No más ficción del yo: Vicente Molina Foix

 

Al traspasar las siete décadas de vida, el escritor español Vicente Molina Foix vuelve su mirada al pasado y escudriña esa época en la que no sabía amar. Autor y personaje en El joven sin alma, comenta que su novela más reciente recrea “la historia vital, política, sexual y literaria que vivió con un grupo de amigos”.

Quien estudió Derecho, Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid pide que este volumen se lea como una novela de aventuras. “Lo que se cuenta no es la conquista de un territorio, el castillo encantado ni la princesa durmiente, sino la aventura de la búsqueda de una identidad. La historia de cómo se forma una conciencia”.

El también poeta y dramaturgo confiesa, que la trilogía a la que pertenece este título, junto con El abrecartas (2006) y El invitado amargo (2014), está integrada por libros de madurez o vejez.

No pensaba hacer estas tres novelas. Se me han impuesto una detrás de otra. Las he escrito porque estoy en una fase de mi vida en la que miro hacia atrás y veo un largo paisaje poblado de incidentes, de personas, de acontecimientos propios e históricos. Eso me ha creado un punto de vista de alguien que hace historia privada y la mezcla con los sucesos de los últimos años”, afirma.

El narrador nacido en 1946 en la urbe valenciana de Elche adelanta que estas tres novelas, publicadas en Anagrama por separado, se editarán como un tríptico unido. “Son independientes, pero creo que cuando se lean juntas adquirirán una significación distinta, más rica y complementaria. Se verá la identidad que une a estas tres historias documentales y los elementos comunes que tienen, como las cartas”.

Dice que su propuesta de auto-ficción se cierra con El joven sin alma, que es una mirada a su generación, a sus amigos y a su país, durante los años 60. “Ya no más documentos. No más falsa realidad, falsa historia mezclada con la verdad. No más ficción del yo. Estas tres novelas me han dado la imagen de mí mismo que necesitaba”.

El también cineasta aclara que el humor es el filtro principal a través del cual evoca su convivencia con creadores como Terenci Moix, Guillermo Carnero, Pere Gimferrer, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. “Es una historia de amores, de amistad y de cine”.

 

MÚLTIPLES VOCES

El escritor que vivió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte en la Universidad de Londres, explica que El joven sin alma es una obra que incluye muchas voces.

Algunas de ellas de escritores que son reales, de escritores españoles conocidos, algunos ya muertos, pero otros vivos. Y en la construcción utilicé dos narradores que son casi idénticos”, detalla.

Se narra la historia de un joven llamado Vicente, que en realidad es el autor, a quien no le gusta jugar, ni hablar, ni estudiar. “Él tiene voz, pero hay alguien que está por encima de él. No sé bien qué es. No es un desdoblamiento, sino alguien a quien al protagonista le interesa, lo sigue mientras no tiene rumbo, le observa y a veces le impulsa a decir las cosas. Quiere que la voz de Vicente Molina suene entera, íntegra, veraz”.

El exprofesor de Literatura Española en Oxford acepta que el protagonista posee algunas características de sí mismo y otras que no lo son. “Lo mismo la familia que pinto, es la mía y no lo es. La madre tiene cosas de mi madre, pero no es ella con exactitud. Mi hermano no es siempre él”.

Destaca que hay un episodio que vertebra la novela, que es bastante alegórico. “Son tres abrigos de piel que el protagonista lleva en distintos momentos de su vida. Yo tuve abrigos de piel en mi juventud, porque era muy presumido. Conservo dos como piezas casi de museo. Ya no me los pongo. Y es verdad que el primero es un abrigo que mi madre compró cuando se casó y que me propuso arreglar para mí”.

El autor de La musa furtiva, poesía reunida 1967-2012, y del libro de cuentos El hombre que vendió su propia cama aclara que lo que sale en la novela no todo se hizo. “Juego siempre entre lo verdadero y lo inventado, entre lo real y lo fabuloso. Y, si fuera un filme, en realidad sería un falso documental con un fondo de verdad”.

 

LO VIRIL Y LO FEMENINO

Molina Foix juega al ilusionismo y se mueve con maestría en las fronteras entre la virilidad y lo femenino. Se detiene en ese momento en que el niño parece niña, esa edad en la que aún no se distingue si es mujer u hombre, porque los cuerpos delgados y la piel suave son parecidos.

Esa oscilación de la identidad se da desde el principio y después adquiere más representaciones. Lo mismo se narran aventuras heterosexuales que homosexuales. Pero la figura materna es esencial. Tuve una relación muy intensa con mi madre”, indica el autor.

La madre del protagonista está a punto de morir cuando éste es niño, lo que sí me ocurrió en realidad, por una infección pulmonar. Pero se salva. Y hay un episodio de un doctor milagroso que sí existió. También son ciertas las reflexiones que motiva en el niño el hecho de ver fumar a su madre”, señala.

El director de las películas Sagitario (2002) y El dios de madera (2012) recrea también en El joven sin alma el perfil conservador de su familia. “No era tan franquista, pero sí pertenecía al status quo. Mi padre era funcionario del Estado. Estaba en una zona republicana; pero no quiso luchar porque tenía otras ideas y quedó emboscado hasta el final de la guerra”, cuenta.

En la novela, el joven Vicente descubre que la España de Franco no le gusta, que hay otro mundo más libre, igualitario y revelador. “Esa lucha entre el orden y el desorden, entre lo establecido y lo aventurero, está muy presente. Los amigos son buscadores de la libertad, de la sexualidad, del pleno compromiso. Y la lucha contra Francisco Franco es el trasfondo”.

Además de los recuerdos y las vivencias, Vicente Molina Foix utiliza en el desarrollo de la trama cartas, fotografías, versos y críticas de cine, pues éste es el factor que une a los seis amigos. “Esos documentos son utilizados como sostén de lo que es inventado. Lo documental, lo histórico y lo fabulado se mezclan. Es un libro que tira de la acción. Hay mucha figuración, episodio, humor y un final melancólico”, concluye.

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