Nos dejaron solos ante el crimen, reclaman los médicos al Gobierno federal

 

Ella recuerda que el sujeto le gritó enfurecido: “Si se muere mi mujer o mi hijo, te mueres tú”. Eran cerca de las tres de la mañana cuando la doctora Verónica Sosapavón Pérez intentaba –sin enfermeras ni equipo suficiente– traer un bebé al mundo. Al mismo tiempo, el padre de ese niño apuntaba a su sien con una pistola.

“¡A ver, señor. Necesito su ayuda, por favor apriete aquí!”, le dijo ella, señalando al vientre de la futura madre. “Esas son cosas de viejas, hágalo usted”, le respondió el hombre armado en aquel pueblo situado a las orillas de la Ciudad de México. Ella le advirtió que necesitaba que colaborara, que si seguía amenazándola se iban a morir todos: “su esposa y su hijo porque no me ayuda, y yo porque usted me va a matar”, le dijo. A regañadientes, aceptó y la señora y el pequeño salieron sanos y salvos.

Escenas como la vivida hace algunos años por la doctora Sosapavón Pérez, quien es fundadora del Movimiento Médico 22 de Junio, se repiten a diario en todo el país. Pero no todos los médicos, enfermeras, paramédicos y, en general, los trabajadores del gremio de salud corren con la misma suerte de quien es actualmente luchadora social. Otros no viven para contarlo.

Es el caso de la médico Jessica Sevilla Pedraza, quien fue hallada recientemente degollada y con el rostro desollado, en Huixquilucan, Estado de México; o el de las dos enfermeras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Sinaloa que tenían una semana desaparecidas y finalmente fueron localizadas en una fosa a principios de agosto.

Y también el de dos enfermeras del IMSS cuyos cuerpos fueron encontrados ayer en Mazatlán, Sinaloa, luego de que fueran reportadas como desaparecidas el pasado 29 de julio.

Leave a Reply

Your email address will not be published.