Voluntarios de Saltillo llevan ayuda a Edomex, Morelos y CdMx; a su regreso, están despedidos

 

Que no nos olviden si llegamos a pasar por lo mismo”, suelta de inmediato Jesús Amaro Martínez, recordando lo vivido en cinco días que marcaron la vida de cinco personas que partieron de Saltillo dispuestas a ayudar, a sumarse a las labores de rescate.

El sismo de 7.1 grados Richter sacudió a México. Las noticias en redes sociales fluían como agua. Se necesitan manos, pero para empezar, urgen líderes que muevan a la acción.

De repente, en el grupo de Facebook “Que todo Saltillo se entere” surgió el primer mensaje, provenía de un comerciante quien convocó a quien quisiera acompañarlo al viaje en camioneta directamente hasta donde estaba la acción.

Todo mundo quería ir, pero sólo cinco se alistaron para emprender la aventura. Nadie se conocía, pero todos hicieron clic en cuanto se juntaron en un centro comercial del sur de la ciudad a colectar los víveres que les hicieron llegar decenas de amigos de los grupos de la red social.

Con ganas y sueños tomaron carretera. Su idea era ayudar a desenterrar sobrevivientes, pero las calles de la Ciudad de México estaban copadas de ayuda, entonces apuntaron hacia un destino que resultó mucho más trágico y cambió para siempre su existir.

HASTA EL ÚLTIMO MUNICIPIO

Jesús y Jesús Francisco volvieron con el deber cumplido tras llevar a los damnificados de Morelos un poco de ayuda. Foto: Vanguardia

Su labor pudo no significar mucho comparada con la de los topos o el Ejército, pues las cámaras no enfocaban hacia ellos, tampoco a la gran cantidad de tráileres, camiones y camionetas de contingentes de varios estados del norte. Sin embargo, sólo ellos representaban a la capital de Coahuila en esos días.

Llegaron a la Ciudad de México, pero se dieron cuenta de que toda la atención estaba volcada en ese punto, así que los mismos usuarios de redes sociales los fueron ubicando en la realidad, una muy cruel marcada por el hambre y hasta en esos momentos de apremio, de la desigualdad social tan grande que hay en el país.

Partieron a Xochimilco y de ahí al estado de Morelos guiados por Alejandro Morales, un microempresario que se unió a la causa sin conocerlos. Éste los llevó por carreteras, poblados y brechas hasta donde ni un medio de comunicación, ni un contingente de ayuda se había detenido.

En los videos posteados ese primer día figura uno en el que la gente lamenta que toda la ayuda la veían pasar y ellos nada más mirando.

Durante todos esos días repartieron alimentos, sacaron escombro de las casas, transportaron a personas vulnerables hacia lugares más seguros, pero sobre todo llevaron esperanza y un gesto de solidaridad de parte de quienes los seguían por redes sociales apoyándolos con mensajes de aliento y con escasos recursos.

Alejados del mundo; el sismo los acercó

El recorrido por las faldas del Popocatépetl mostró a decenas de pueblitos cuya necesidad en ocasiones no era de comida, sino del apoyo moral que puede dar una palabra de aliento, así lo describe Jesús Francisco al recordar a la gente afuera de las ruinas de lo que fueron sus viviendas.

“Ver a las señoras cociendo los frijoles, los niños que se te abalanzan, los ancianos buscando entre los escombros a ver qué podían recuperar, es algo que te da tristeza por el abandono en que están”.

Los nombres les resultaron complicados de aprenderse; Ocoxaltepec, Tlalmimililpan, Atlatlahucan, Atlahutlan y muchos más. A dichas comunidades ni el gobierno del estado ni el federal los hacen en el mapa.

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