Gente que rodea a Anaya también arrastran dudas por presunta corrupción

 

Ricardo Anaya Cortés, candidato a la Presidencia de la República por la coalición “Por México Al Frente”, integrada por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), maniobra parte de su discurso de campaña política a partir de la lucha anticorrupción, contra la impunidad y los malos manejos. No obstante, la gente que lo rodea –operadores, asesores, personas de interés político, estratégico y económico, entre otros– está manchada por la opacidad o por presuntos actos deshonestos.

Por ejemplo, en el equipo de campaña de Anaya, incluidos también los actores políticos que se limitan a apoyarlo, destacan personajes que en cierto punto de sus carreras políticas, fueron denunciados o investigados, formalmente, por algún presunto delito. Algunos de ellos son Dante Delgado Rannauro [MC], Fernando Herrera Ávila [PAN], Marco Antonio Adame Castillo [PAN], Miguel Ángel Yunes Linares [PAN], Rafael Moreno Valle Rosas [PAN] y Santiago Creel Miranda [PAN].

O también está la presencia de individuos implicados, directa o indirectamente, en supuestos casos de corrupción o de irregularidades. Entre ellos destacan Alejandra Barrales Magdaleno [PRD], Édgar Mohar Kuri [PAN], Jesús Ortega Martínez [PRD], Jesús Zambrano Grijalva [PRD], Miguel Márquez Márquez [PAN] y Silvano Aureoles Conejo [PRD].

Para analistas consultados, el contraste entre el discurso del político queretano, los escándalos que él mismo arrastra, y los señalamientos y denuncias que rodean a su equipo de trabajo rumbo a la “silla grande”, hablan de un actuar utilitario en la política mexicana, por un lado; y por el otro, reflejan el deterioro de los partidos políticos.

“Los partidos, en buena medida, están pensando en el corto plazo. Naturalmente, la estrategia es sumar a los más sumables, en términos de recursos, clientelas, estructuras territoriales, etcétera. [En cambio], a mediano y a largo plazo, estas decisiones de acercarse con los más impresentables, lo que hacen es dañar la credibilidad de los partidos”, comentó en entrevista Juan Luis Hérnandez Avedaño, analista político de la Universidad Iberoamericana campus Puebla.

En la opinión del politólogo, estos personajes “impresentables”, a pesar de significar “un capital simbólico negativo”, son sostenibles por redundar en beneficio de los candidatos y sus coaliciones –porque en los tres frentes, sin excepción, hay “personajes incómodos” y “repudiados por los mexicanos”–.

En ese sentido, Hernández Avedaño refirió que “les importa poco” el costo de sacrificar prestigio, o “aquello que eventualmente pudiera representar un capital simbólico positivo”, porque a pesar de que pueden perder votos por el perfil de sus respectivos equipos de campaña, el impulso que ofrecen estos personajes es mucho mayor que la posible pérdida, ya que al final, “representan posibilidades de operación política en las campañas y en el día de la elección”.

Gustavo López Montiel, especialista en partidos políticos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), concordó en que “esta configuración que hay ahora de candidatos comunes de varios partidos, les resuelve mucho a los candidatos el tema de que no quieran votar por ellos por la mala fama que tienen ellos y los partidos”. En ese sentido, explicó, los actores políticos “encontraron incentivos en la gente para votar más allá de sus historias”.

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