El concierto de la recuperación

 

Imagen tomada de la página: Russia Beyond ES

 

Aldo Fulcanelli

Dice la tradición que el Concierto Para Piano Número 2 en Do Menor (Opus 18), fue compuesto por el músico ruso Serguéi Rajmáninov (1873-1943), entre los años 1900 y 1901, agobiado por una terrible depresión  producto del fracaso de su Primera Sinfonía.

La crisis existencial del artista fue tan brutal, que le incapacitó creativamente hasta que pudo iniciar un tratamiento con el médico Nikolái Dahl, quien fue restaurando la confianza del joven Rajmáninov a partir de una terapia basada en hipnosis, el resultado de tan profunda experiencia de vida, se vio reflejado en la concepción de uno los conciertos más poderosos jamás escritos, y por cierto; dedicado por el propio autor al médico que ayudo a liberar al compositor de las garras de la mortal depresión.

Ideado para trasmitir el paso de un ser humano de la casi total oscuridad, hacia la luz mas envolvente, el Concierto Número 2 es prácticamente un electrocardiograma armónico que con sus ascensos, descensos e intervalos, manifiesta los diferentes estados anímicos de su creador, un genio absoluto que logra absorber con su magnetismo la atención de los escuchas a partir de evoluciones pianísticas de una manufactura épica, sin dejar de mencionar la fastuosa orquestación construida para acuerpar con solidez al solista que busque interpretarlo.

La estructura del concierto está conformada por tres movimientos, el primero de ellos, Moderato, que inicia con la sonoridad de un piano ejecutado a la manera de un repicar trágico de campanas, cuya estructura musical contribuye a dar al movimiento un contexto imponente, mientras piano y orquesta se entrelazan en una sucesión de melodías que se repiten a la manera de pensamientos incisivos, traduciendo los embates de un alma que del resquebrajamiento, lentamente accede a la recuperación, todo ello bajo el amparo de un hilo conductor que se origina en el poderoso dramatismo, una conversación director-orquesta-piano, que se transporta sonoramente a través del aire denunciando una sensorial conversación que va de la majestuosidad casi fúnebre, a la plena intimidad que contagia de una atmósfera plenamente heroica cada uno de los rasgos del lenguaje armónico, finalizando con un  furibundo ataque del piano, mientras la orquesta cierra el primer movimiento de manera tan abrupta como original.

El segundo movimiento: Adagio Sostenuto, inicia con la orquesta aperturando el sonido como si de un hermoso amanecer se tratara. Le acompaña en seguida el piano con cuatro insistentes notas a la manera de arpegios, las cuales parecen coronar una nostálgica melodía con el misticismo de una oración matinal, plena de un tierno candor casi imposible de traducir con las palabras.

La orquesta con sus suaves devaneos, exhala una sonoridad inenarrable, un acto total de elevación envuelto en el momento musical que sin duda atrapa en su duración; lo mejor de la tradición romántica del Siglo XX. La orquesta parafrasea motivos que se antojan arrancados de una esotérica llave tonal que ha percibido al dolor como su piedra de toque, pero advierte ya de una futura  liberación bajo el amparo de la trascendencia, es dicho movimiento una hermosa radiografía del alma envuelta bajo el fuego del éxtasis, como un sol que tras las nubes enrojecidas del alba, inicia su trayectoria hacia un insólito crescendo.

El tercer movimiento: Allegro scherzando, aparece como una síntesis hermosa de gran plenitud lirica, con aire renovador Rajmáninov retoma anteriores melodías, bajo un discurso de clamorosa sonoridad, el canto triunfal de un alma que de la negritud mas agobiante, fue emergiendo hacia la iluminación que sugiere la trascendencia, un despertar espiritual exaltado por el clamor que en lugar de voz humana es repetido por la orquesta a la manera de un simbólico heraldo que trasmite la pasión y el entusiasmo, que el autor ha plasmado en el papel pautado. La conversación se ha desdoblado, para crear genialmente una paráfrasis de la vida misma a través del genio musical que supone la fenomenología.

Los sentimientos de temor, ansiedad, agonía, han sido encapsulados por Rajmáninov para dar cuerpo a una vibrante obra que representa por sí misma, la totalidad de un exorcismo que se renueva al escucharlo una y otra vez, con la misma sublime emotividad.

El Concierto Número 2, permitió al gran compositor curarse en salud y más que eso, significo el resultado de una experiencia vital tan catastrófica como espiritualmente renovadora, como una obra plástica que aborda sin cortapisas el abstraccionismo que traduce con sus violentos trazos la distorsión de una mente atribulada, la naturaleza muerta como una bestial sombra de la vida que agoniza tras el último dejo de luz. Pero también la fortaleza que se pone a prueba con el dolor, el despliegue de una embriagadora fuerza tonal que evoca la recuperación, un ave herida que sin duda sobrevivió a un muy cruel temporal, el temporal de la contingencia de la vida misma, una comedia en tres actos con todas las dosis de humor posibles, la desolación o el abandono hasta la restauración definitiva.

Dicha obra se convierte en el testimonio vivo de la supervivencia humana, cada nota es un acontecer y un tiempo, cada embate orquestal es un sentimiento, una muestra atronadora de la geografía de la depresión, pero también de la recuperación ya mencionada, entendiendo a esta última: como la experiencia vital que permite a un individuo ser devuelto a su estado originario, en consonancia a sus capacidades materiales y emotivas anteriores. Dijo un pensador que: “La alegría y el dolor no son como el aceite y el agua, sino que coexisten”, quiere decir que uno perdería sentido sin el otro, cohabitan pues sin el contraste no sería posible definir tal representación, hubo otros más que concibieron a ese mismo dolor como un cruel verdugo, pero un muy aleccionador maestro, alguien o algo que educa a la inteligencia hasta convertirla en alma, un alma en constante madurez que ríe, llora, juega, o se expande ya sin miedo a la oscuridad, todo eso nos recuerda el Concierto Número 2 de Rajmáninov.

Hace muy poco tiempo, un amigo me platico sobre un cierto despertar espiritual, y de cómo luego de muchos años, logró abrir un álbum infantil al que tenía mucho miedo, con la ayuda del concierto de Rajmáninov. Me contó la manera en que lloro al ritmo del segundo movimiento mientras veía sus fotos, se trato un acto de liberación inusitada mientras sus manos recorrían las breves paginas del álbum infantil, y de cómo al final volvió a sentir esperanza, fortaleza al fondo de lo que pensó, era un inmenso túnel saturado únicamente de oscuridad y desesperación.

Tal vez eso mismo sintió Rajmáninov cuando escribió tan poderosa obra musical, una obra de vida más que un concierto, la sensación de un nuevo amanecer bañado en luz, el alivio que emerge de la profundidad de sí mismo bajo la exaltación de un infinito poder superior, que ha logrado sanar de una vez todas las heridas interiores; y he aquí la música como un testimonio permanente; de la presencia del bien en el universo.

♠Paréntesis

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