Martínez Vite habla de su vida en Tláhuac

Gabriel Mejía Pérez y Leonel Robles

Hace unos días,  sostuvimos una charla con el diputado Raymundo Martínez Vite, sí,  más que una entrevista, fue una plática donde se “abrió” sobre una parte de su vida de la que no había hablado: la parte humana del político, ante todo del luchador social, de los pocos que quedan en este país, que se ha ido adaptando a los tiempos actuales, pero que mantiene la esencia que marcaron los sueños de su niñez. El encuentro tuvo lugar en las oficinas desde donde despacha asuntos relacionados con el cumplimiento de  las promesas que comprometió durante su campaña. La gente de Tláhuac lo conoce porque su vida ha transcurrido entre los tlahuaquenses, si no como uno más porque siempre va al frente de la inconformidad ciudadana, sí abrazado a las causas que lastiman al ciudadano común.

 Nos encontramos en el deportivo San José donde el diputado había inaugurado  la segunda edición del Torneo de la Unidad, competencia de futbol soccer que organiza con el fin de fomentar el deporte y apartar a los jóvenes de “conductas delictivas” en esa localidad.

Martínez Vite durante la inauguración de la segunda edición del Torneo de la Unidad 2017

Martinez Vite tiene presente que los cambios que requiere el país guardan una relación directa con los valores individuales, el hacer política necesita una formación íntegra como ser humano. De modo que no es quitar al otro “porque ahora me toca a mí”, sino que la ciudadanía decida a sus  candidatos, pero que éstos  cuenten con  capacidad,  voluntad de servir, congruencia,  formación política, y, sobe todo, con bases éticas inamovibles.

Publicamos en esta primera entrega, sólo un fragmento de la charla donde podemos apreciar  la parte humana del recién nombrado coordinador organizacional de Morena en Tláhuac.

Cuéntanos cómo recuerdas tu infancia

Tláhuac era una delegación muy tranquila donde todos nos conocíamos. Nuestros padres nos dejaban en la casa, al cuidado, si acaso, de los vecinos o amigos mientras ellos  se iban al Centro de la Ciudad. Recuerdo que sólo estaba la avenida Tláhuc-Tulyehualco, como única vía para comunicarse con el resto de la ciudad. De modo que nuestros padres se subían en los famosos camiones verdes (“guajoloteros”) para llegar a San Pablo,  con un recorrido de por lo menos tres horas. Pero, como decía,  había buena relación con los vecinos, en gran medida porque todos nos conocíamos. Había muy pocas construcciones. A mis diez  años de edad, aún no existían las colonias   la Selene, la Ampliación, San José, por ejemplo. Nosotros fuimos los primeros en formar la colonia Santa Cecilia, para llegar a la avenida principal teníamos que cruzar por una vereda, para que se den una idea.

¿En ese niño no había alguna influencia que indicara tu futuro como luchador social?

Yo tuve contacto con la gente desde los diez u once años porque mi padre era velador en los pueblos de Tlaltenco, Zapotitlán, Mixquic, recuerdo que a este pueblo llegábamos en caballo. Entonces, desde los diez años yo ya andaba tocando las puertas de las casas como vigilante. A mí, en lo particular,  me tocó cubrir el pueblo de Zapotitlán, lo conocía muy bien y la gente me conocía muy bien, tanto que si no me daban el peso, que era lo que se cobraba por la vigilancia, me daban un taco.

Representantes de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo y el asambleísta, Raymundo Martínez Vite, en una mesa de trabajo en el  CETIS-1, ubicado en la delegación Tláhuac.

La casas eran de cartón. Los tornados, aquí les llamábamos remolinos, se llevaban el techo de tu casa y ahí andabas con los vecinos reconociendo tus  láminas: “esa es mía, esa es mía”, nos gritábamos en ese entonces. En época de lluvia,  se formaban las lagunas, los charcos porque para pavimentar una calle se tardaban años. Esa experiencia, supongo,  te va determinando, ta va abriendo la mirada al ver el sufrimiento de la gente y nuestro propio sufrimiento que también cargábamos.

Más tarde, cuando salí de la secundaría, alguien que sí me marcó fue mi madre, mi padre había muerto cuando yo tenía doce o trece años,  de modo que mi madre tuvo que cumplir el papel de padre de ocho hermanos,  una responsabilidad muy difícil.

Mi madre trabajaba en intendencia en la Escuela Normal de Educadoras. Como antes había  oportunidad de que después de la secundaría, tú estudiabas durante tres años y ya podías trabajar como docente. Un poco antes de salir de la secundaria, ella platicó conmigo y me dijo que quería que yo fuera maestro, y que si yo me recibía que me fuera a las comunidades a ayudar a la gente. Esto sí me marcó.  Entré a la normal, pero como todo joven rebelde, y por la distancia, no la terminé.

Después me fui al campo laboral. Trabajé en una empresa que surtía artículos para el hogar, yo trabajaba en el almacén surtiendo productos para clientes selectos. Ahí estuve tres años, pero yo me dije: “tengo que regresar a estudiar”, e ingresé a Cetis No. 1, antes era el 54. Ahí me encontré con la segunda persona, un profesor,  que también marcó mi vida.

Estrategia” fue fundamental para mi formación política”. En la foto, acompañado con el precandidato de Morena a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Ya empezabas a perfilarte como político

Hay un germen en cada uno de nosotros, y a mí nunca me gustó la injusticia. En la secundaria a los compañeros los defendía de los maestros, por ejemplo. Recuerdo que en una ocasión iba haber un enfrentamiento entre dos secundarias, y para detener la pelea me lié a golpes  contra el más “broncudo” de la otra secundaria, así paramos lo que hubiera sido una pelea campal.

Pero al tiempo que pasaban los días, yo empezaba a prepararme, a leer, a tener conciencia de la desigualdad y también del poder de la política, así comencé adentrarme más y más en estos terrenos, y me gustó. Así comenzó otra etapa de mi vida.

Así que cuando ingresé al Cetis,  ya llegué un poco más maduro, y descubrí que había una especie de liderazgo en mí. Era de los más grandes del grupo y yo  representaba a grupos de 32 estudiantes, bien creo, junto con otro compañero que trabajaba en Pémex.

Más tarde te convertirte en maestro de la escuela en la que estudiaste

Recapitulo cómo llegué a dar clases. En el Cetis, saqué un buen promedio, y por lo mismo me invitaron a trabajar,  porque antes era muy difícil que un ingeniero, por ejmeplo, trabajara como docente por los bajos salarios. Yo ganaba 150 pesos por tres horas, les hablo del 82, pero trabajaba de siete de la mañana a tres de la tarde. Primero como ayudante de laboratorio, , después me dieron ya horas como titular. Y esto me da mucho gusto, mucha alegría porque cumplo al anhelo de mi madre. Además me considero un buen maestro porque trabajaba con los jóvenes para que se prepararan con el fin de que consiguieran un buen empleo. Les exigía que  fueran puntuales, ordenados en el trabajo, que respetaran su área de trabajo y, sobre todo,  que fueran jóvenes inquietos: tengo noticias que mi trabajo no fue en vano porque algunos de mis ex alumnos consiguieron cumplir sus metas.

¿Y en la parte de la política?

Cuando conocí a este maestro, me enteré que andaba en actividades políticas y le pedí que me invitara a participar, este trabajo político se llamaba “Estrategia”, que por cierto el líder de esta agrupación política era Alonso Aguilar, que fue parte del gabinete de general Lázaro Cárdenas.

Jesús Martín del Campo, político mexicano (al centro)

En el movimiento de  1989,  yo solo me fui a paro de labores , yo sólo cerré la escuela. Intentaron levantarme un acta por abandono de trabajo,  me castigaron, pero afortunadamente cuando se levantó el movimiento del magisterio, se llegó al acuerdo de que no hubiera ningún cesado y yo seguí normal con mis clases. Y ahí, en ese movimiento conozco a otro actor fundamental, a Jesús Martín del Campo, que venía de la UPN (Universidad Pedagógica Nacional).

El movimiento magisterial se dividían por sectores: los de secundaria, los de vocacionales, los de normales, y nosotros trabajamos en el sector ocho que correspondía a los de medio superior y superior. Me toca trabajar con Jesús Martín del Campo, ganamos el movimiento, y obligamos al Gobierno Federal a que llegue a un acuerdo, y nos dan comisiones paritarias con los charros, entonces cada secretaría en el magisterio tenía la secretaría de organización y la secretaría de conflictos, y a Martín le tocó la secretaría de organización

 

paréntesis

 

 

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