Entre el cielo y el infierno

 

Pocas personas sobreviven a más de 55 años de rock and roll, Eric Clapton es uno de ellos.

El británico tiene 72 años como músico, compositor, productor y maestro de la gui­tarra, y ha llegado el momen­to de enfrentarse a su propia historia en el documental de Showtime, Eric Clapton: Life in 12 Bars, de la cineasta ga­nadora del Oscar por El cho­fer de la señora Daisy, Lili Fini Zanuck.

Un filme que conduce al espectador por la vida del exintegrante de Cream, sus relaciones con otras persona­lidades de la década de los 60 y su ascenso al estrellato, sin olvidar el sinuoso camino de drogas, alcohol y pérdidas de seres queridos que jamás su­peró, como la de su hijo Co­nor, en 1991, cuando cayó de un piso 53 en Nueva York.

“Cuando empezamos ni siquiera sabíamos dónde se iban a concentrar (el foco del documental). Pensé que iba a ser sólo un área, hasta que me di cuenta que lo iban a cubrir todo. Y verlo fue emocionan­te. Ni me acordaba mucho de lo que había filmado. Mi se­sión favorita es la última por­que me veo como si estuviera sonriendo por primera vez en mi vida”, señaló Clapton en entrevista desde Toronto.

“La idea había estado flo­tando durante un tiempo con un grupo de amigos porque tenía demasiado material. Sa­bía que teníamos suficiente como para hacer una pelícu­la, pero tampoco quería que se estrenara después de que yo me muera. Esa idea no me gustó”, agregó el apodado Slowhand.

Fue el blues de BB King y John Lee Hooker lo que lo atrapó den­tro de su pasión, que al mismo tiempo fue su salvación y perdi­ción. Su sello personal indiscuti­blemente está en la música que grabó el supertrío Cream junto a Ginger Baker y Jack Bruce, sin olvidar la colaboración junto a The Beatles en While my guitar gently weeps, además del curio­so triángulo amoroso en el que se involucró junto a Pattie Boyd, su exesposa que también estuvo ca­sada con George Harrison.

Phil Collins y Aretha Franklin forman parte de su historia glo­riosa; la heroína y la bebida son su infierno.

“Hubo una escena de la que no estaba muy seguro que fue cuan­do sucedió el asunto semi racial en uno de los peores periodos de mi vida. Hice algunos seña­lamientos sobre los extranjeros (en un concierto en Birmingham, Inglaterra, en 1976), estando de borracho. Me puse a despotricar. Tuve que enfrentar al tipo en el que me convertí cuando estaba lleno de alcohol y drogas. Es in­comprensible para mí, en cierto modo, que haya llegado tan lejos sin confrontación.

“La gente decía que no me en­frentaba porque entonces regre­saba el doble de fuerte, la única persona que lo hizo fue mi ma­nager de aquel tiempo, Roger Fo­rrester, quien me dijo ‘tienes un problema’. Cuando me di cuen­ta que tenía razón fue al primero que llamé y fue quien me ayudó a llegar a Hazelden, donde entré a rehabilitación”, dijo Clapton a Ro­lling Stone.

Una producción completa, pero lejos de pertenecer al legado que ha levantado.

“Me veo como un mensajero. Ese ha sido mi principio, con la idea de no dejar solo mi cuerpo y esa idea es la que me afectó tanto. Por eso también empecé a darme cuenta que podía ser un ejem­plo para otras personas, aunque todavía me resulta difícil com­prender que mi comportamiento pueda ser considerado por otras personas”, se sinceró.

El músico padece de ecce­ma o dermatitis eccematosa, un padecimiento que le ha causa­do problemas para tocar las seis cuerdas, pero que no le ha impe­dido continuar. La portada de su más reciente disco I Still Do, en la que aparece con un guante sin dedos tocando su instrumento, lo confirma.

“Las palmas de mis manos se me van pero aún así acabo de co­menzar a hacer un nuevo disco con el productor Glyn Johns. Fue una catástrofe porque tuve que usar curitas en los dedos y po­nerme guantes sin dedos, lo cual resultó en muchos slides (técnica particular usada en el blues).

“Ahora estoy a mitad de este nuevo disco que comenzó con el restante de los demos que no se usaron en The Breeze: An Appre­ciation of JJ Cale. Aún tengo algu­nas canciones de JJ que estamos tocando y que de pronto mezcla­mos con dub o que en ocasiones las regresamos al country puro”, reveló.

En el show de radio Steve Wright in the Afternoon, de BBC Radio 2, contó sobre lo deteriora­da que está su salud actualmente.

“Me estoy quedando sordo, tengo tinnitus (percepción de sonidos sin fuente externa), mis manos apenas pueden trabajar. Espero que la gente vaya a los shows y me vea sólo porque sí o por pura curiosidad. Es increí­ble que siga aquí. Voy a conti­nuar trabajando, a hacer algunos conciertos y voy a hacer uno en Hyde Park, Londres, el 8 de ju­lio. La única cosa que realmen­te me preocupa es que estando ya en mis setentas sea capaz de continuar siendo competente”, explicó.

Un maestro como él no podía irse sin opinar sobre la crítica si­tuación que atraviesa el género que ayudó a desarrollar. Ahora los chicos son ajenos al rock y él lo sabe. “Sí, ni yo me había dado cuenta que la situación era tan mala. No sé, todo puede pasar. Yo le tengo fe a la música y hasta lo que parece que no tiene sonido me parece bien”, concluyó.

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