Gina premiaba a la prensa afín o castigaba


FOTO: Rubén Espinoza

Hasta hace tres años, una llamada de ella hacía temblar al más bragado director de medios de comunicación de Veracruz. “[Fulano] debe salir así, y así. A tal espacio, con tales palabras, y tal encabezado. Quiero esta foto y quiero que la firme tal reportero”. Palabras más, palabras menos, eran las órdenes que Gina Domínguez Colío dictaba desde su oficina en Xalapa a cualquier directivo o jefe de información.

Diarios, televisoras, estaciones de radio, portales de internet: No había quién se resistiera a sus embates.

Si el reportero de la fuente le hacía una pregunta incómoda al Gobernador Javier Duarte de Ochoa, en menos de 20 minutos le estaba llamando a su jefe: “No lo quiero a él. No me gusta su estilo al preguntar. Pon a otro”.

No tomarla en cuenta o darle largas significaba decirle adiós al “convenio publicitario”, que en argot medios-gobierno era un contrato de publicidad por dar a conocer la obra de gobierno del estado de Veracruz.

A Gina no le gustaba la palabra convenio; era más afecta a “alianzas editoriales”.

Para ella había medios aliados y medios contrarios. Los segundos, según sus esquemas de trabajo, estaban “claramente identificados” con el entonces precandidato al gobierno de Veracruz, enemigo del PRI, Miguel Ángel Yunes Linares.

“Estás conmigo o contra mí”. Así era su estilo.

Al final del sexenio de Duarte de Ochoa, Gina Domínguez fue colocada en la presidencia de la Fundación Colosio. En labores de su encargo, precisamente, se encontraba cuando fue detenida la noche del sábado por el personal de la Fiscalía General del Estado, al salir de un evento con el candidato del PRI a la alcaldía de Xalapa, Alejandro Montano, en la avenida Orizaba.

Le achacan varios cargos, entre ellos, abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y el desvío de unos 4 mil millones de pesos, aunque esta culpa es compartida con otro ex titular de la Coordinación de Comunicación Social.

En las denuncias, interpuestas por la nueva administración del gobierno Yunista, Gina Domínguez en parte es responsable de un bien organizado esquema de empresas fantasmas. Tal y como puso en marcha su exjefe y amigo, Javier Duarte de Ochoa, preso ahora en Guatemala, intentando hacerse el “loco” para evadir sus culpas.

Gina, al igual que Alberto Silva –conocido como “El Cisne”–, no llegaron a la Coordinación de Comunicación Social a planear la política de medios para Javier Duarte de Ochoa. Al igual que él, llegaron para saquear, de acuerdo con distintas fuentes.

“Encontrar los esquemas útiles para sacar el dinero del estado y traducirlo en inversiones y empresas”, dijo alguien relacionado con el proceso.

En el reparto de dinero a manos llenas para la prensa nacional y veracruzana en tiempos de Duarte, Gina fue clave. Foto: Yerania Rolón

LA DETIENEN

Antes de las 2 de la mañana, la primera mujer del duartismo era ingresada a la Sala de Juicios Orales de Pacho Viejo. Minutos antes había sido detenida frente a las narices de Alejandro Montano, quien al ver el despliegue de Policías se acobardó y no metió las manos por su amiga y presidenta del a fundación Colosio.

El destino la había alcanzado.

Pese a que a Renato Alarcón, presidente del PRI Estatal, ya le habían dicho que tenía que dar de baja a Gina Domínguez de la Fundación Colosio, no quiso.

El mensaje –trascendió– que ella le habría enviado por medio de personeros, es que si la corría, echaría sobre el ex delegado del ISSSTE toda la furia de sus medios de comunicación. Entre ellos la agencia Quadratín, de la cual ella es co-dueña, así como de estaciones de radio y de otros diarios que antes de entrar a trabajar al gobierno de Duarte de Ochoa, no tenía.

Ex directora del diario Milenio El Portal, que era propiedad de Montano, Gina Domínguez ponía toda la carne al asador para que su candidato llegara a la alcaldía. Pero ahora, lejos de sumar, le resta.

En redes sociales no se han hecho esperar los videos de la detención, en donde se le muestra cerca del acto del PRI.

Las acusaciones enderezadas por la Fiscalía, de acuerdo con lo informado por distintas fuentes, son abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y coalición para cometer uno o más delitos. El último delito, se desconoce si es perseguido por su relación con el también ex vocero, protegido por el Fuero Federal, Alberto Silva, El Cisne; o por sus relaciones con directivos y reporteros de medios de comunicación.

Sin embargo, en las denuncias hay señalamientos “contra medios que aún circulan, por haber recibido recursos de manera ilícita, sin acreditar que tuvieran la circulación y calidad para dar a conocer la obra pública del gobierno del estado de Veracruz, tales como El Centinela, nacido en el sexenio de Fidel Herrera Beltrán; Diario Marcha, Oye Veracruz y El Águila y varios portales de internet: Los Grillos y Noticias a Tiempo, éste último de Marcos Miranda.

Con Duarte de Ochoa, Miranda vivió la bonanza, viajes, dinero, guardaespaldas y recursos a manos llenas, de acuerdo con fuentes consultadas por BlogExpediente.

SE ECHÓ LA SOGA

Nadie la molestaba. Las denuncias, incluso, dormían el sueño de los justos.

Fue una columna de Gina Domínguez la que puso los reflectores sobre su persona. Bajo su firma, Razones de Estado, dada a conocer en Quadratín, a finales de abril pasado, decía:

“La madrugada del 6 de junio, el círculo íntimo de Javier Duarte y Karime Macías fue citado a cónclave, Alberto Silva, Erick Lagos, Arturo Bermúdez y Luis Ángel Bravo acudieron presurosos a la cita; el encuentro tuvo como ejes de la conversación dos tópicos: endilgar culpas a los ausentes en particular al candidato derrotado ‘yo no perdí, perdió Héctor Yunes} (el estribillo que repetiría el Gobernador por días), y encontrar la manera de salvar el cuello ante la llegada del enemigo mortal del régimen”.

Según Gina Domínguez, “en el mes de agosto del año pasado, ya con la crisis política encima, Javier Duarte, y su familia acompañados de la hermana de Karime y su esposo decidieron ir a Houston, a revisar y amueblar sus casas en Woodlands, en preparación a su salida del país al término del gobierno; para despistar a su sucesor, volaron en avión privado a la frontera y cruzaron por carretera al vecino país”.

En ese viaje, dice la vocera, “cuán grande sería la sorpresa del entonces Gobernador que los agentes migratorios norteamericanos les impidieron el paso, y además les confiscaron las visas a ambas familias. Ahí supo Javier Duarte que era el principio de un final que nunca anticipó”.

Después de la revisión de los agentes estadounidenses, según Gina Domínguez, el ex mandatario estatal habría cerrado su comunicación, “limitó al mínimo su círculo de confianza, sólo tenían acceso a él, Karime, la familia de ella, sus abogados, Flavino Ríos, los operadores de la Secretaría de Finanzas, Alberto Silva y Erick Lagos”.

“Abandonó la Casa Veracruz y se trasladó a vivir a una residencia en el Club de Golf de donde escapó cuando se percató que el famoso acuerdo para que dejara la gubernatura y se enfrentara a Miguel Ángel Yunes –con el respaldo del gobierno federal– había sido una tomadura de pelo para dejarlo sin fuero y poder actuar legalmente en su contra”.

“En medio de esta compleja maraña, sin red de protección, abandonados por el Gobierno Federal y sabidos de sus graves conductas, los integrantes del equipo íntimo de Javier Duarte beneficiarios directos de su poder sin límites, luchan salvajemente por evadir sus responsabilidades políticas y las penurias legales que les persiguen.

“Desde el primer día de su arribo a Comunicación Social, Alberto Silva se dio a la tarea de desacreditar mi gestión, utilizó todos los medios a su alcance para ello. Me responsabilizó de decenas de agravios –a cual más falsos— a muchos medios de comunicación y a muchos comunicadores respetables”.

Y agrega (se respeta íntegra su redacción y ortografía):

“El Cisne como le gusta le llamen, suele utilizar a algunos medios para generar desprestigios y para distraer la atención. Todos los que lo conocen saben que a eso se ha dedicado en los últimos 20 años y que así ha logrado construir su reputación”.

Con ese artículo, opinaron diversos columnistas políticos, ella había acelerado el proceso de su detención.

Se trató de cuestión de tiempo para que el Fiscal de la venganza, Jorge Wínckler, afinara la cacería.

 

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