorge Volpi apuntó a la permanente agenda anticorrupción presente en el discurso de López Obrador, y señaló algo fundamental, una vez electo, el político tendrá que definir y socializar un proyecto claro para construir un sistema eficaz y eficiente para reducir la rampante corrupción de este país. No bastará con el ejemplo, pues.

Me parece que algo similar debe suceder con la reforma estructural más relevante para nuestro futuro: cómo damos a los niños y jóvenes de México la educación necesaria para competir en el mundo global y realizar su proyecto de vida.

No será adaptando el discurso según el público y la ocasión. La educación se encuentra en una situación tan penosa que no estamos para demoras ni improvisaciones.

Al principio del Proyecto de Nación, en el eje “Rescate del Estado”, un párrafo es particularmente contundente e ilustrativo: Se analizarán las llamadas reformas estructurales (laboral, educativa, fiscal, energética, entre otras) para definir cuáles pueden permanecer y cuáles no, porque no benefician al pueblo, por medio de una consulta pública, garantizando la libre expresión de la voluntad ciudadana y respetando la decisión de la mayoría.”

Aunque el diagnóstico de rechazo a todas las reformas es explícito (“porque no benefician al pueblo”), ojalá el análisis sí sea en serio y López Obrador lo entienda así. Para que, antes de considerar cuotas electorales y actos de popularidad, el candidato que ya se asume ganador piense que las maestras y los maestros necesitan certidumbre sobre las condiciones, las garantías y los incentivos para desempeñar sus labores.

Solo así las niñas y niños de México tendrán la tranquilidad de saber que sí habrá clases mañana.

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