El tuit de López Dóriga

Gabriel Sosa Plata

 

Un tuit del periodista Joaquín López Dóriga en el que “informa” que Juana Cuevas, esposa del precandidato del PRI a la presidencia, José Antonio Meade, realiza compras para la cena de año nuevo, generó numerosas reacciones, sobre todo de rechazo porque el mensaje parece más propaganda que información.

¿Por qué escribir tuits así? Damos por hecho que el periodista dirá una y otra vez que ese tuit (y otros similares, como el de Meade, en una terminal aérea, a punto de abordar un avión, como cualquier pasajero) no fue pagado, que simplemente le pareció interesante compartir el dato a sus casi ocho millones de seguidores y que no tiene que dar explicaciones sobre lo que tuitea porque solo ejerce su derecho de libertad de expresión.

Un periodista de larga trayectoria como él sabe que ese tipo de tuits serán vapuleados por no pocos tuiteros, pero vistos con simpatía y agrado por los simpatizantes de Meade, su familia y el partido que lo postula. Y esa es quizás la intención: hacer relaciones públicas y no periodismo.

Lo que quizás más importa a este comunicador es el mensaje que se envía a dicho grupo político o bien activar una faceta de la estrategia comunicacional para posicionar a la esposa del precandidato en la campaña política, en la que López Dóriga está dispuesto a colaborar. Lo menos importante son las críticas de la ciudadanía y el desprestigio que se puede ganar.

¿López Dóriga simpatiza con el PRI? El periodista también dirá que no, que los periodistas no deben manifestar su preferencia hacia un partido político porque dañaría su credibilidad y prestigio. Sin embargo, en la práctica, él, como otros, realizan un periodismo que termina siendo demasiado cercano a una determinada fuerza política. En la práctica esto daña la equidad de la cobertura periodística de las campañas políticas en los procesos electorales.

El tuit de López Dóriga debe verse como un caso de muchos que se han presentado y se presentarán hacia las elecciones de este año. No debe sorprendernos. Las redes sociales se han convertido en espacios para decir lo que sea sobre cualquier cosa, aunque también de propaganda abierta -con nombre y apellido- y encubierta -matizada de “intrascendentes” o “ingenuos” comentarios sobre los actores políticos- que serán respaldados o cuestionados por usuarios reales, por trolls o por un ejército de bots patrocinados.

A las audiencias y usuarios de redes sociales nos disgusta que periodistas que cuentan con espacios privilegiados en diferentes medios impresos y electrónicos tuiteen de esa manera porque ellos y los mismos medios en los que laboran se ufanan con frecuencia de ejercer un periodismo crítico, independiente y profesional. La contradicción es clara y hay quien se siente engañado, defraudado o desilusionado porque pretenden tomarle el pelo.

En diferentes entrevistas, ya en sus últimos años de vida, el periodista Jacobo Zabludovsky, maestro de López Dóriga, reconoció que la línea editorial de sus espacios informativos en la televisión era complaciente con el poder y en específico con el PRI. Argumentaba que en la época del partido único y del presidencialismo no había de otra. Los medios se alineaban con el poder político o podían desaparecer.

Al salir de Televisa, Zabludovsky hizo en Grupo Radio Centro un periodismo distinto al que impulsó en la televisión. Parecía otro periodista, pero sin perder su inteligencia y carisma. Su oficialismo de alguna manera desapareció en un país que también había cambiado. La transición democrática del nuevo siglo favoreció una apertura política en los medios de comunicación, impensable en décadas anteriores.

López Dóriga ha sido testigo y protagonista de las dos épocas. Ahora, como reportero o conductor de noticiarios, ya no hay pretexto para alinearse con algún partido político o candidato, salvo que sea obligado por los medios en los que trabaja por aquello de la publicidad gubernamental (de la que, por cierto, también es uno de los grandes beneficiarios a través de su portal de noticias, lopezdoriga.com).

No obstante, con tuits como el de Juana Cuevas, el periodista reproduce prácticas como las de antaño. Su tuit nos hizo recordar la cobertura “periodística” que los medios oficialistas hacían cada que destapaban al candidato del PRI a la presidencia y nos mostraban la faceta familiar del ungido, las cualidades y sencillez de su esposa e hijos, el amor existente entre el padre, la madre e hijos. En síntesis: una idealización del personaje que encabezaría el gobierno federal y su familia, muy al estilo de lo que después veríamos en las “revistas del corazón”.

La fotografía y el mensaje de López Dóriga parece que vino del pasado analógico y se insertó en el presente digital y de las redes sociales. Un flash back, que ahora sí tuvo retroalimentación inmediata, respuestas críticas, burlonas, a diferencia de lo que sucedía en décadas anteriores en las que era más complicado decirle a Televisa o a otro medio que era descarado su apoyo, lealtad o entrega al partido en el gobierno.

La autorregulación de los periodistas a través de códigos de ética es uno de los caminos para evitar conflictos de interés y marcar una sana distancia con el poder, incluso con lo que se dice en las cuentas personales en redes sociales. Como usuarios y audiencias debemos exigirla, pero si los involucrados no están convencidos de su aplicación, sólo habrá simulación y no periodismo. Alguien que hace propaganda o participa conscientemente en estrategias de comunicación para generar simpatías o votos hacia un candidato o partido político no ejerce periodismo, sino proselitismo.

“El poder del periodista reside en su independencia”, escribió el afamado periodista peruano y director del diario El Comercio de Lima, Alejandro Miró Quesada. A su vez, el periodista Raymundo Riva Palacio es de la opinión de que “un periodista es un ser político, pero ello no significa que deba hacer política”. Y agrega: “La militancia lleva implícito el aliarse con una parte beligerante; el partidismo anula el equilibrio y el balance en las técnicas de reportear y de redactar; los prejuicios quitan claridad a los juicios. Todo eso combinado le resta credibilidad al trabajo de un reportero. Credibilidad es lo más difícil de construir y lo más fácil de perder” (citados por Omar Raúl Martínez, “Esencia del periodismo”, FMB, 1999).

Con un tuit, López Dóriga mostró una vertiente de su periodismo y de su influencia en la opinión pública ante la polémica generada. Eso también es poder. Qué decepcionante que en diferentes casos sea utilizado al servicio de un interés político y no en todo momento para un periodismo crítico, que exhiba y revele nuevos casos de la corrupción existente en un grupo político que busca mantenerse en la presidencia.

 

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