Adiós al escritor y ser humano entrañable: Sergio Pitol

Mónica Maristain

 

Hoy fue uno de esos días en que llovía pero no. Al rato salía el sol y al rato los árboles se movían como en tormenta tremenda. A la mañana temprano, la noticia de la muerte de acaso el mayor intelectual mexicano, Sergio Pitol (1933-2018) sacudió de esa manera, un poco para aquí, un poco para allá, nuestro destino.

Recordarlo en sus últimos días, alejado de sus amigos, tal vez mirando la tarde por la ventana, pensando quizás en sus grandes compañeros muertos, José Emilio Pacheco (1939-2014) y Carlos Monsiváis (1938-2010), evocando las visitas de su gran amiga viva, Margo Glantz, quien hace poco, el 18 de marzo, mencionó que cumplía 85 años.

O queriendo que él sea el más joven de todos, siempre con sus palabras suaves y sabias, a quien quisiera escuchar, diciéndose uno: el más joven de todos murió hoy.

Sergio Pitol nació en Puebla en 1933. Realizó estudios de Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México; como diplomático desarrolló una carrera que inició en 1959.

Fue Creador Emérito del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes desde 1993; subdirector de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores; director de Asuntos Internacionales del Instituto Nacional de Bellas Artes; Embajador de México en Checoslovaquia; secretario académico de la Facultad de Filosofía y Letras e investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

Entre sus obras destacan las crónicas, cuentos, novelas y ensayos: El viajeTiempo cercadoLos climasNo hay tal lugarNocturno de BujaraVals de MefistoCementerio de tordosEl asedio del fuegoUn largo viajeDe Jane Austen a Virginia WoolfLa casa de la tribuAdicción a los ingleses. Vida y obra de diez novelistasEl tañido de una flautaJuegos floralesDomar a la divina garza y La vida conyugal.

Sus libros han sido traducidos a varias lenguas como el francés, alemán, italiano, polaco, húngaro, holandés, ruso, portugués y chino.

Como traductor, otra de sus tareas encomiables, tenemos La vuelta de tuerca, de Henry James (Estados Unidos); Diario de un loco, de Lu Hsun (China); Emma, de Jane Austen (Inglaterra) y El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (Polonia-Inglaterra), así como el libro de cuentos El ajuste de cuentas, de Tibor Déry (Hungría).

Un drama de caza, de Antón Chéjov (Rusia); Madre de reyes, de Kazimierz Brandys (Polonia); Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewsky (Polonia) y Washington Square, de Henry James, además de la autobiografía Adiós a todo eso, de Robert Graves (Inglaterra). Además está el libro Elogio del cuento polaco, con selección y prólogo de Sergio Pitol y Rodolfo Mendoza, una recopilación de obras de 35 autores polacos representativos de varias generaciones, que comienza en la segunda mitad del siglo XIX con “Memorias de un maestro de Poznan”, de Henryk Sienkiewicz, Nobel de Literatura 1905 y termina con Daniel Odija, de quien se presenta “El túnel”. En el medio está Witold Gombrowicz, uno de los primeros en descubrirlo y difundirlo.

Sergio Pitol fue merecedor de diversos premios como el de Literatura Miguel de Cervantes en Lengua Castellana, en 2005; el Xavier Villaurrutia, en 1981; el Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, en 1993; el Mazatlán de Literatura, en 1997 y el Juan Rulfo en 1999. En 1997 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y en 1998 recibió el doctorado Honoris Causa por la UAM.

Fue un gran traductor y uno de los primeros en leer a Witold Gombrowicz. Foto: Especial

DESDE HACE CUATRO AÑOS SUFRÍA AFASIA

Sergio sufría desde hace cuatro años afasia, un trastorno neuronal que le impedía hablar, aun cuando se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales. Poco a poco fue deteriorándose, aunque cuando uno iba a la Feria de Xalapa o al Hay Festival siempre lo podía ver, rodeado de alumnos y colegas que disfrutaban de su bonhomía y elegancia.

Bueno, los últimos dos años fueron difíciles y su vejez se vio más compleja, debido a la aparición de unos parientes que hicieron un juicio para obtener la tutela y el manejo de su patrimonio. Lo que hay que decir en este punto que ojalá descanse en paz, con su perro y su elegancia, lejos de la codicia y los sueños terrenales de la gente de a pie.

“Precisamente este suceso pone en juego la idea de trascendencia, nos demuestra que un verdadero creador es el medio para producir una obra -como autor, traductor, maestro- que va más allá de las circunstancias físicas de quien la produce. Sergio Pitol ha muerto, Sergio Pitol está más vivo que nunca”, dice a SinEmbargo, el escritor y amigo Mario Bellatin.

“Lamento profundamente la muerte de Sergio Pitol, uno de los mayores escritores de nuestra lengua, maestro generoso, traductor impecable, autor de al menos dos obras perfectas: El desfile del amor y El arte de la fuga. Su humor, su lucidez y su serena rebeldía nos harán falta”, escribió Jorge Volpi en Twitter.

“Murió Sergio Pitol, una de las personas más generosas y amables que he conocido, además de un escritor brillante, gran maestro del híbrido entre ensayo, autobiografía y ficción, así como un lector voraz de narrativa centroeuropea. Descansa por fin, Sergio. Y que siga tu viaje”, fueron las palabras de David Miklos.

“Alguien me dijo: –Mira, en esa mesa está Sergio Pitol. Era el 2005. –Te lo voy a presentar. Me negué. Yo era tan nadie. Yo soy nadie. Ese alguien insistió y me llevó hacia el escritor. El señor Pitol se puso de pie para saludarme, me besó la mano. Nunca nadie había sido tan caballeroso conmigo. Nunca nadie ha sido tan amable conmigo. Un acto tan breve me hizo sentir un ser humano en medio de una ciudad que me odiaba y de una depresión incalculable. Hoy despierto con esta noticia y me entristece no sólo la pérdida de un gran escritor, sino de un bellísimo ser humano”, fue el recuerdo de Orfa Alarcón.

“Hay que desconfiar de cualquier escritor que no desconfíe de su propia escritura. Y de la escritura de los demás, por supuesto”, me dijo Pitol hace años, sonriendo. Lo sabía casi todo. Que llegue a donde merece”, fueron los deseos de Emiliano Monge.

“Sergio Pitol ha muerto, Sergio Pitol está más vivo que nunca”, dice Mario Bellatin. Foto: Cuartoscuro

“Nunca platiqué con Sergio Pitol. Tampoco he leído toda su obra, pero algunos de sus libros me marcaron el camino seguir. El desfile del amor fue una revelación sobre la vitalidad que entrañaba la búsqueda y escritura de la historia. Además, las mujeres figuran en el centro de un relato sobre el pasado en el que la ficción y la realidad se mezclan. Por momentos, odié esa ficción histórica, porque no se ajustaba a los cánones profesionales que yo había aprendido en la universidad. Ahora me da risa mi ignorancia juvenil y amo esa novela cuyo personaje es un joven historiador con el que me identificaba en aquél entonces. Léanla”, fue el consejo de Gabriela Cano.

“Lo traté en Oaxaca y en Xalapa, cuando ya había comenzado su enfermedad. Él aún se daba a entender perfectamente y lo recuerdo siempre muy gentil, muy alegre, rodeado de amigos y jóvenes que lo admiraban. Todos lo admiramos, creo, por su obra enorme, yo dudo que exista un escritor mexicano que no pueda apreciar la grandeza de sus novelas, sus ensayos, su obra importantísima como traductor que nos abrió tantas puertas de autores desconocidos o muy poco leídos en México. He escrito algunos textos sobre su obra y personalmente El desfile del amor es uno de mis libros de cabecera, admiro el espíritu carnavalesco, esperpéntico y lúcido de sus novelas, no sé si habrá otro escritor mexicano como él, que tanto viajó y tanto bebió de las literaturas eslavas, europeas y de habla inglesa. Para mí, Pitol es uno de los escritores más grandes de su generación. Su muerte me pone muy triste, espero de verdad que no haya sufrido y que ahora mismo esté en el cielo de los escritores, con sus perros y su elegante bastón”, dice con emoción Ana García Bergua.

“Sergio Pitol fue el primer escritor mexicano que hacia literatura fuera de eso que llaman “identidad nacional”. Eso, antes de Carlos Fuentes. Era un escritor universal. Lo podemos ver claramente en sus novelas o cuentos donde Viena, Moscú, Estambul, Nueva York, Bujara o la Ciudad de México son sus escenarios. Sus personajes son los más sarcásticos de la literatura mexicana. Su humor corrosivo es más sobresaliente a otro escritor mexicano que se divertía escribiendo, Jorge Ibargüengoitia (aunque es más fácil leer al segundo que al primero). Pero a Pitol no le bastaba con hacernos reír, era necesario convertirnos en seres caricaturescos y festivos, con la profundidad del lenguaje. ¿Cuáles son mis obras favoritas? Domar a la divina garza es un ejemplo donde la bufonada alucinante cobra vida en sus personajes. Y El arte de la fuga, su máxima creación como obra inclasificable que juega al ensayo, la memoria, la crónica, el diario y el relato confundido con los sueños. Los cuentos de una vida. Antología del cuento universal, es un libro que solicité a Sergio Pitol siendo Director Editorial de Random House Mondadori. Es un libro del que me siento orgulloso porque tardé un año en conseguir los permisos para publicar a todos los autores que son la esencia de la literatura de Pitol. Es un libro para quienes entienden los entresijos de lo que está formado un autor. Una delicia de libro”. (Braulio Peralta)

Murió en Xalapa, la ciudad de su corazón. Foto: Secretaría de Cultura

UN SER HUMANO ENTRAÑABLE

“Era generoso, inconmensurable. Un erudito con los pies en la tierra. Lo conocí en Morelia en 1991 y nos tratamos mucho. Él leyó dos manuscritos míos y los discutimos antes de que se fuera a vivir a Xalapa. Su regreso a México para mi generación fue como un terremoto. Lo cambió todo. Un clásico vivo moraba entre nosotros. El desfile del amor debería estar entre las novelas más leídas de México junto con FarabeufMorirás lejos y Pedro Páramo. Se va una fineza intelectual. Él y José Emilio Pacheco eran nuestros últimos hombres de letras en el sentido clásico. Como Alfonso Reyes en su momento. Su hueco es enorme. Era entrañable”, es la evocación emocionada de Pedro Ángel Palou.

“+Duele la partida de uno de los escritores más generosos y amables de las letras mexicanas. Gracias por tu literatura y el apoyo que diste a la literatura de los otros, querido Sergio. Me vienen a la mente tantas editoriales y tantos escritores que serían menos literarias, menos impresionantes de no ser porque apareciste en su camino en el momento preciso, y por todo lo que les diste, por tu manera de abrirles los ojos a otras formas de escribir y de leer. Te recuerdo siempre sonriendo y feliz. Te recuerdo creyendo en la necesidad de la literatura. Porque tu vida y tus libros fueron un carnaval y un motivo de alegría constante, hecho de memoria y lenguaje convertidos en grandes ficciones, confío fervientemente en que sigue algo mucho mejor para ti”, dijo Martín Solares.

Juan Villoro fue su amigo y uno de sus más dedicados lectores. Lo admiraba muchísimo, al punto de decir “me gustaría tener algo de él en lo que yo escribo, definitivamente”.

Para el autor de El testigo, la gran apuesta de la narrativa de Pitol es el arte de enseñar a leer de otro modo; de hacerle ver al lector que la literatura no es algo clausurado o concluido, que un libro cerrado no es arte.

“La novela de Pitol fracasa como investigación policial pero triunfa como investigación narrativa, en el sentido de que la narrativa nunca tiene una verdad única. Toda la literatura de Pitol tiene que ver con una idea de la traducción. En El desfile del amor los personajes hablan y Miguel del Solar, el personaje principal, los tiene que traducir”, dijo Juan.

Con motivo del 85 aniversario del escritor Sergio Pitol, fue realizado un homenaje para el literato en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. La charla estuvo encabezada por Geney Beltrán, novelista mexicano; el escritor Jezreel Salazar, y el escritor Vicente Alfonso. Foto: Cuartoscuro

“La novela de Pitol, El desfile del amor, es una gran metáfora sobre México, donde no se puede descifrar la verdad y las cuotas de impunidad son altísimas. Sería dramático que en el México de hoy nos acostumbráramos al rojo marcador de sangre como mera estadística, hay periódicos que cuentan los asesinatos como si fuera una cuestión deportiva cuando cada uno de éstos debería tener una historia detrás y ni siquiera tenemos un registro de las víctimas”, afirmó.

El miembro de El Colegio Nacional también destacó el cuento “Mephisto Waltzer”, incluido en el libro de relatos Vals de Mefisto, que trata sobre una mujer que critica un texto escrito por su ex marido. “El cuento muestra cómo una historia se puede convertir y traducir en otra, no le interesa la trama como tal sino la opción del argumento como una posibilidad que genera otra”, comentó, “es El aleph de Pitol, ahí se condensan todas sus técnicas y procedimientos narrativos”.

“Si pudiéramos pensar en una figura para este viajero de tantas literaturas, espacios y latitudes que es Sergio Pitol, yo pensaría en un mapa movedizo cuya geografía cambia a medida en que avanzamos en él, este cambio incesante es la verdad siempre modificable del extraordinario fugitivo de las letras mexicanas, Sergio Pitol. Me gustaría tener algo de él en lo que yo escribo, definitivamente”.

Con su enorme amiga, Margo Glantz. Foto: Facebook

LA AMISTAD CON CARLOS MONSIVÁIS

Sergio Pitol tenía muchos amigos, pero entre ellos a Carlos Monsiváis, a quien en 2010 leyó un texto en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca.

“El interés que Carlos tenía por la cultura popular, reflejada sobre todo en el lenguaje de los barrios bravos. En nuestros primeros años de amistad –recordó Pitol- leíamos en abundancia a los escritores anglosajones, yo sobre todo a los ingleses y él a los norteamericanos, lo que provocó una benéfica contaminación”.

“Declaramos juntos que el lenguaje del argentino Jorge Luis Borges es el mayor milagro que le ocurrió a la literatura hispanoamericana y, como hablábamos siempre de libros, compartíamos opiniones sobre Alejo Carpentier, Machado de Asís, Juan Carlos Onetti, Francisco de Quevedo”, dijo.

Fue muy difícil para él la muerte de Carlos Monsiváis. Foto: Especial

Recordó Pitol también la vez que se exilió de México, cuando fuera asesinado en 1976 el dirigente sindical Rubén Jaramillo, junto a toda su familia. “Yo elegí irme y él eligió quedarse y gracias a ello escribió libros iluminados, crónicas de un mundo rocambolesco que son nuestro esperpento”.

“Cultura y sociedad fueron sus dominios, la inteligencia, el humor y la cólera sus herramientas privilegiadas. Carlos fue muchas cosas, pero esencialmente fue nuestra conciencia común más lúcida y penetrante. Al morirse, dejó una terrible sensación de desamparo, nadie podrá colmar su lugar”, aseveró Pitol. Y hoy lo decimos de él, tal como lo recuerda el director de la Feria de Oaxaca, Guillermo Quijas.

“Sergio Pitol es y será siempre un referente y un pilar en la literatura mexicana. Sus libros y sus traducciones han alcanzado un número infinito de lectores, que no hará más que crecer. Sergio ha sido una persona muy cercana a Oaxaca y a los proyectos que hemos impulsado. En 2007 fue homenajeado por el primer Encuentro Internacional de Escritores que organizamos y luego en 2013 por la FIL Oaxaca. Ícaro fue el primer libro de Sergio Pitol en Almadía y uno de los primeros títulos que marcaron la nueva etapa de la editorial”, recordó.

Un abrazo para Sergio Pitol, para no sentirnos tan desnudos. Foto: Cuartoscuro

En una de sus últimas apariciones fue cuando la gente de Xalapa le dedicó un aria en su casa. Fue el 1 de julio de 2017. La escritora Magalí Velasco lo recordó en una columna para Puntos y Comas. “La última vez que vi a Sergio Pitol en la calle fue en la primavera de 2016, en compañía de Margot Glanz y Mario Bellatin. Fue uno de esos encuentros fantásticos –definiendo el término al estilo Roger Caillois como un evento que irrumpe y trastoca la realidad-. Sobre la calle 5 de mayo, del pueblo cafetalero de Coatepec, me acerqué a darle un abrazo y surgió la imagen fresca de la veces en que Sergio pasaba a saludarnos a “Caballito azul”, la pequeña librería que en esa misma vía, César Silva y yo manteníamos”.

“Hoy sábado 1 de julio, con todo y la tupida lluvia, a las 13:00 hrs. un grupo reducido pero significativo, llegamos a la casa del maestro. Toqué, me recibió otra sobrina Pitol y la Dra. Eos López Romero, me explicaron amablemente que por la salud y edad del maestro ver gente o recibir emociones –alegres o no- lo exaltaban y no era pertinente.

Les comuniqué que la idea original era permanecer todos afuera de la casa, respetar el símbolo de la serenata porque no queríamos invadir y porque entendíamos perfectamente lo que significa para alguien mayor tener impresiones fuertes. La idea original era que las notas llegaran a él, así, sin más, como sus palabras e ideas llegaron a nosotros.

Sin embargo, por cuestiones del clima, solicité que únicamente los músicos entraran a la sala. Me fue permitido subir a sus recámara y saludarlo. Veinte años atrás había estado en ese estudio amplio y acogedor a la vez, una tarde en que mi maestro me recibió con sonrisa y café y paciencia para que le dejara el engargolado de mis primeros cuentos”, recordó Magali.

“Uno es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas”, dijo Sergio Pitol. Ahora, a vivir esta resta: un mundo sin él.

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