Jean Meyer recupera bestseller olvidado

 

Vladímir G. Korolenko (1853-1921) tenía un lugar asegurado en la historia de la literatura rusa debido a la calidad de su escritura y su ferviente humanismo, al punto en que llegó a ser comparado con Lev Tolstói, explica el historiador Jean Meyer (Niza, Francia, 1942). Sin embargo, su participación en la Revolución de febrero de 1917, su distancia del mundo bolchevique y su defensa de los campesinos injustamente sentenciados a muerte… lo sepultaron en el olvido.

A pesar de todo en el mundo de habla hispana se han comenzado a traducir sus novelas, como El sueño de Makar, Sin lengua y El músico ciego que, en opinión de Meyer, es una obra maestra. Sin embargo, en México empezará a circular una pieza mucho menos conocida. Se trata de las Seis cartas sin respuesta. La correspondencia frustrada entre Vladímir G. Korolenko y Anatoli V. Lunacharski, una pieza que retrata un tiempo de la historia rusa y uno de los escritores que llevó su lucha más allá de la literatura.

Este volumen es la primera traducción de las cartas de Korolenko al español, dijo Meyer en entrevista, las cuales fueron escritas entre el 19 de junio de 1920 y septiembre de 1921, durante uno de los momentos más terribles de la historia de Rusia.

Se ubican en el segundo año de la guerra civil, donde sucedieron hechos trágicos como: el levantamiento de los marineros de Kronstadt, quienes fueron reprimidos a sangre y fuego por Trotsky, y la represión del levantamiento campesino en la provincia de Tambov, que fue aplastada con aviación, tanques y gases. Es el año de la hambruna, al punto en que Lenin tuvo que aceptar, a regañadientes y muy molesto, la ayuda internacional que contó con el apoyo de Estados Unidos y el Vaticano”.

Pero cuando la hambruna se desató en Rusia, Korolenko ya había muerto. Él falleció el 25 de diciembre de 1921, hace 96 años, pero sus cartas ya profetizan la hambruna. “Él escribió, desde meses antes, que en la ciudad de Poltava (Ucrania), ciudad donde nació y que era considerada el granero de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la gente pasaba hambre, y reclamaba a las autoridades rusas que no era consecuencia de la naturaleza, sino de su política de requisa forzosa”, comentó.

¿Qué tan importante fue Korolenko como autor ruso?, se le cuestionó a Meyer. “Fue un bestseller de su tiempo y llegó a vender millones de ejemplares de sus libros en 1914. Pero tras su muerte desapareció y no volvió a ser reeditado. Incluso, en los libros de texto de literatura rusa de la URSS su presencia se limitaba a un poema y un cuento expurgado, y aunque durante la Perestroika se publicó su obra completa en diez tomos, no volvió a ser reeditada. Además, el ambiente de la Rusia de Vladimir Putin no es para ese tipo de escritores. Además, fue el padrino literario de Máximo Gorki”.

¿Quién fue Lunacharski y qué papel jugó en estas cartas? “Debido a que los bolcheviques no pudieron callar violentamente a Korolenko, Lenin envió a Lunacharski para entablar un diálogo con él y convencerlo para que calle sus críticas y se una al sistema. Lunacharski fue un personaje muy importante porque desde el principio del estado soviético, y hasta 1929, fue el mandamás en el mundo de la educación y la cultura, quien armó una de las campañas de alfabetización más exitosas en Rusia y, al mismo tiempo, defendía las corrientes artísticas modernas en pintura, pese al gusto conservador de Lenin. Digamos que Lunacharski era un hombre culturalmente abierto”.

Sin embargo, durante el encuentro entre Korolenko y Lunacharski la discusión no alcanzó acuerdos. Así que el enviado le pidió que escribiera sus pensamientos, críticas y puntos de vista y se los remitiera a través de misivas que iría respondiendo.

“Le propuso que mandara una carta con sus opiniones, las cuales respondería y al final ese diálogo cruzado sería publicado. Entonces Korolenko se entusiasmó y pensó que con eso podría aminorar el terror implementado por Lenin, ese terror que escribía con mayúscula, donde aseguraba que la evolución tiene que ser implacable con todos sus enemigos”, apuntó.

Una de las medidas que más horrorizó a Korolenko fue la Troika, fundada por Lenin, donde se enjuiciaba y castigaba a los enemigos, “con la participación de tres agentes de los servicios de seguridad que hacían un juicio sumario sin juez ni abogado defensor, para luego dictar la pena de muerte sin derecho a apelación”.

A lo largo de las seis cartas –compiladas por la Dirección General de Publicaciones (DGP)– el autor ruso refiere hechos concretos, como los fusilamientos que se escuchan de un lado y otro de Poltava, sobre la ínfima libertad de prensa, o del cercano fusilamiento de 17 personas, donde fueron asesinados dos niños y una jovencita de 15 años. “¿Esa es la justicia soviética?”, cuestionaba Korolenko.

¿Por qué Lunacharski no respondió las cartas de Korolenko? “Nunca respondió y tampoco publicó las cartas porque eran críticas, eran feroces. A pesar de todo, Korolenko tomó en serio la oportunidad de hablar y criticó que el gobierno ruso considerara a la libertad de prensa como una libertad burguesa que no servía para nada. Digamos que lo vio como la esperanza de publicar algo. En septiembre de 1921, el autor ruso envió la sexta y última carta como una síntesis de todo lo que había dicho y donde le reprochaba que nunca le hubiera respondido”.

Por último, Meyer comentó que estas misivas sobrevivieron porque Korolenko tampoco se hizo muchas ilusiones con este diálogo cruzado, por lo cual entregó una copia de éstas a un enviado norteamericano que pasaba por ahí. Y fue así como en 1922, después de su muerte, las cartas vieron la luz en París.

Y su importancia, advirtió Meyer, no está en su valor arqueológico por ser una reliquia del pasado, “sino más bien en que se trata de una hermosa pieza, una antigualla que nos recuerda el valor de la democracia, en un momento en que es tan criticada, tan impopular y cuando en muchos países se ha impuesto el auge de los populismos”.

Leave a Reply

Your email address will not be published.