La tradición de la pieza que se separa: Aerofagia de Julieta Cortés-Martínez

 

 

 

 

 

Por Refugio Pereida∗

 

La poeta Julieta Cortés-Martínez, autora de Aerofagia y el también poeta Saúl Ibargoyen. Foto tomada de la cuenta de Facebook de la poeta.

 

“Paseo por la ciudad de nuestra juventud/ y busco una calle para mi nombre. / Las calles grandes, ruidosas, /se las dejo a los grandes de la historia. /¿Qué hacía yo mientras se hacía la historia? / Simplemente te amaba…” dice el poeta Izet Sarajlic. Para el bardo hay una búsqueda por reconocerse como parte de su ciudad destruida a causa de la guerra, con el deseo ferviente e inútil de que los demás libren el dolor.

Estos versos del poeta, nacido en 1930, en Doboj, una región de Bosnia-Herzegovina, me hacen pensar en el sentido de pertenencia. En esa necesidad que tiene el ser vivo de sentirse más que parte de un botín o de los bienes de un sujeto; en una insistencia vital para ser un fragmento, un grupo. Porque la pertenencia, como dijera el filósofo Hans George  Gadamer, se da en el momento en que el individuo reflexiona y se ubica rodeado por varios miembros de un conjunto que tiene tradiciones y por ellas se identifica.

Dentro de la tradición varios hechos se comunican, se transmiten o se mantienen de generación en generación. Uno de ellos, en el caso del poeta de los Balcanes, nos habla de actos belicosos, por ejemplo. Pero además de este tema, para los poetas hay muchos asuntos más entre los cuales se encuentran los grandes misterios: el amor, la vida y la muerte, que al igual que un trío de carbónicas piedras, se han friccionado una y otra vez con la finalidad de encontrar el brillo último de su interior.

En medio de estos potentes misterios, la poeta Julieta Cortés-Martínez, a través de sus versos recurre constantemente a la soledad, ese tópico habitado por una comunidad más grande de lo que pensamos. En este sentido, Aerofagia es una tradición  que se transmite y mantiene de generación en generación como una conseja de secreta tristeza, contada por el loco o el artista, que casi siempre son lo mismo.

Con su trabajo, la poeta, a través de la palabra se interna y viaja a su paso, sola, en un sendero que va abriendo en la orografía más escarpada llamada vida, donde otros toman autopistas para llegar rápido y atravesar el tiempo pagando una cuota emocional que los haga estar del otro lado sin mucha incertidumbre digamos, para todo el que tiene interés en continuar fácilmente el camino de la vida. Pero el que va al ritmo de la poeta toma conciencia o por lo menos le surge esa necesidad de saber dónde está: A qué colonia de aves, a qué ismo, a qué momento pictórico, a qué ficción, urbe estelar, a qué mitología, a qué soto, en cuál bosque, a qué ciencia naturalista, a qué superficie, a qué polvo, prisión, a qué isla, a qué juego, a qué equipo, a qué néctar, a qué salida, a qué regreso, pertenece. Aunque descubra que no encaja una pieza del rompecabezas. Que es imposible encajar y un así sobrevive.

Y en ese momento en que el ser humano se detiene para ver por quién está rodeado, quién es y cuáles son sus circunstancias, Julieta Cortés-Martínez hace uso de la palabra:

Declaración anual:

II

Vago aquí          por el vasto lenguaje           por la redondez

Se me han otorgado

un número infinito de palabras

para escanciarlas en los vasos

esparcirlas como hielo durante la fiesta del desastre.

 

La escritora no es condescendiente con la calamidad, no va dar tibia recepción al caos. Al contrario, enfrenta, busca la resistencia ante un clima de hostilidad tan cotidiano que se ha vuelto una tradición vinculada al hecho en que se activa el pensamiento no sólo como una fuente de recuerdos sino como una oportunidad para el análisis.

Por otra parte, dentro de la transmisión del ir y venir de la humanidad, es necesaria la intervención de un elemento que revele el instante exacto en que estamos perdidos. El poema Carbono Catorce viene a dar una idea de lo necesario que es saberlo. Me permito citarlo:

Sujeto

suelto de toda mano

cualquier contacto de piel que no incinere

que no abrase

no sin libertad ya

no sin carencia es

un extravío una rotura de cuerda

un tacto infructuoso

sobre una piel que no pertenece a otra

del músculo lastimado por la furia del desdén

y el hartazgo

placer de lirio seco

desprendido pétalo sin tacto

un código de años

Una vez que se sabe la pertenencia, para el ser humano le es necesaria una acción que lo salve, que lo libere de la asfixia que le genera esa tradición cotidiana. Acto de resistencia para Julieta Corté-Martínez es hablar del poeta Jaime Reyes, con el propósito de que no se olvide a ese hombre que escribió:

Pues quiero decir que estoy loco, es verdad,

y que mi silencio es un silencio pagado con vergüenza,

un cotidiano castramiento de amor y orgullo en el que esto,

el amor, no es sino la sucia parte de un árbol derribado.

 

La amistad es importante entre la personas, pero no necesariamente en ese momento  íntimo que existe durante la lectura; el autor y el lector quizá no se conozcan, sin embargo través de la obra pueden llegan a establecer un fuerte vínculo, originado por la sorpresa y los destellos que nos iluminan a nosotros, seres erráticos.

Sé que Julieta Cortés-Martínez tuvo una entrañable amistad con el autor de Isla de raíz amarga, la cual me compartió. Íbamos a visitarlo a su casa en la calle donde Porfirio Díaz en 1910 había inaugurado La Castañeda, centro psiquiátrico de mayor importancia en de México hasta la segunda mitad del siglo XX. Ahí llegaron diversos personajes con disturbios mentales o sin ellos: para ser hospedados, tan sólo había que tener un comportamiento de resistencia a las costumbres habituales. Pero para esa época en que acudíamos Julieta y yo, La Castañeda había sido destruida debido al trato cruel que se daba a los internos, y ya sólo quedaba una vecindad donde hallábamos al poeta en su departamento lleno de libros y utensilios para ejercer la acupuntura.

Y no sólo por esa amistad, sino porque la poesía de Jaime Reyes fue para mí, la posibilidad de tener la sensación de haber hecho algo valioso en mi existencia cuando lo leía, celebro que Aerofagia comience con Carta a Jaime Reyes porque él se merece ser nombrado muchas veces. Y festejo también este comienzo que invita a leer el corpus poético de Julieta Cortés-Martínez.

∗Por un lamentable error, este artículo fue publicado con un par de erratas en su edición del pasado 13 de febrero. Hechas las correcciones, ofrecemos una disculpa a la autora y a los lectores de Paréntesis.

 

paréntesis

One Response to "La tradición de la pieza que se separa: Aerofagia de Julieta Cortés-Martínez"

  1. Lúas  30 noviembre, 2017 at 5:47 am

    Hola Julieta, cómo puedo contactar contigo?

    Responder

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