El imperio contraataca

 

RT en Español

 

Aldo Fulcanelli

Las sanciones impuestas a Rusia e Irán, así como las presiones a China por los ejercicios militares de Corea del Norte, son tan sólo algunas de las muestras de cómo el gobierno de los Estados Unidos, busca hacer valer su hegemonía ante el mundo.

A dichas medidas anteriormente citadas, se sumarían las sanciones emitidas contra el gobierno de Venezuela, que buscan enviar un duro mensaje a las naciones de América Latina que se atrevieran a probar un modelo económico y político similar, desde luego, representan también una respuesta “de línea dura´´ contra un enemigo regional, la propia nación bolivariana que se ha caracterizado por no ceder ante las presiones del Departamento de Estado americano, o el Comando Sur, respondiendo a cada emplazamiento con determinación desde su cancillería.

El enfoque antiimperialista de Venezuela, desde luego que ha sido una clara influencia para naciones como Bolivia o Ecuador, además de los países del Caribe a los que se encuentra vinculado a través de acuerdos comerciales y de cooperación.

El lenguaje progresista sostenido por las expropiaciones a las grandes corporaciones internacionales, la búsqueda de políticas públicas de marcada connotación social, aunado a un discurso que reivindica los lazos ancestrales de los países de Latinoamérica a la búsqueda de una plena independencia sustentada en el respeto mutuo, son características del “chavismo”  que desde luego aterran al gobierno de los Estados Unidos, que no ha dudado en utilizar su influencia en organismos como la OEA para reprender públicamente al gobierno bolivariano, intentando frenar su autonomía como país soberano, en franca lesión al Derecho Internacional Público.

Las acciones emprendidas por el gobierno de los Estados Unidos, que se entienden como unilaterales hacia los países con lo que claramente no concuerda, están sustentadas en un mensaje “moralista” que buscaría promover la democracia “al estilo americano”, enalteciendo el mensaje de restaurar a como dé lugar la supuesta separación de poderes y el voto popular, desconociendo toda intención de una nación disidente por superar o consolidar sus procesos democráticos, de acuerdo a sus  posibilidades.

Tratándose de Venezuela, un país que se caracteriza por su gran influencia histórica con los vecinos, nación de grandes recursos naturales, poseedora además de un capital político acrecentado a partir de la imagen de Hugo Chávez y su estilo personal de gobernar, resulta obvio que el Departamento de Estado, por medio de estrategias invasivas, busca demonizar al gobierno bolivariano, presionando a los países socios de la región a través de medidas financieras-coercitivas, para que se  manifiesten públicamente contra dicha nación, lo que ha sido una constante.

La permanente injerencia de algunos gobiernos de América Latina en los asuntos de Venezuela, tiene un poderoso promotor, se trata del Senador Republicano Marco rubio, quien respaldado por la influencia de grupos cubanos y venezolanos en el exilio, es el principal consejero del actual presidente Donald Trump en cuanto a Venezuela se refiere. Importantes analistas, aseguran que la influencia de Rubio sobre Trump es tal, que ha sido él mismo quien ha recomendado la ultima “danza de sanciones” contra el país bolivariano, además de solicitarle personalmente al presidente retrotraer la política de los Estados Unidos frente a Cuba, lo que ha generado la molestia de sectores empresariales del propio país del norte, quienes han buscado invertir en el país caribeño aprovechando el fin de las tensiones proclamado por Obama.

Las decisiones que toma el gobierno de los Estados Unidos en cuanto a política internacional se refiere, parecen extraídas desde los jugos gástricos de Trump o su principal asesor Marco Rubio, quien por cierto de acuerdo a la línea dura que le caracteriza, no ha dudado un ápice en amenazar públicamente a las naciones de América Latina que no se sumen a condenar a Venezuela públicamente, so pena de suspender la cooperación económica que el gobierno del norte destina a esos mismos países “en desarrollo”, lo cual ha levantado airadas críticas contra Rubio; y su estilo desafiante de hacer política.

El endurecimiento de las medidas contra Cuba, dan al traste con años de negociación entre dos gobiernos rumbo a la superación del ancestral bloqueo que ha mantenido al país caribeño en el aislamiento, pero además, Trump y su asesor Rubio, olvidan que continuar aislando a Cuba, es arrojarla a los brazos de de Rusia y China, potenciando con tales desatinos la cooperación política, comercial o militar entre estos países hacia el país caribeño, lo cual resucitará su influencia regional, algo contrario al mensaje hegemónico de los Estados Unidos; grave error estratégico del gobierno de Donald Trump.

Las sanciones del gobierno de los Estados Unidos hacia Venezuela, o mejor dicho, contra los principales funcionarios del gobierno bolivariano, son más un manifiesto que busca promover el terror mediático que otra cosa, careciendo al momento de un poder práctico que realmente lesione la actividad económica o política de la nación suramericana.

Pero lejos de lo anterior, tal como analistas internacionales han previsto, en los días próximos luego de la celebración de elecciones por la Asamblea Nacional, Trump podría anunciar nuevas sanciones, una de ellas la cancelación de la compra de crudo a Venezuela, con lo cual se estaría cerrando la pinza de presión para favorecer la toma del control del poder a manos de la oposición de corte derechista en aquel país. En todo caso, ante la grave suspensión, Venezuela podría recurrir a la venta del crudo a otro país afín para buscar subsanar el efecto. Sancionar a Venezuela en términos del petróleo, sería como promover un bloqueo que aislaría aún más al país, lo cual implicaría que el gobierno bolivariano considerara nuevos acuerdos comerciales con sus aliados en referencia al crudo, aumentando la presencia de estos  en la región.

Cualquier exceso en el actuar de Estados Unidos frente a Venezuela, podría resultar contraproducente, pues el aislamiento blindaría aun mas al gobierno chavista quien como una solución al injerencismo del que es objeto, podría optar por llevar su modelo hacia el extremo comunista, como fue el caso de Cuba. De igual manera, la promoción abierta de poderes facticos, el desconocimiento por parte de la oposición venezolana de los gobiernos legítimamente electos, con la finalidad de crear y reconocer los suyos propios, daría pie a la multiplicidad de poderes, acabando entonces con la concepción del estado moderno como se conoce,  lo cual sería como convertir a los países en viles territorios “títere”, bajo el yugo de un estado supranacional llamado Estados Unidos; nada menos que el fin de la democracia en América Latina.

La manera en que Estados Unidos va concibiendo sus relaciones políticas con otras naciones no es poca cosa, ha sumergido en un violento impasse al mundo que espera la destitución de Donald Trump como último recurso. Pero más allá de Trump o Marco Rubio, el nuevo enfoque de las relaciones internacionales, parecen contar con el aval de los centros financieros y políticos del orbe, que buscarían esclavizar la mano de obra venezolana, apoderándose de igual manera de sus recursos naturales y reservas petroleras, algo tan siniestro como perfectamente posible.

Ante el tiempo apremiante, la política exterior de Estados Unidos requiere la precisión de un relojero con habilidades de cirujano, así como factores internacionales que no orillen al mundo al fracaso de los acuerdos de cooperación internacional, o el respeto a la soberanía de los pueblos. Mayor presión a Venezuela, el desconocimiento del deshielo hacia Cuba, amén del endurecimiento hacia Rusia con las sanciones recientes, son temas que no solo afectan a los países titulares del derecho a disentir, sino también a otros muchos socios comerciales que se verían afectados, por lo que urge que alguien detenga los excesos de un insaciable sanedrín compuesto por los representantes de las poderosas corporaciones del orbe, y su brazo represor ubicado en el Complejo Militar Industrial, que ya se frotan las manos.

Ningún país que se considere democrático, debe o puede aceptar el injerencismo como herramienta para vulnerar la soberanía de una nación hermana; Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, y El Salvador, desde luego que reprobarían una eventual incursión violenta de cualquier otro país a Venezuela, además de los otros aliados caribeños.

Ningún otro país que se considere al corriente en el manejo de sus relaciones internacionales, debe aceptar que las demás naciones rechacen o desconozcan a los gobiernos emanados de los procesos que le son personalísimos a cada soberanía. Más medidas unilaterales contra Venezuela, serían a favor del gobierno de ese mismo país, continuar golpeando a Rusia es recargar su margen de defensa, fortaleciendo el discurso global, antiamericano. No reconocer la presencia del oponente, tenga el tamaño que tenga es subestimarlo, una muy grave deficiencia estratégica que el imperio, desde su contraataque multidimensional, está ignorando.

♠Paréntesis

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